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ADIÓS A VENECIA / CINE Y ARTES ESCÉNICAS / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

 

Publicado el 08 de agosto de 2014 / 20.30 horas, en Bogotá D.C.

ADIÓS A VENECIA

Fue toda una sorpresa el hecho de que la película del sueco Roy Andersson se alzara con el León de Oro en la versión 71 del Festival de Venecia. Ninguna cábala lo tuvo en cuenta, ni a esa ni a varias de las premiadas. Un verdadero portazo al ágora de los pronósticos cinematográficos y una manera de poner de relieve a ese cine casi de anacoretas que con frecuencia premian los festivales europeos, en el que cuenta también la intención de poner las mayores distancias con la industria norteamericana de las artes del celuloide, léase Hollywood. Aquellas obras pronosticadas que estuvieron entre las más esperadas para tomar un premio fueron “Birdman” o “Pasolini”, aunque no las únicas. La lista de desconocidos premiados fue un portazo a las mejores apuestas, salvo por la presencia en la nómina de un trabajo considerado en apariencia “menor” como lo fue “The Look of Silence”, del afamado Joshua Oppenheimer. 

 

La película de Andersson recurre a un texto de extraño armado que se aparta de las secuencias lineales y acude a una composición propia de las artes visuales, en tanto que ha sido calificada como una suerte de “comedia del absurdo”. La película es tan iconoclasta como su título de difícil traducción: “A Pigeon sat on a Branch Reflecting on Existence”. El realizador tiene en su haber una media docena de filmes pero fue un verdadero “tapado” tanto para el público como para los opinadores del tema que asistieron a Venecia. Exultante, el director nórdico recordó como inspiración al recordado peninsular Vittorio de Sica y una cinta clásica nunca olvidada: Ladrón de Bicicletas”.

El joven actor estadounidense Adam Driver se llevó el lauro como mejor actor por su actuación en la película italiana “Hungry Hearts” y lo mismo obtuvo en la versión femenina la actriz Alba Rohrwacher. Ambos trataron la trama de una pareja que se enfrenta por la manutención y crianza de un niño, al tiempo que la madre representa a una obsesiva mujer al borde de la locura por la comida vegetariana que se brinda a su bebé. Fue este otro de los golpes del festival y un reconocimiento para Saverio Costanzo. La película se rodó en New York y promete, en este caso sí, convertirse en un buen objeto de taquilla si se hace el milagro de una buena distribución, que el inesperado premio alienta.  

El documental de Joshua Oppenheimer “The Look of Silence” obtuvo el Gran Premio del Jurado uno de los más altos galardones para el director que es bien conocido en Venecia pues ya se alzó con un león recibido en el 2013  por “Sacro Gra”. El libro de esta producción danesa recuerda las masacres poco recordadas que se produjeron en Indonesia durante la dictadura de Mohammad Suharto. Al lado de este mimado de la ciudad italiana y de su festival de cine, apareció la frustración por el vacío de reconocimiento a la película que evoca a Pier Paolo Pasolini en sus últimos días y en el drama que con tragedia de fondo reconstruye incluso la trama en vida propia del nunca olvidado realizador. Este trabajo bien podría haber sido considerado como una pieza de culto, no obstante la frustración basada en el hambre de un reconocimiento que no llegó.

 

Adam Driver Roy Andersson

                                                                                   

El filme que realizó Abel Ferrara sobre el mítico director italiano, que protagoniza Willem Dafoe, se presentó en la competencia y fue uno de los aspirantes más serios a llevarse el dorado león. Otro trabajo fílmico que era un candidato de primera línea para aspirar al premio mayor de Venecia, fue “Birdman” de Alejandro González Iñárritu, aunque también en este caso se hizo caso omiso del favoritismo preliminar y el mexicano se fue con las manos vacías, después de los mediáticos prolegómenos sobre su favoritismo. En contraste, el ruso Andrei Konchalovsky recibió el León de Plata a mejor director por “The Postman´s White Nights”, que recrea a personajes directos y en carne propia, sobre las vidas campesinas de una aldea al norte de Rusia, en el área del lago Kenozero.

Uno de los premios del jurado, éste en su sección Especial,  fue para “Sivas”, una realización turca que además resultó ser la opera prima del director Kaan Müjdeci. Una decisión que fue impugnada por parte del público y de la crítica, que no vieron de buena gana una historia basada en la amistad entre un niño y un perro de pelea. Otro galardón para esa región del Oriente próximo la recibió la iraní Rakhshan Bani etemad, por el guión para “Tales”, con cuadros de la vida actual de las mujeres del teocrático país ario. En definitiva, fue un extraño cierre de un festival de cine que no se opaca de manera definitiva pero parece haber perdido algo de su encanto, al ignorar de manera abierta aquello que es fundamental para la taquilla (aresprensa).  


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