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UN NEGOCIO DORADO PARA LAS FARC / LA TERCERA OREJA / ACTUALIDAD

Publicado el 25 de septiembre de 2014 / 17.30 horas, en Bogotá D.C.

 Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja 

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme.


  • Si a las iglesias las protege Dios, ¿para qué les ponen pararrayos?

El Oro Venezolano

UN NEGOCIO DORADO PARA LAS FARC

El escándalo por el retiro de las reservas venezolanas en oro de los bancos extranjeros, que anunció Hugo Chávez en 2011, y cuyo retorno se concretó al año siguiente, tuvo su eco en la incógnita del destino posterior de ese capital de respaldo que es el ahorro del país, además de la garantía de sus compromisos internacionales. Las versiones sobre el manejo y el destino de los preciados lingotes, pasó a ser un misterio dentro de un entorno propio de las modalidades con que el gobierno bolivariano maneja la hacienda pública, la justicia y la política en Venezuela. Eso hace aumentar las especulaciones y las versiones alrededor del destino del tesoro. En vida del fallecido Hugo Chávez se supuso a partir de anuncios oficiales que parte de esa reserva permitiría el inicio de operaciones del banco del Alba, la alianza de aliados ideológicos que en la región creó y sustenta el gobierno de Caracas. Otras versiones son ominosas y circulan por el continente en rumores que refleja la prensa cada tanto. La última de esas versiones señala que las Farc en Colombia controlarían y estarían negociando parte de la fortuna que en sus inicios estaba constituida por unas 400 toneladas del metal.  Un cuantioso lote de oro depositado en el comienzo del proceso, en bancos de europeos, de Canadá y de los Estados Unidos. Otro volumen de las primeras toneladas del recurso áureo se sabe que fue a parar a Cuba y su gobierno se quedó de manera directa con unas 15 de esas toneladas, por cuentas pendientes entre los dos estados y a cuenta de que la isla caribeña es el único país y espacio territorial de refugio en el que confían las cortes del poder que heredaron la saga del malogrado Chávez.

La reducción del total original del metal repatriado se produjo por pagos directos y subvenciones urgentes que debía hacer Miraflores en medio de la crisis. Una parte de esos recursos se fueron en la aspiración de sacar de afugias a la petrolera estatal venezolana y para atenuar la escasez de divisas que golpea la vida cotidiana de los ciudadanos. En esos vaivenes no interrumpidos desde el 2012 al presente aquellas reservas repatriadas siguieron disminuyendo y siguió siendo misterioso el destino de los mordiscones al patrimonio preliminar.  Esa tendencia es a contrapelo de la corriente mundial en la que países como China e incluso el Paraguay hicieron crecer sus resguardos áureos. Este último país del área vio aumentar en fecha reciente su patrimonio en metálico de 7 a ocho toneladas.

Las fuentes consultadas por Ares señalan que en poder de las Farc habrían quedado entre 20 y 30 toneladas de esos lingotes, que pasaron de manera subrepticia a Colombia entre los meses finales del año 2013 y el primer semestre del vigente 2014.  El tránsito se hizo utilizando distintos medios de transporte clandestino de tierra, aire y agua, tanto fluvial como marítima, en caletas que permitieron evitar el control de ingenuos y subalternos funcionarios de uno y otro lado. Las operaciones secretas de transporte del metal ya finalizaron y el lote de oro terminó dividido en tres partes, localizado inicialmente en igual número de  destinos: Cartagena, Bucaramanga y Medellín.  

Los indicios se dividen al inquirirse sobre la razón por la que esa porción de la riqueza oficial y garantía en metálico de los venezolanos fueron a dar en la retaguardia del principal grupo de la subversión colombiana. Una pista señala que es una forma de compensación al apoyo político que brindan los irregulares a Miraflores en el debilitamiento de su rival político entre los vecinos, que fue hasta 2010 el gobierno de Bogotá y, además, para sostener los costos del actual proceso de negociaciones que se desarrollan en La Habana. Esto, aunque en realidad esos costos son sostenidos por la hacienda del estado colombiano y de países que forman parte del entorno de esas conversaciones habaneras.

Otra versión indica que el áureo medio de pago fue comprado a precio de remate por los irregulares a miembros de la cúpula de las fuerzas armadas venezolanas, con base en la confianza que dan los aceitados circuitos de lavado de dinero derivados de las fortunas que genera el tráfico de drogas y otras formas de generación de recursos ocultos que unen a la subversión colombiana con los uniformados del país limítrofe con Colombia. Esas relaciones de beneficio económico mutuo se conformaron desde los primeros tiempos de la administración de Chávez.

Son nexos fuertes y les han permitido a los jefes subversivos tener un cierto paternalismo sobre los corruptos oficiales superiores de la fuerza armada venezolana. La mayoría de esos integrantes de la cúpula castrense están bajo la lupa de los organismos de inteligencia occidentales y de persecución de negocios ilícitos. Uno de ellos, en fecha reciente, estuvo capturado en la isla holandesa de Curazao y a punto de ser extraditado hacia los Estados Unidos. El paso de esa parte del tesoro venezolano a la subversión colombiana no habría sido entonces una compensación por otros beneficios vinculantes ni tuvo un fin altruista de solidaridad por un pretendido ideal revolucionario, fue un simple y pingüe negocio negro, al tiempo que brillante,  como aporte al terrorismo de los grupos marginales y armados que operan en el país andino.

Los lingotes habrían ido a parar a manos de los altos oficiales como parte de una suerte de compra de lealtad del poder ejecutivo de Caracas, durante los críticos meses que se vivieron en la actual y enrarecida institucionalidad venezolana, los cuales precedieron en tiempo a la muerte del presidente Hugo Chávez. Esto sumado al tan difícil como controvertido reacomodamiento de fuerzas que terminaron por instalar en la presidencia a Nicolás Maduro, todo ello acompañado de la agitación social y callejera, así como también de la represión que enmarcó el ascenso de la nueva figura titular del régimen.  En esos movimientos, el volumen de lingotes que negociaron los militares precipitó la apropiación por aquéllos y el posterior desplazamiento de las piezas a poder de las Farc.    

Los nuevos propietarios ya habrían iniciado el procesamiento de esa inesperada riqueza, que se calcula en cifras gruesas cercana e incluso superior a los 1.200 millones de dólares. Para ello habrían recurrido a fundiciones y fraguas tradicionales de asociados perimetrales en la sombra, en los tres sitios donde se encuentra escondido el material. Es un proceso de transformación que puede durar entre uno y dos años. Ya las Farc tienen experiencia en el tratamiento y extracción ilegal de oro de zonas productoras aluviales de Colombia, por ello esa actividad no les es desconocida. El secreto para mantener en la sombra la compleja y larga operación, es reducir y “ensuciar” con arena la materia prima que estaba sellada, marcada y certificada, para convertirla en trozos pequeños y deformes, similares a las que comercializan los mineros artesanales, en los puestos oficiales de recepción y compra.

Habrían iniciado también la etapa de comercialización marginal y de lavado del  producido. Para ello estarían convocando a empresarios propietarios de pequeñas y medianas empresas, que no sean lavadores tradicionales de las industrias ilícitas de la subversión y ofreciendo una elevada comisión por la gestión de ese lavado. Es normal que por estas actividades de intermediación se pague un 10 por ciento del producto bruto, pero en el caso del oro venezolano se está ofreciendo un porcentaje de utilidad que oscila entre el 25 y el 30.

Esto alertó a los conocedores del tema y, a partir de la sorpresa, éstos comenzaron a indagar sobre la razón del abrupto aumento de la ganancia parcial por la movilidad en el negocio oscuro del metal brillante. Una entidad del estado colombiano, vinculada con el Ministerio de Economía, ya estaría sobre la pista inicial de lo ocurrido pero es posible suponer que sea cual sea el descubrimiento a que pudiesen llegar las autoridades de Bogotá al respecto, nada harán que pueda alterar las fluidas relaciones que imperan hoy por hoy entre ambos gobiernos (aresprensa).                      


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