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VEA: MUNDIAL BRASIL 2014 / PROGRAMA ESPECIAL







CAMBIOS OCULTOS EN BRASIL / ÓRBITA FÚTBOL / MUNDIAL BRASIL 2014 / LOM

Publicado el 30 de septiembre de 2014 / 19.40 horas, en Bogotá D.C.

CAMBIOS OCULTOS EN BRASIL 

Después del encopetado y reciente Mundial Brasil 2014 quedó la incógnita del impacto que tendría para el anfitrión el resultado de la justa mundialista, sobre todo ante las inminentes elecciones y los cambios lógicos de esa instancia, próximos a precipitarse. El Mundial fue una catástrofe deportiva para el dueño de casa aunque no en lo económico ni en la búsqueda de mayor visibilidad. Su eliminación junto con una caída histórica por 7 goles, frente al equipo que a la postre resultó campeón, fue un doble golpe en simultánea y demasiado duro para la autoestima brasileña. El equipo teutón abofeteó a los locales y se convirtió en involuntario eje de una cruda sensación en el sentido de que algo salió muy mal. Esto último con el valor agregado negativo para el ánimo brasileño de que fue su archirrival argentino el que disputó el ansiado partido final en el mítico estadio Maracaná. Ya se había anunciado que una derrota de la selección brasileña en su Mundial resultaría también negativa para las aspiraciones reeleccionistas de Dilma Rousseff, pues en conjunción con ese sentimiento de pérdida irremediable se sintetizarían las rebeldías y rechazos no solo de los anarquistas sino de otros sectores, incluso amplios, de la sociedad. Esos que repudian a los políticos y a un estado de cosas que se expresó en el lento andar de las transformaciones, como respuesta a las aspiraciones sociales de los segmentos marginados de la modernidad y del disfrute de las mieles de la misma. 

Escribe: Rafael GÓMEZ MARTÍNEZ 

Un ejemplo relativo de las condiciones que encuentran a Brasil en la coyuntura, es el campo y sus cambios ocultos, los golpes de opinión urbana y las próximas definiciones políticas. Lo que ocurre en predios productivos del Brasil es el reflejo local de las transformaciones en las tendencias, que se producen en el mundo en lo que hace al control de la tierra, cuando se pasa de formas de propiedad que cambiaron de manera imperceptible desde el minifundio al latifundio. Es un cambio estructural que incluye como variable relevante el de una tierra que ha pasado de la producción primaria a la agroindustria y esto tiene a Brasil como interlocutor de peso internacional.  

El tema del campo es muy importante para cualquier ecuación política interna de Brasil, para sus relaciones externas y para su balanza de intercambio, sujeta al precio de los commodities, hoy con valores en baja y con restricciones por parte de los mayores compradores del Asia, lo que pone en aprietos a la economía del país y ha reducido un crecimiento que fue favorable en la última década hasta alcanzar el nivel técnico de la recesión.  Esto repercute incluso en las economías de sus socios de la región, entre ellos la inestable Argentina.  

En ese cuadro debe tenerse en cuenta que el bienestar de un campesino de una economía agrícola protegida e intervenida por el Estado, como lo es buena medida la brasileña, no se comparará con el bienestar y calidad de vida de un campesino que tiene en su haber latifundios productivos que permiten contar con las economías de escala suficientes para abaratar los insumos que demanda su actividad, lo que le abre al productor las posibilidades para colocar sus productos en el mercado externo. El caso brasileño en este plano no es demasiado diferente al del resto de América Latina con una población de crecimiento exponencial en contraste con un incremento de la producción a ritmo más lento, lo que genera un faltante en la oferta agropecuaria en general y un incremento tanto potencial como concreto de compensación externa a ese faltante.  

Una evidencia de esa tendencia en América Latina es Colombia, que acude desde 2010 a la importación de productos agrícolas, factor agravado por los paros campesinos efectuados en los últimos dos años. Esos virajes poco perceptibles u ocultos que se producen en las formas de producción y de relación internacional están afectando a Brasil, tanto como lo hacen en los países vecinos. Algo que de manera necesaria y suficiente impacta en el ánimo y la decisión política del anónimo ciudadano que decide con su voto y elige como acto político incluso cuando decide sobre lo que necesita en el supermercado.  

Ese cambio oculto en la voluntad individual o general puede pasar desde la emoción negativa o positiva que motiva un partido de fútbol hasta la potencial decisión electoral y eso es lo que han mostrado en altibajos las encuestas desde el cierre del último encuentro ecuménico en Río de Janeiro, frente a las próximas elecciones del país que perdió “su” campeonato mundial, ese que preparó con gran esfuerzo y criticadas inversiones. En sus escritos el profesor Alvin Toffler sostiene que “los cambios actuales no son independientes entre sí”. Eso significa que no son fruto del azar sino el resultado de un largo proceso y se presentan de una manera tal que producen alteraciones de comportamiento en personas y sociedades.  

Entonces, bien podría decirse en este inicio avanzado del siglo que las sociedades están sometidas a cambios poco o nada visibles que se desarrollan de manera imperceptible a la mirada colectiva pero que, en definitiva, generan una gran repercusión cuando aparezcan de manera explícita para alterar el futuro previsto.  Toffler cita al respecto el ejemplo de Japón que comenzó a producir años después de la guerra productos de consumo cotidiano con alto valor agregado en tecnología y a contrapelo de los hábitos de los norteamericanos,  quienes miraban en principio con desdén y recelo a la producción japonesa.  

En la suma, los japoneses terminaron deprimiendo a la industria de los Estados Unidos y cambiando las tendencias de compra y usos tradicionales a tal punto que las familias se pasaron del gran automóvil emblemático de los años 50, a los vehículos japoneses de pequeño tamaño. Fue así como el Japón generó una impensada revolución tecnológica y de hábitos sobre una sociedad a la que había combatido dos décadas antes.  

La pregunta que surge ahora y después de ese análisis que abrió Toffler en su tiempo,  es si las revueltas espontáneas que agitaron a Brasil durante 2013 y que precedieron al Mundial de Brasil, no son otra cosa que parte de una ecuación que continuó con la salida de la selección anfitriona por la puerta de atrás y, en el conjunto, lo que se configura no es otra cosa que un preanuncio de cambios en la dirección política que sigue el país de herencia lusitana desde más de diez años (aresprensa).


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