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EVO DE NUEVO / ACTUALIDAD

Publicado el 13 de octubre de 2014 / 18.45 horas, en Bogotá D.C.

EVO DE NUEVO

A nadie sorprende que el folclórico Evo Morales haya renovado sus credenciales de presidente en lo que fueron las cuatro provincias realistas del Alto Perú. En efecto, ese espacio territorial que fue el dolor de cabeza de los independentistas de Buenos Aires y de la propia Lima, por su militancia a favor del rey hasta el último minuto en el inicio del siglo XIX, tiene un claro favoritismo por ese tipo de personajes que, sin embargo, no se ha embarcado de forma completa en el delirio populista que corroe a Venezuela y la Argentina, sin que por ello renuncie a esa óptica política.  Morales puede afirmarse con seguridad por un tercer periodo en el Palacio Quemado de La Paz, para seguir al frente de lo que él y sus seguidores llaman el Estado Plurinacional “multicultural, pluriétnico, y plurilingüe” de Bolivia, un nombre rimbombante y con evocación épica como ese otro que se hace al mencionarse a la República Bolivariana de Venezuela. Los vasos comunicantes, hoy por hoy entre estas dos parábolas políticas, son variados  pero no idénticos y se remontan al inicio de esa república de ficción que nació en 1826 bajo el nombre de Bolivia.

Escribe: Rubén HIDALGO

El  mestizo presidente boliviano representa en el presente y en buena medida a quienes respaldaron al rey en su momento y después debieron resignarse a perder su costa pacífica en una guerra de literatura e incluso después otros pedazos de territorio, en manos de Brasil y Paraguay. Triste ha sido la historia de Bolivia desde que el llamado Libertador la desgarró tanto de la Argentina como del Perú. Allí ensayó Bolívar su experimento de dictadura, mediante una constitución más parecida a un ensayo monárquico que a una propuesta de fiebre republicana.

Así pasó el Alto Perú, de un salto, desde la constitución autoritaria de Simón Bolívar -que siguió con su intención de dictadura en Bogotá, entre 1828 y 1830- a la seguidilla de dictaduras militares y enfrentamientos internos, que la orlaron durante casi sus dos siglos de independencia. Fue Bolivia entonces un país fruto del capricho y los resentimientos construidos desde Guayaquil por Antonio José de Sucre, quien perpetró el exabrupto de país en las provincias altoperuanas, a las que entró sin disparar un tiro, y que pudo realizarse por la vanidosa complacencia de Bolívar, al ser enterado de que llevaría su nombre ese “país” fruto de su manga entorchada.

Por eso mismo no puede extrañar que Evo Morales se reelija para un tercer periodo, con un sólido respaldo de las urnas: 60 por ciento. Un buen pasaporte para reconstruir con relativa calma una democracia que durante muchas décadas fue un eufemismo y que el pintoresco mandatario llevó adelante bastante bien, a diferencia de sus pares cercanos que priorizan relatos en espejos empañados que pretenden ser revolucionarios. Tres periodos de cinco años cada uno, comienzan a parecerse a la evocación de la monarquía por la que apostó aquel Alto Perú durante la guerra de independencia, con un breve y previo sarpullido republicano en el que tuvieron que ver las tropas de Buenos Aires y un joven Bernardo de Monteagudo.     

Pero, a diferencia de Cristina Fernández y de Nicolás Maduro, el señor Morales Ayma no ha hecho locuras con la economía de su país. En efecto, no se vislumbra en un futuro próximo que las aerolíneas internacionales dejen de operar sus líneas a La Paz, como sí ocurre hacia Caracas, ni se sabe que las finanzas internacionales lo piensen dos veces para transferir recursos a Bolivia. En cambio, esa negativa de crédito internacional la sufre ahora la Argentina del default y del desacato a las autoridades judiciales, que exigen cumplimiento de pagos. Bolivia ha tenido un crecimiento sostenido del 5 por ciento durante el tramo del vigente periodo de Morales y nada hace suponer, a diferencia de sus vecinos, que el proceso positivo se detenga

También es cierto que a Bolivia no le embargan fragatas de guerra en puertos del mundo como les ocurre a los argentinos, por las deudas impagas. Aunque, en rigor de certeza, eso ocurre además porque los bolivianos no tienen fragatas embargables dado carecen de costas sobre el mar. No obstante, sí tienen ministerios al respecto y oficiales navales, que pueden prestar sus servicios en la costa que les corresponde del lago Titicaca, que comparte con el Perú.  

EVO MORALES - Presidente de Bolivia

Es cierto también que se acusa al reelegido presidente boliviano por haber incurrido en gastos faraónicos y en tecnologías que no se adecúan al estado altiplánico, mientras mantiene un índice de más de un 40 por ciento de población bajo la línea de pobreza, con un 20 por ciento por debajo de la línea de pobreza absoluta. Aun así, las cifras del gobierno señalan que ese porcentaje se alcanzó después de disminuir guarismos de un 45 por ciento de pobres extremos, antes del 2005. 

Cifras similares en otros rubros muestran el manejo más lúcido de la gestión de Morales en contraste con el de sus colegas termocéfalos y eso le reditúa al presidente y a Bolivia mejores cifras y un máximo nivel de apoyo, como ha quedado demostrado en estas elecciones presidenciales. Bolivia no es un país de riesgos para la inversión internacional, como sí lo es la Argentina o Venezuela, y por eso ha recibido durante el mandato del icónico Morales y durante una década larga, ingentes recursos por exportaciones de soja, recursos gasíferos y otros commodities mineros, que han privilegiado su posición en la agitada región.

El ejemplo cotidiano al respecto, es aquel que muestra a los habitantes del norte argentino invirtiendo y ahorrando en pesos bolivianos porque el signo monetario del altiplano es fuerte frente a la depreciada y poco confiable moneda argentina.  Eso significa, ni más ni menos, que Morales no ha caído en el delirio de la mala praxis y el deforme relato de sus colegas, manteniendo a despecho de lo verbal un manejo por fuera de la locura populista que deteriora la vida cotidiana de los ciudadanos venezolanos y argentinos. La administración de Morales evitó que la afluencia de dólares generase inflación, amplió el mercado interno, disolvió parte de las seculares tensiones étnicas, las de disgregación territorial en el suroriente y amplió el empleo con  crecimiento industrial y planta del Estado.

Lo ocurrido en las elecciones presidenciales bolivianas de este octubre de 2014, permitirá -eso sí- seguir escuchando las diatribas antiimperialistas del exótico presidente que administra desde La Paz y es imaginable que siga señalando que la homosexualidad es resultado del alimentarse con “pollos hormonados”, o cosas parecidas, y vuelva a lanzar sus aforismos machistas, entre otras “…evadas” que han sido recogidas en libro. Lo real de este cuadro de situación es que, si Evo Morales sigue aplicando una praxis racional en su hacer económico y administrativo, podrá mantener su preeminencia histórica lograda en reelecciones y en un manejo de la democracia con olor a vieja ambición de reyezuelo, que evoca en el mismo giro a la pretensión de aquél fundador de un país que surgió de un delirio que fue más allá del Chimborazo y que, en lo personal, quería emular a Napoleón (aresprensa). 


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