UN BRITÁNICO DE MALVINAS EN BOGOTÁ / ACTUALIDAD

Publicado el 22 de octubre de 2014 / 22.20 horas, en Bogotá D.C.

UN BRITÁNICO DE MALVINAS EN BOGOTÁ 

Hace pocas semanas visitó a Bogotá el ciudadano británico Barry Elsby. Hasta ahí nada llama la atención, pero después de ahí aparece el hecho de que este hombre, profesional y académico, representa a los intereses de Gran Bretaña en las islas Malvinas, objeto de reclamo más que centenario por parte de la Argentina y también objeto de un enfrentamiento armado entre los dos países, en 1982.  Elsby llegó a la capital andina con el fin de trazar líneas preliminares para futuros acuerdos que no excluyen lo educativo y también para poner de manifiesto la posición de la población británica que ocupa Malvinas. Resultó curioso que Elsby señalara con desdén que la actual y, de manera continuada, candente situación sobre la soberanía por las islas, sea para él un tema apenas “emocional” y no un factor de riesgo que preocupa no solo a los argentinos sino a toda América del Sur. Esto en razón de la superbase naval y aérea que construyó Londres en Mount Pleasent, lo cual  constituye una amenaza vigente y abierta para toda la región. Ese es el segundo detalle que llama la atención sobre las correrías de Elsby en Sudamérica

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

Elsby es un político que ocupa un cargo en la Asamblea Legislativa de Puerto Argentino, desde 2011, y disfruta de los privilegios que ahora ostentan los británicos residentes en el archipiélago. Beneficios de los que carecían hasta 1982, puesto que eran tratados como ciudadanos de segunda clase. Tanto, que incluso para viajar a Londres en esos tiempos debían pedir permisos especiales. El trato excluyente hacia los isleños era el mismo que tuvieron con las tropas mercenarias asiáticas y de otras latitudes que llegaron para la retoma de las islas y fueron golpeadas con dureza por las fuerzas argentinas durante el enfrentamiento, aunque sus bajas nunca se contaron entre las cifras oficiales de pérdidas. Algo que produjo un engañoso recuento, en menos, de uniformados ingleses por “fuera de combate” durante aquella contienda que protagonizaron por primera vez en muchas décadas a británicos y argentinos, ocultando el alto precio en vidas que debió pagar el invasor europeo en la retoma de las islas. 

La misión de este hombre no es casual ni fortuita. Llegó a Colombia y otros países de la zona para mejorar la imagen y hacer un esguince a las prevenciones que existen en las cancillerías y gobiernos sudamericanos, frente a la inexplicable construcción de una fortaleza militar de primer orden en el archipiélago del Atlántico Sur y eludir que ese empoderamiento militar es constitutivo de una eventualidad ofensiva sobre cualquier punto de Sudamérica y áreas como la Antártida, donde países sudamericanos tienen bases y estaciones científicas. Pero, sobre todo, es una amenaza en primer lugar a la Patagonia tanto argentina como chilena. Esto último, a despecho de que Chile jugó un papel neutral activo y ofensivo a favor de Gran Bretaña durante el conflicto de 1982. Si se tiene en cuenta que Colombia también tuvo una sospechosa neutralidad durante ese hecho de armas, bien puede suponerse cuál es el calibre de la misión que cumplió Elsby en Bogotá en este segundo semestre de 2014 

Para hacer un comparativo arbitrario de lo que significa como peligro potencial esa forma de presencia británica “pegada” a Sudamérica, con una particular condición jurídica que se pretende universal y con un poderío bélico incontrastable para cualquier estado o asociación de estados de la región, basta con mirar el panorama actual de Medio Oriente. Entre la primera y la segunda guerra mundial, el protectorado inglés y francés sobre esa zona del planeta con la nueva división territorial derivada de la disolución del imperio turco -perdedor en la primera contienda universal- que concluyó en 1948, generó la crisis que es hoy evidente y mantiene en riesgo al mundo ante  la eventualidad nunca descartable de una tercera guerra orbital, nada menos.   

Durante su permanencia en la urbe andina, la visita de Elsby fue calificada como la de un representante de un territorio que es “moderno y autogobernado”, lo que es parcialmente cierto porque esa autocalificación de “modernidad” esconde el hecho de que Gran Bretaña sigue ejerciendo una tutela colonial sobre el archipiélago, en forma parecida a la de un “protectorado” –tal como fue en su tiempo el territorio de Palestina- y es esto en verdad una rémora decimonónica que en nada concita la voluntad para calificar el estatus político de Malvinas como ubicado en el marco de la Modernidad. No en vano las Naciones Unidas mantienen el llamado a conversar a ambos países enfrentados, para discutir las condiciones de soberanía de las islas que reclama la Argentina para disolver la condición colonial del territorio, desde hace más de un siglo y medio, mientras los británicos hacen caso omiso de la convocatoria universal.  

Barry Elsby* - Británico integrante de la asamblea legislativa de Malvinas 

Es entendible la insistencia inglesa en mantener bajo control militar y geopolítico al territorio insular sudamericano, dado el complejo manejo internacional que tiene a la potencia europea como protagonista ecuménica que sigue siendo y las propias previsiones geoestratégicas que hacia el futuro pudiesen convocar la atención tanto británica como la de sus aliados, entre ellos los Estados Unidos y los de la misma comunidad europea. Intereses que tienen que ver con reservas vitales no solo de recursos energéticos y alimentarios existentes en la zona, sino además por el control de llaves y determinismos planetarios como lo son las del paso abierto entre los océanos Atlántico y Pacífico o el control sobre la Antártida. Pero ese primer anillo de incidencia militar que puede ejercer Gran Bretaña sobre América del Sur no es lo único que puede llevar adelante desde su nuevo emplazamiento militar de última generación en Malvinas

Los aviones de largo alcance que allí pueden emplazarse tienen incluso capacidad para operar sobre la masa biótica y de agua dulce que almacena la Amazonia y los resquemores de los países que integran esa cuenca no son menores ante las amenazas de potencias extracontinentales en la zona, como lo es Gran Bretaña. Una potencia que después del conflicto del Atlántico Sur por el control de las islas, se ocupó de que sus aliados del viejo continente confirmaran la condición de Malvinas como área europea de ultramar. Esto significa que hoy toda Europa limita con América del Sur y eso incluye a sus conflictos venideros. Al respecto debe observarse que la actitud de Brasil ante un tipo de avances semejante es bien conocida y fue evidente desde hace más de una década

En efecto, cuando Colombia permitió la presencia creciente de personal militar de los Estados Unidos en su territorio, durante los gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, Brasilia trasladó sus hipótesis de conflicto histórico desde la llamada Cuenca del Plata hacia lo que ellos llaman Alto Solimões, que no es otra cosa que el área en la que se encuentra el tramo superior del río Amazonas, limítrofe con Colombia. Nada menos que una división de ejército completa fue lo que emplazó y mantiene Brasilia en la frontera con Colombia. Algo similar ocurrió cuando los franceses pretendieron asentarse con un contingente militar en el aeropuerto de Manaus, a la espera de una hipotética liberación de Ingrid Betancourt. Más demoró la tropa gala  en aterrizar allí que en ser intimados a emprender vuelo de retorno, en el año 2003

Es por todo eso que no puede considerarse a la visita de Barry Elsby a Bogotá como una inocente y académica incursión para anudar contactos, en apariencia también inocentes. La amenaza británica por su desproporcionada presencia militar ofensiva en Malvinas, que no excluye la amenaza nuclear, no es solo sobre la Patagonia y el cono sur continental, alcanza también al corazón de Sudamérica. No debe olvidarse que en su momento Margaret Thatcher amenazó con llevar al continente la contienda circunscrita en principio a las islas disputadas. Algo así ocurrió, en 1982, con la alianza secreta entre Chile y Gran Bretaña, lo cual cubrió de ignominia a uno de los aliados (aresprensa). 

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* Foto: Universidad Sergio Arboleda-Bogotá


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