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ISLAM, DE LA FE AL ODIO / ACTUALIDAD

Publicado el 31 de octubre de 2014 / 20.35 horas, en Bogotá D.C. 

ISLAM, DE LA FE AL ODIO

Estudiar el Islam como religión asociada de manera inevitable al mundo y a la cultura árabe es iniciar un viaje rumbo al misterio.  Algo así como ir sentado en una alfombra mágica y voladora* que transporta por parajes desconocidos, fantásticos y esotéricos. Desafortunadamente, sobre todo en los últimos cincuenta años, se asocia al islam como cultura con pavorosos espectáculos de violencia, tales como los aviones estrellados contra las torres gemelas de New York y los rehenes degollados en Siria e Irak. Entender las razones de tan execrables hechos no resulta fácil. El Islam y el mundo árabe conforman un universo, un sentido de la vida y de relación con lo Divino, incomprendido por el mundo occidental. Muchos desconocen que esta civilización fue cuna de las primeras universidades, precursor de la filosofía, el álgebra, la química, la arquitectura, la astronomía, la medicina y la psicología. También fue origen de otros conocimientos objeto de estudio por la física cuántica y algunos más discriminados, quizás de manera injusta, por la ciencia**.

Escribe: Néstor RAMÍREZ MEJÍA***

El Islam es también, en alguna forma y en una de sus variantes, una práctica mística cargada de ocultismo. La  religión musulmana articulada con el sufismo de raíz pagana y preislámica, posee una visión en gran medida panteísta. Esto es: una conexión existente entre Dios, el universo y, el hombre evolucionando en comunión y como una única sustancia que integran las anteriores entidades, las que se expresan incluso en la vida cotidiana y en formas rituales que incluyen la danza.

De igual manera se supone, dentro de este conjunto de creencias, que mediante ciertas prácticas de contemplación, concentración y movimiento, el hombre puede lograr poderes supra normales, como el de mover cuerpos fuera de su propia masa, y el de hacer premoniciones. Al sufismo de origen persa se le reconoce haberse adelantado a Freud, Jung, Darwin e incluso Einstein, además de incluir la noción del “amor romántico”, tal como se conoce en Occidente y que los cruzados se llevaron desde Oriente en su regreso a Europa. Esta forma de entender el amor como nudo de relación básico entre los seres humanos fue determinante para la cultura de Occidente en el nacimiento y en el tramo intermedio de la Modernidad.     

Para mejor entender el problema de la violencia islamista, es pertinente empezar por evocar el año 622, cuando Mahoma fundó el Islam (sumisión a Dios), una de las tres religiones monoteístas que comparten profetas, historia y lugares geográficos, con el judaísmo y el cristianismo. Pero Mahoma conquistaría medio mundo de su época con la espada, no con la religión que había fundado, constituyéndose este hecho en un primer factor que debe llamar la atención. Es así como hoy los musulmanes son una feligresía que congrega a cerca de 1400 millones de personas, distribuidas en 57 países, de los cuales y de manera curiosa la inmensa mayoría no son árabes.

Dentro del mismo orden deben destacarse las luchas por el poder, tras la muerte de Mahoma. Fallecido el profeta, se generaron dos ramas antagónicas de un mismo credo: una mayoritaria seguidora de la Sunna (tradición), y una minoritaria heterodoxa, denominada Shií. Los shiíes que habitan principalmente en Irán, sur de Irak, Yemen, Azerbaiyán y sur del Líbano  exigieron como sucesor del profeta a su primo y yerno, Alí, y a su vez a los imanes de su familia como sucesores.

Llegados a este punto, es importante establecer un elemento central: la diferenciación entre el Islam como religión y el “islamismo”, este último entendido como utilización de la religión con fines políticos (integrismo o fundamentalismo). La diferenciación anterior es sustantiva para evitar injustas apreciaciones y generalizaciones, tanto de los pueblos como de su religión.

En ese marco de ideas, no es de extrañar que se den diversas interpretaciones del Corán, entre ellas la de los islamistas. Entre otras razones, por la existencia de aparentes contradicciones en la letra del texto sagrado, como la intolerancia irracional hacia los no creyentes en unos apartes****, frente al respeto en cuestiones de fe en otros. Lo anterior facilita oportunidades para la manipulación del texto, aunque la verdad sea dicha es muy clara la incitación a la violencia en una gran parte de sus versículos (aleyas).

Otro asunto, quizás de mayor importancia, lo constituye la visión del islam como rector de la sociedad. Para algunos estados fundamentalistas o con pretensión de Estado, la ley es la Sharia basada en el Corán. Esa norma de raíz religiosa aplicada a la sociedad en el día a día, aplica sanciones violentas que pueden incluir la muerte del infractor. Los rituales y normas religiosas, por demás, absorben gran parte de la vida cotidiana de sus seguidores, convirtiéndola en un acervo vital, en un estilo de vida. Otro elemento fundamental es la Jihad (hacer esfuerzo o luchar) interpretado por los islamistas en un sentido diferente como “guerra santa”, con justificación de la violencia contra invasores, idólatras, herejes, “asociadores” y enemigos en general.

La aparición de los wahhabi como secta sunita minoritaria y corriente política e ideológica afirmada en Arabia Saudí, le inyectaría una renovada dosis de fundamentalismo al Islam. Esta corriente del siglo XVIII, a pesar de su pequeño número de seguidores, sería en el futuro hoy vigente generadora de violencia contra sus contradictores. Los wahhabi tienen como visión obsesiva la creación de un estado islámico, cuyo territorio lo conformarían la suma de todos los países árabes.

Cabe aclarar, desde un principio, que las características de la confrontación por dantescas que aparezcan a los ojos del mundo occidental dada la globalización y tecnologías de divulgación masiva como la que hace posible la televisión, apenas se diferencian de la barbarie que exhibieron los hombres de las cruzadas cristianas entre los siglos XI y XIII, llevadas a cabo contra los musulmanes en nombre del Dios de los católicos y contra los propios seguidores ortodoxos de Cristo, quienes se habían separado de Roma al finalizar el primer milenio. Este punto es el eje de una reflexión que, con sus derivaciones vigentes, debe continuarse en un próximo artículo (aresprensa).

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* Ese es el relato anticipatorio que en metáfora se hace en “Las Mil y Una Noches”, y que en realidad señala que para el hombre, en términos materiales, es posible volar. 

** Así lo sugiere Marcel Hassin en “El Libro Negro del Islam”. 

*** El autor del artículo es general en retiro del Ejército de Colombia. 

**** Corán 8:12: “…infundiré el terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!...”


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