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ISLAM, DE LA FE AL ODIO II / ACTUALIDAD

Publicado el 30 de noviembre de 2014 / 22.00 horas, en Bogotá D.C.

ISLAM, DE LA FE AL ODIO II

El Islam se expandió desde su nacimiento con ofensivas militares que lo llevaron desde la Península Arábiga a la distante Indonesia por el Oriente y hasta el Atlántico por Marruecos y España. En esa expansión de siglos, también los territorios de los pueblos que abrazaron a la nueva religión sufrieron invasiones de mongoles, cruzadas cristianas, y de los imperios modernos, hasta el presente. No obstante, en lo ideológico, sólo hasta el siglo XX el credo de Mahoma confrontó de manera abierta con el occidente moderno. La supresión de los califatos como entidad política y religiosa, producida a raíz de la creación de la república de Turquía a principios del siglo pasado, incentivaría el resentimiento contra el laicismo.

Escribe: Néstor RAMÍREZ MEJÍA*

En consecuencia aparecerían los Hermanos Musulmanes en Egipto con su brazo armado Yamá Al islamiya, la revolución del ayatolá Jomeini contra el Sha de Persia (Irán) como máxima expresión del poder político del Islam, luego el Frente Islámico de Salvación, en Argelia; Hezbolá en el Líbano y Hamás en la Palestina donde surgió Israel, por citar solo unos pocos. En efecto, en las secuencias históricas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se producirá la creación del Estado de Israel en el territorio palestino ocupado por Inglaterra hasta el año 1948. Esto último como consecuencia de la victoria de los Aliados sobre Turquía en la Primera Guerra Mundial y el Mandato tanto francés como británico sobre los restos del imperio otomano. El hecho de fundar el estado judío generó de inmediato varias guerras con los países árabes y la posterior creación de la Organización para la Liberación Palestina (OLP) al tiempo que, más tarde, el ya mencionado Hamás.

En la década de los sesenta el terrorismo como generalidad de confrontación dejaría de ser un fenómeno interno de algunas naciones para atentar de manera abierta y generalizada contra territorios, ciudadanos y bienes internacionales, convirtiéndose todos ellos en una suerte de instrumento de “los débiles”, en particular y, posteriormente, en un difuso y variado frente contra Estados Unidos como país hegemónico y representante de la civilización occidental. En ese marco, el terrorismo islámico asumió una fortaleza propia dentro de las diversas formas de impugnación armada. Para la Organización de la Conferencia Islámica (O.C.I.) que agrupa 57 países, se considerará como legítima la lucha contra el invasor extranjero, la agresión, el colonialismo, la hegemonía y el enfrentamiento a regímenes de apartheid -impopulares y corruptos- sin importar los medios y convalidando en esta forma de interpelación la justificación del terrorismo, para la liberación y autodeterminación de los pueblos.

Con todo, Al Qaeda opacaría el accionar de los grupos fundamentalistas anteriores a su aparición. Occidente, en su lucha contra el comunismo en Afganistán representado por la invasión soviética de 1979, creó y armó a un frankenstein del cual posteriormente sería víctima, pues en eso se convirtió esa suerte de nueva “cruzada” primero contra la Unión Soviética y después contra el extremismo islámico. Esta radicalización occidental y su consecuencia militar, se convertiría en uno de los factores que generarían la cabeza del virulento integrismo posterior, con Osama Bin Laden como su máximo líder. Ese encadenamiento de posiciones confrontantes generaría mayores consecuencias radicales y una Real Politik que, aplicada, produjo fenómenos repetitivos y en escalada de violencia con mayor crueldad y despliegue escénico, como lo muestra ahora ISIS.

Para completar la ya escabrosa escalada de acontecimientos tratados en los párrafos precedentes, la presencia de tropas norteamericanas (infieles) en Arabia Saudita, un territorio considerado sagrado por los musulmanes, se convertiría en el pretexto perfecto para iniciar una cruzada inversa contra Occidente. El magnate y extremista Bin Laden usurparía así la función tradicional de los ulemas**, en el sentido de definir la aplicación de la Jihad contra los agresores. Al concretarse la derrota de Hussein en Irák, se instauró una democracia con predominio shiíta, población mayoritaria en el sur del país. El nuevo gobierno infortunadamente excluiría y discriminaría al pueblo sunita del norte, antes afín a Hussein, constituyendo así las bases de apoyo de un nuevo grupo terrorista, el Estado Islámico que pretende imponer ISIS. Casi en simultáneo el presidente sirio Bassar al Assad, shiíta, enfrentaba a grupos sunitas que buscaban derrocarlo, entre los cuales se encontraba ISIS.

Sin embargo, el Estado Islámico tenía propósitos diferentes al de sus aliados de circunstancias, tal como lo es el de volver a instaurar la antigua figura estatal árabe del Califato, en Siria e Irak, aprovechando el malestar social y las convulsiones masivas en los dos países. Actualmente la coalición occidental, en coincidencia de coyuntura con Rusia y China -al tiempo que con participación de los países árabes del Golfo- tratan de apoyar al ejército iraquí y a los pershmegas*** kurdos del norte, con bombardeos y misiles Tomahawk, en contra del terrorismo sistemático del llamado “estado islámico”. No obstante, al gobierno sirio le preocupa como es obvio, que la coalición intente no solo destruir a los atacantes de ISIS sino también y a continuación, al régimen sirio también adverso a la geopolítica de Occidente. Lo anterior podría generar un nuevo escenario complejo con oposición de Rusia y China, aliados de al Assad.

Vista con una perspectiva histórica, los fenómenos de violencia islamista irracional del reciente extremismo protagonizado por ISIS y acontecidos en pleno siglo XXI, tienen mucho en común en cuanto a los desarrollos y, quizás en las motivaciones de ancestro, con las cruzadas cristianas emprendidas entre los años 1095 y 1268, en nombre del Dios cristiano. Los saqueos, decapitaciones y barbarie que caracterizaron a las ocho cruzadas, solo se diferencian de la campaña de ISIS por el uso propio de tecnologías de la modernidad, como son la transmisión por televisión y por el armamento utilizado. Es fácil comprender entonces que en medio de intereses geopolíticos y geoestratégicos de Occidente, las otrora potencias de Rusia y China al igual que los países del Medio Oriente, se atraviesen a veces   como palo en la rueda y a veces como estimulante a la manipulación política del islam por vía de estas organizaciones terroristas.

En el entretiempo, los fundamentalistas aprovecharán la letra del Corán, para prolongar la tradicional inestabilidad de estados que, además y en el fondo, tienen déficit estructural en el plano laboral, con el agregado negativo de pobreza, escasez de servicios elementales y gobiernos autoritarios que se perpetúan en el poder. Esto, al tiempo que acallan las protestas de esos pueblos e inculpan a Occidente como el demonio causante de sus males. La protesta que no solo se da en las mezquitas sino también por redes sociales, puede explotar el imaginario del mártir que enfrenta al demonio y, cuya recompensa será la salvación eterna, con premios llamativos en el Más Allá para él y en la tierra para su familia, mientras el resto de los mortales esperará el juzgamiento definitivo en el fin de los tiempos. Una suerte de salto metafísico sublimado por la entrega individual, con evidencia empírica, que arrastra a otros en una forma de holocausto puntual y repetido por cada joven enviado al martirio para cumplir con el sacrificio supremo contra el infiel (aresprensa).

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* General en retiro del Ejército de Colombia.

** Estudiantes y eruditos del Islam cuya función es la interpretación de los textos sagrados y por lo tanto los encargados de señalar cómo se aplica la ley islámica.

*** Guerreros kurdos.


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