URUGUAY DECIDIÓ / ACTUALIDAD

Publicado el 02 de diciembre de 2014 / 21.00 horas, en Bogotá D.C.

URUGUAY DECIDIÓ

El triunfo de Tabaré Vásquez estaba cantado: el Frente Amplio, de izquierda moderna y en contraste moderado con la hirsuta hermandad ideológica de Venezuela y Argentina, debía imponerse sobre una centrista derecha local también vacunada de excesos. En el fondo, se renueva esa reconocida posición “oriental”* de mostrar alternativas viables, diferenciadoras e identificatorias ante sus vecinos, los poderosos de siempre como lo son Argentina y Brasil, así como también los otros, que experimentan con suerte variada sus metarrelatos cercanos a la prédica petardista de los interpeladores de Occidente. Vásquez repite pulso en la primera magistratura que tiene por sede a Montevideo, para reemplazar a un compañero de vera en el pensamiento como José “Pepe” Mujica, el cual abreva en la experiencia armada de los Tupamaros reprimidos y disueltos en las oscuras décadas de los años  60 y 70. Son los mismos que hoy rechazan a la violencia -incluso la verbal- contra los otros, los diferentes que enarbolan el pensamiento tradicional, el del odiado “sistema” sobre el que apuntan sus dardos y en algunos casos sus armas los aludidos interpeladores maximalistas. Un rechazo planteado de manera explícita como forma para producir cambios sociales y búsqueda de equidad social.

Escribe: Rubén HIDALGO

Lo cierto es que ese estado “tapón” que fue el Uruguay, fundado y sacado de la manga de los intereses del imperio británico en los albores del siglo XIX para poner un amortiguador a las tensiones y disputas entre Río de Janeiro y Buenos Aires, buscó un aire propio que le permitiera salir del estigma y razón de los argumentos que originaron su nacimiento. Alguien dijo alguna vez que esa pequeña “provincia” en la margen oriental del Río de la Plata, no era más que “un territorio brasileño habitado por argentinos”. Eso hizo que los diferentes gobiernos que surgieron en Uruguay desde 1828 y al margen de sus diferencias internas y guerras civiles consecuentes, trataron de mostrarse como algo bien distinto de quienes podían reclamar soberanía sobre el escaso territorio disputado por el imperio brasileño y por los republicanos porteños, de la otra orilla del río de Solís

El empeño logró buenos frutos y ya desde fines del siglo XIX, la República Oriental del Uruguay comenzó a perfilarse como una democracia estable, abierta al mundo y dispuesta a hacer que las libertades promovidas por la Modernidad podían germinar de mejor manera allí que en la vecindad. Por eso no podía extrañar que sus avances tempranos en alfabetización, políticas de salud y respeto por la diferencia de pensamiento, se afirmaran allí como logros distintivos de la sociedad uruguaya. Eso hizo que, con frecuencia, Montevideo se convirtiese en refugio de exiliados de las sociedades vecinas, envueltas en turbulencias intermitentes hasta bien entrado el siglo XX.

Empero, el Uruguay no pudo escapar a las contingencias generadas en la niñez y adolescencia de los países latinoamericanos y cayó al promediar el siglo pasado en la línea de los gobiernos autoritarios, con presencia militar. En ese marco histórico tuvo su cuarto de hora el grupo Tupamaros, al que perteneció el saliente presidente José Mujica y en sus círculos concéntricos al ahora reelecto Tabaré Vásquez, el primero de izquierda en gobernar el país. Fue el signo de los tiempos que no pudo eludir el fuerte sentido democrático de los uruguayos y le dio un aura de romanticismo a la experiencia guerrillera del veterano Mujica, la cual fue evidente en su paso por el gobierno del país. Es parte de esa memoria contestataria  una madeja de decisiones de gobierno tales como la legalización de la hierba cannabis, para consumo individual y con interés medicinal o recreativo. Decisiones de Estado como esa son parte de la referida matriz cultural.   

La aceptación para recibir a presos de Guantánamo o refugiados sirios es también una evidencia del espíritu libertario, de origen anarquista, importado de Europa que se presenta como transversal de la mentalidad uruguaya. Basta para la evidencia no sólo un hecho o varios como los señalados durante el gobierno de Mujica, sino que aquellos inmigrantes expulsados de la Europa de la revolución industrial y científica que enraizaron en el Uruguay del naciente siglo XX, identificaban a sus hijos con nombres alusivos a su pensamiento ácrata: Líber Seregni** fue uno de esos casos, un general del simbólico ejército uruguayo que encabezó como líder político a las fuerzas izquierdistas democráticas, entre los años de mayor confrontación interna del Uruguay reciente

En el plano inmediato, tanto Tabaré Vásquez como José Mujica y su Frente Amplio, no han  hecho otra cosa que mantener esa corriente identificatoria de la mentalidad uruguaya la cual, al tiempo, trata de poner distancia con esa otra izquierda que aparece delirante ante la región y el mundo, con medidas económica y sociales que alteran de manera turbulenta las condiciones internas de sus sociedades, al tiempo que ponen en aprietos su evolución institucional hacia el futuro inmediato. Esa es una de las diferencias con Venezuela y la Argentina, ambas cercanas al descalabro generalizado de sus equilibrios sociales

Lo definitivo es que Vásquez emprende su segundo mandato en el ocaso de su parábola vital, de la misma manera que lo hizo Mujica, marcando diferencias con su antecesor y correligionario. No está de acuerdo con dejar cierto margen de apertura en el uso de estimulantes, pues en buena medida le preocupa la paulatina conversión en “tierra de nadie” que muestra la Argentina con el despótico proceso del matrimonio Kirchner y las dificultades que ha tenido Brasil en tener bajo control a las bandas de narcotraficantes. El tema de la seguridad es un elemento básico de su programa de gobierno y está de acuerdo con la visión de no dejar abierta la compuerta a la izquierda delirante.

El Frente Amplio no renuncia a su mirada alternativa de la realidad pero sabe que dislates en lo económico, político y social como los que se desarrollan en la región, ahuyenta la inversión, compromete el futuro del Estado y aleja a futuros votantes. Debe cuidar Vásquez a una clientela electoral que  le renueva confianza de manera contundente la confianza al Frente Amplio y que le ha permitido mantener una década de control en el pequeño aunque exitoso Estado oriental, cuyo héroe máximo Gervasio Artigas nunca quiso un Uruguay separado de las Provincias Unidas y, después de la forzada independencia del país, se fue con disgusto histórico a morir al Paraguay de Gaspar de Francia (aresprensa).

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* A los uruguayos se les conoció en el Río de la Plata y hasta finales del siglo pasado, con el gentilicio de “orientales”, por pertenecer a lo que fue la Banda Oriental del ancho río, mientras existió como parte del Virreynato cuya capital fue Buenos Aires y, después, durante el proceso de independencia y primeras décadas posteriores, cuando aún de uno y otro lado, se consideraba al territorio como parte de la nueva República Argentina, en formación.       

** Los anarquistas europeos que se afincaban en Uruguay les ponían a sus hijos nombres como Rosa (Luxemburgo), Luz, Libertad o Líber (fuese mujer o varón), entre otros de similar evocación. Incluso el nombre Tabaré es parte de ese imaginario libertario, pues recuerda a través de un poema de Juan Zorrilla, a un mestizo charrúa y la resistencia a la colonización española.


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