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ARTBO 2014: LO “EXHIBITIVO” NO ES EL LÍMITE / ARTES VISUALES / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 26 de diciembre de 2014 / 09.00 horas, en Bogotá D.C. 

ARTBO 2014: LO “EXHIBITIVO” NO ES EL LÍMITE

En su décima edición del pasado octubre, la feria de arte Artbo que se celebra cada año en Bogotá, ratificó para sí misma lo que es propio de su naturaleza: “un mercado de mayor importancia que el común”, tal como lo señala en su etimología la academia de la lengua. Dentro de lo que es este mercado en su dimensión conceptual aparece Walter Benjamin* quien definió desde el público el “valor exhibitivo” de la pieza de arte, pues dentro de la esfera contemporánea la obra y el público son uno y es esa intersección lo que hace posible el “gran mercado”. La crítica Angélica González aborda el espesor del argumento estético expuesto en la última Artbo desde dos perspectivas de construcción de sentido: la que sigue la tendencia tradicional de condicionar al espectador para una contemplación estática dirigida al valor de  cambio y la que pretende hacer más densa la experiencia del público que se vincula con la obra, tenga ésta o no relación con las lógicas de mercado. González realiza el primer tramo de su reflexión desde la perspectiva teórica de Benjamin.

Escribe: Angélica GONZÁLEZ SIERRA**

El consumo es un cosmos de posibilidades y es preciso recordar sobre el punto que el arte se encuentra inmerso en esta cadena insoslayable en lo social y propia de la Modernidad, en la cual lo que prima es el “valor exhibitivo”***. Es por eso que esta feria especializada en Bogotá, a través del protagonismo de curadores y artistas, hizo que sus públicos se convirtieran, en primer término, en “consumidores visuales” quienes -con o sin conocimientos de arte- no tuvieran más alternativa que aceptar el escenario y la mecánica de una dinámica alrededor de unas estáticas obras de arte, sin que hubiese mayores posibilidades de una experiencia con el público, más allá de las fronteras de esa estática señalada e impuesta.

Esta fue la regla de la mayoría de las galerías elegidas para la gran muestra y, en realidad, es la inercia cultural de un concepto que señala que sólo es obra de arte esa que está en un lienzo sobre la inmensa pared blanca, no para ser contemplada sino “vista” como ejercicio efectivo que hace de la pieza una mercancía en su gran vitrina. Es una posición que guía una actitud de siglos

En segundo término,  es cierto que no todo fue una deriva de estática y dirigida actitud. Artbo también abrió la posibilidad de experimentación para otros perfiles de visitantes, con aspiración como público a involucrarse de manera sensitiva con diferentes obras. Antes, debe aclararse que el concepto de público es tan polémico como complejo y que situarlo en las esferas del arte aumenta el espesor del dilema. En esta feria de Bogotá o en cualquier otra, se le llama público a todo asistente que esté dispuesto a recorrer un espacio o contexto aun cuando no sea de su interés el discurso visual que se le presente.

Debe aclararse también que existen diferentes clases de público y que, según Marcos Mateos Rusillo****, existen diferentes públicos frente a atractivos culturales que “son polígamos”. Esto equivale a señalar que hay distintas relaciones ante la variedad de propuestas en las que intervienen organizaciones privadas, públicas y, también, deben contarse los estímulos de los medios de comunicación, los liderazgos de opinión, los llamados prescriptores, además de la propia intención de los visitantes, en la mencionada miríada de intercambios.

En la suma, es posible hablar de seis tipos de público los que se con-forman y establecen sus múltiples relaciones emocionales, de entendimiento y simbólicas extensas, entre otras interacciones continuas, con el atractivo cultural que es una feria de arte. Esto no obstante que son los visitantes el eje central en esa compleja formación de sentido que se integra en un escenario semejante, como lo es la feria, y que por lo tanto, valida su enorme importancia como activador, aunque en ese proceso pase en sí misma a un segundo plano por el peso de la prioridad que es el eje señalado de la generación definitiva de sentido legitimador.  

LEONARDO LÓPEZ - "La Unión hace la forma"

El interés de esta edición décima de Artbo ratificó el enfoque al circuito internacional del mercado de las artes visuales. Es por este motivo que las 33 galerías de diferentes partes del mundo afirmaron el propósito de “internacionalización del arte colombiano”. Así lo ha ratificado en diferentes oportunidades la directora del encuentro, María Paz Gaviria, aunque no todos aún se atrevan a pronunciarse sobre la posibilidad de un “boom” de este tipo de producción estética  en el país, reeditando al que impactó entre las décadas de los años 60-80, en lo que hace a reconocimiento e internacionalización. Sin embargo, sí es posible observar al “nuevo artista” colombiano que, a través de propuestas de vanguardia, apunta a posicionar al país como un productor de arte de frontera en el mundo

De tal forma que es posible señalar, como rédito de Artbo 2014, el “valor exhibitivo” aquí y allá. No es para menos, pues los 30 mil visitantes de esta décima edición disfrutaron de obras que pueden dejar espacio para la reflexión de lo que significa el arte contemporáneo, en particular el que se produce en Colombia, pues los artistas locales y en particular los emergentes tuvieron su oportunidad en el circuito de Artecámara, como ámbito de expectativa y fomento del talento joven. Ellos le dieron base conceptual a los “Entornos urbanos, degradados y agobiantes”, que fue el tema central del discurso visual, según su curador Jaime Cerón

En una lista incompleta de propuestas noveles, deben mencionarse a Alejandro Castillo, con “Rastro”; Javier González, con “Recorridos”, Leonardo López, con “La Unión hace la Forma” o la creadora Ana María Gómez con “Gimnopedias y recuerdos ópticos”.  Lo visto en Artecámara tuvo solidez como para irradiar en el espectador –experto o inexperto- experiencias sólidas de tipo visual y sensitivas, como para generar reflexiones en torno a espacios y contextos, sean éstos de la cotidianidad o de ámbitos abstractos, que en forma alguna dejan de ser vitales.  En mi criterio, iniciativas de este tipo son producciones que más allá de “mostrarse”, logran apuntar directo a una eventual esencialidad de la obra, capaz de atrapar al espectador -incluso al ingenuo- hacerlo parte de ella e invitarlo a la plena contemplación y experiencia integral

Aunque no empañaron el despliegue de lo expuesto, deben reconocerse grandes desaciertos y errores curatoriales que podrían pasar inadvertidos para una mirada poco avisada pero que son equivocaciones evitables. Entre los más notorios, pueden mencionarse las obras enmarcadas con vidrio reflectante que molesta la observación y anulan la relación espectador-obra, por el efecto entre la luz de panel y los destellos consecuentes.

También se vieron obras mal empotradas, torcidas, e incluso con cédulas y fichas técnicas mal adheridas, lo que en conjunto muestra defectos de trabajo final inaceptables en una muestra con propósitos magníficos. Esas minucias visuales afectan la intención de estrategas y promotores de Artbo, sobre todo porque son de fácil y  necesario arreglo, si se piensa en las consecuencias. Al respecto para el futuro y bajo responsabilidad de los organizadores, sería necesaria una auditoría e inspección permanente sobre los espacios de exhibición (aresprensa). 

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*Walter Benjamin fue un pensador alemán asociado a la llamada Escuela Crítica de Frankfurt y se lo considera como parte de la misma, aunque nunca fue de manera plena uno de sus integrantes. Dentro de este grupo tuvo una visión heterodoxa de la relación entre estética, técnica y mercado, a menudo opuesta a la visión ortodoxa de uno de sus mayores exponentes, Teodoro Adorno.

**Angélica González es analista y crítica de arte.

***Benjamin hace una diferencia entre valor exhibitivo y valor cultural, en una traslación de las categorías marxistas opuestas entre valor de cambio y valor de uso. En esa relación, el valor exhibitivo hace el símil con el valor de cambio y por tanto acepta la condición de mercancía de la obra de arte, dentro de las tensiones propias del mercado y de la cultura de masas.

****Marcos Mateos Rusillo es tratadista, doctor en Historia del Arte y experto en comunicación cultural. 


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