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FÚTBOL Y ASCENSO SOCIAL / ÓRBITA FÚTBOL / MUNDIAL BRASIL 2014 / LOM

Publicado el 30 de diciembre de 2014 / 21.20 horas, en Bogotá D.C.

FÚTBOL Y ASCENSO SOCIAL

La exportación y promoción de jugadores en Brasil es un rubro de su economía, pero más que los números concretos esta actividad con vínculo económico tiene mayor fortaleza como capital simbólico. En efecto, la actividad deportiva sobre todo en el deporte rey  -o futebol- es un canal directo a la relevancia social y a la posibilidad de sacar de la miseria a la familia del aspirante a jugador. Las favelas que rodean a las grandes ciudades brasileñas son la cantera de quienes quieren asomar la cabeza desde las franjas de extrema pobreza. Estas últimas, las franjas de pobreza, se han reducido  bajo la administración de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, pero esa parábola política ya muestra síntomas de deterioro, no obstante el triunfo y reelección de la presidenta en octubre pasado. Además, las sombras de la corrupción que nublan el entorno de la actual administración del Planalto, con la consecuente reducción de la política de inclusión social, le siguen dejando al fútbol y al deporte en general, la difícil dinámica de la eventual participación de los postergados en la lucha por un mejor vivir, aunque sea esta participacióntan parcial como visible.

Escribe: Rafael GÓMEZ MARTÍNEZ

La leyenda de Pelé y la vigente buena estrella de Neymar dan cuenta de este fenómeno, en un país que, derrotado en su propio Mundial, se encuentra acosado por sus protuberantes contradicciones de variada índole, que incluyen lo económico y su repercusión social. Los jugadores que sacan la cara por el fútbol y el prestigio brasileño en el mundo, en general son jóvenes que habitan las zonas urbanas periféricas o con algún nivel de marginalidad que incluye a los servicios básicos.

Esto, dentro de una estructura productiva que desde 1960 vio reducir de manera drástica la participación en el PIB de sus fuentes agrícolas, desde un 14 por ciento en aquella década a apenas un 5 por ciento en la actualidad. Esos muchachos que son habitantes de los cinturones de miseria o forman parte del segmento más bajo de una deprivada clase media, también urbana, no sólo son los candidatos al reclutamiento deportivo sino además fueron parte de las protestas anarquistas y revueltas en las grandes ciudades, previo a la celebración del Mundial

Colombia ha sufrido en un proceso similar aunque no idéntico en lo que hace al fenómeno productivo, pues en los mismos tiempos reseñados el campo le daba al país cafetero un aporte del 30 porcentual y hoy apenas alcanza ese magro 5 por ciento del que se informa en Brasil. En el traslape, los vecinos han visto crecer su espesor en el PIB por cuenta del desarrollo industrial y de los servicios, al tiempo que en Colombia la transformación le dio protagonismo parcial también a los servicios.

Pero, a diferencia de este grande cercano, la industria no ha sido determinante en el paso productivo y sí ganaron espacio los commodities basados en la minería y el trabajo extractivo, dirigido a recursos tales como el petróleo, el carbón, el ferroníquel y el oro, entre otros que incluyen en la suma a los metales raros, como el coltán. Otra diferencia con Brasil es que Colombia hace apenas tres lustros que inició la puesta de sus jugadores de fútbol en el mercado internacional.

La instancia deportiva no es aún para Colombia un fuerte de las formas contemporáneas de inclusión, pues la evolución de tal dinámica todavía es tímida aunque con tendencia vigorosa a la consolidación, si se lograse capitalizar en Colombia lo alcanzado por la selección de Pékerman en el mundial brasileño. La diferencia notable hasta ahora en los comparativos aquí determinados es que a diferencia de Brasil Colombia sigue siendo uno de los países de la región con mayor letargo en lo que hace a políticas vigorosas y de éxito en la aludida inclusión social. 

Para el caso, vale señalar que hacia el 2003 -cuando el gobierno izquierdista de Lula da Silva inició su proceso- el 23 por ciento de la población brasileña  (unos 40 millones de personas) sobrevivía con apenas un cuarto del salario mínimo, que era uno de los rubros más  bajos de la región, incluso hasta el presente.  A partir de aquel momento más de 28 millones de brasileños salieron de la pobreza, en tanto que la desnutrición infantil disminuyó un 62 por ciento, pasando del 12,3 por ciento en el referido 2003 al casi y apenas un 5 por ciento en 2008, con un descenso continuado que se situó en cero para el 2010.

En ese mismo proceso, la tasa de trabajo infantil también se redujo casi un 15 por ciento, entre el 2006 y el 2009. Aunque aún para fechas recientes existen unos 4 millones de niños y adolescentes brasileños a quienes se les exige trabajar.  Es en este segmento de edad en el que los incentivos oficiales y privados, tanto de clubes como de asociaciones civiles y organismos de índole variada, buscan incidir para que  el deporte rescate de los asomos de marginalidad futura. El cuadro de distribución de la renta informa que en Brasil los individuos que hoy no nacen en la clase social alta, tienen una alta probabilidad de llegar a la vida en los estratos de la llamada clase media baja o mantenerse en el estadio de pobreza absoluta.

Para eso, eventos como el Mundial o las próximas olimpiadas de Río de Janeiro, cumplen la alternativa de estimular imaginarios juveniles de emulación, en la pretensión de buscar en el deporte una salida beneficiosa como proyecto de vida, en términos individuales o colectivos. Al respecto es pertinente señalar que de todos los indicadores económicos, el que más llama la atención corresponde al de la distribución de la renta al ejercicio del año pasado. Ese indicador daría la explicación del porqué al hecho de que el fútbol en Brasil se convierta en una forma de ascenso y movilidad en lo económico y social.

Es precisamente por esa movilidad que se puede medir el desarrollo económico de un país. En otras palabras: impulsar a través de la inercia social, política y cultura incluyente para que un grupo familiar en nivel de extrema pobreza tenga posibilidad de ascender en la escala del bienestar. El fútbol en Brasil es un factor importante en la expectativa de ascenso de la escala de condiciones económicas y de ponderación. La materia prima de las favelas y barrios bajos en lo que hace a cuantificación como potencial para el deporte, indica que de cada mil niños desfavorecidos que ingresan a una escuela de fútbol, uno al menos termina contratado como profesional en un club, al término del ciclo de formación (aresprensa).          


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