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TODOS CONTRA TODO TERROR / DOXA / ACTUALIDAD

Publicado el 09 de enero de 2015 / 09.10 horas, en Bogotá D.C.

TODOS CONTRA TODO TERROR*

El asalto a un medio satírico y el asesinato de doce periodistas y caricaturistas en París confirman y amplían la evidencia de que el extremismo musulmán, minoritario pero activo, no bajará la guardia ni las acciones contra los ciudadanos y valores de Occidente. Todo indica que quienes aspiran a mantener la muralla de terror con su violencia indiscriminada y homicida seguirán adelante con su intención de amedrentar la crítica y, en este caso, la libertad de expresión que ellos consideran opuesta a sus concepciones religiosas.  Ese ataque de una célula con al menos tres extremistas en plena capital francesa no es la gota que rebasa en vaso en la disposición en este tipo de fundamentalismo, sino que amplía un desafío que tiene como propósito el silenciamiento por la vía del miedo y el colapso de la voluntad libre enfrentada a la brutalidad a secas. No ha sido el primer caso ni será el último en una estela que contra la creación intelectual inauguraron los ayatolás iraníes hace un cuarto de siglo y que tiene su paroxismo en las pretensiones feroces del llamado ISIS, surgido como secuela de la crisis de Irak y la guerra civil siria. Ya no se trata de una alerta aislada ni de simples “lobos solitarios”, es la hora de que quienes defienden los valores de la libertad y la democracia desde hace más de dos siglos, tomen las medidas y correctivos necesarios para reducir “a la impotencia” a este tipo de enemigos, tal como lo señaló en su obra máxima Carl von Klausewitz. Esa línea no es simple ni fácil de elegir, pero es el único lenguaje que entiende y propone esta forma medieval de extremismo hirsuto y totalizante.

Desde esta columna y posición editorial nos hemos opuesto a todo tipo de pretensión delirante que con la mentirosa pancarta de un ideal religioso, social o político suponga que, con la imposición del terror, sus epígonos tendrán garantizado el alcance de sus logros tenebrosos. Objetivos oscuros no por su origen y validez de la consigna sino por sus métodos extremos dirigidos a segar vidas y opiniones diferentes. La negativa vertical de nuestra posición editorial tradicional es a toda forma de terror y eso incluye tanto al de Estado como al de las dictaduras de todo pelambre, esas que resulta evidente se sienten tentadas a ir por caminos parecidos en América Latina, en particular en ciertos gobiernos vigentes de la región.

La libertad de expresión es uno de las máximas conquistas de la democracia moderna y aunque quienes aún pretendan abortarla por ser parte de los derechos de la “burguesía”, es tan válida y fundamental como otros tantos derechos que están en ese paquete y que desprecian los extremistas y demócratas de pantalla. Son valores universales y demasiados caros para esta parte del mundo, pero su propuesta de universalidad sólo es válida para quienes aceptan el modelo, las voces impugnadoras a la intención emancipatoria de esos derechos no solo no caben en su seno sino que, por la volatilidad del consenso creativo y propositivo permanente que requieren para sostenerse, unos hechos como el del terrorismo disolvente que acaba de ocurrir en Francia buscan la eventualidad de una entropía en la utopía axiológica.     

Los paralelos y rechazos aquí trazados no son casuales, el gobierno de Venezuela y algunos de sus pares regionales no han ocultado sus simpatías por esos grupos de máxima violencia y capacidad para el crimen, pero se equivocan cuando los prohíjan y suponen que tolerancias solapadas o abiertas con esas tendencias fascistas, a todas luces, se aseguran la buena voluntad de las vocaciones y voluntades de quienes ellos identifican como “pueblo”. Nada menos correcto que el terror como herramienta para asegurar los fines, pues lo primero convierte en deleznables a los segundos.

Sirve entonces reiterar que el peligro al respecto no está distante de América Latina, ya son reiterados los anuncios de que el terrorismo islamista anida en sitios geográficos concretos y agazapado aguarda el momento para atacar. Se apunta en este eventual riesgo a la Guajira colombo-venezolana, en connivencia con población local aborigen o inmigrante de los países mediorientales, apoyados con sordina por un gobierno cercano. También se ha hecho alusión en tal sentido a la llamada Triple Frontera entre Brasil, Paraguay y la Argentina, todo esto en conjunto con agrupaciones termocéfalas nativas. No debe olvidarse que ya el terror indiscriminado tiene antecedentes en la región, con el atentado a la civil mutual judía de la AMIA en Buenos Aires, en julio de 1994. Sangriento precedente del cual se culpó a Irán como responsable directo, en coyunda con aliados antisemitas argentinos y de los propios aparatos de seguridad del país sudamericano.

Entonces, en ese plano suenan cínicos los lamentos oficiales que surgieron de Ecuador, Venezuela y de la misma Argentina, ante el crimen múltiple ocurrido en Francia, pues son esos países sudamericanos los que más muestran en los últimos años ataques sistemáticos contra la libertad de expresión y el uso de los dispositivos de Estado para silenciar las voces diversas a sus modelos y visiones de gobierno. Las tres administraciones de los estados nombrados deberían tomar una alternativa más creíble por la comunidad internacional, en el sentido de cesar sus presiones contra la libertad de pensamiento y de perseguir a quienes la plantean de manera concreta. En ese mismo sentido vale apuntar que si bien el espíritu musulmán mayoritario se distingue por su tolerancia y las voces de rechazo de esa confesión a los fundamentalistas de su orilla se hicieron escuchar, no es menos cierto que un  buen segmento de los escritos básicos de esa religión convocan a la violencia contra quienes ellos consideran “infieles”. La evidencia está a la vista.             

Es cierto también que Occidente ha cometido demasiados errores en su trato inicial displicente con los países del Medio Oriente y del Oriente cercano, desde la disolución del imperio turco al final de la Primera Guerra Mundial. Displicencia que se transformó en rapacería de sus recursos naturales, sobre todo de los hidrocarburos, durante todo el siglo pasado y en especial hasta la década de los años 70, cuando la OPEP impuso frenos al desbalance de las compensaciones por la extracción y uso del petróleo y derivados. Luego, la guerra desatada sobre el islam en su conjunto después del ataque al territorio de los Estados Unidos en septiembre de 2001, amplió los espacios de confrontación e impuso al terror como arma de primera línea de todos los contendientes, algo que se había iniciado en la región del Mediterráneo del Este, apenas concluida la Segunda Guerra Mundial, con la creación del Estado de Israel.

En el caso de Francia, esta no sólo paga el precio de ser el origen del conjunto de derechos hoy atacados, sino el costo atrasado de su viejo colonialismo y el hecho de no poder trazar límites entre la debida tolerancia a la diferencia y el maximalismo disolvente que la ataca. Lo demás es reciente y bien conocido para insistir en los detalles,  pero cabe traer al presente la condena a muerte oficial contra el escritor Salman Rushdie, proferida en 1989 por la teocracia de Teherán, para entender hasta dónde podría llegar la escalada de terror de este tipo de extremismo que, por su propia naturaleza, no tiene límites y que no se detendrá en el inmediato futuro, en el ataque a sus blancos occidentales, de preferencia civiles.

La idea mesiánica y medieval de la “guerra santa” aparece aquí como una justificación de los medios, sin importar el nivel de barbarie que se emplea para llevarlos adelante. La probabilidad de un diálogo racional con esos grupos es imposible, precisamente por el nivel de irracionalidad que es transversal de su fanatismo y sólo queda ante esa muralla el emplear el único lenguaje que conocen y aceptan, como una vía que para ellos permitiría llegar a la supuesta “salvación eterna”. En  esto no puede haber ni debilidades ni confusiones, desde la Ilustración en adelante para la humanidad es la frágil esfera de los derechos conquistados lo que está en juego (aresprensa).

EL EDITOR

Enero de 2015

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* La columna Doxa plantea la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES                                        


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