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ASÍ CAYÓ EL “BOLILLO” GÓMEZ / LA TERCERA OREJA / ACTUALIDAD

Publicado el 31 de enero de 2015 / 20.30 horas, en Bogotá D.C. 

 Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja 

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme.


  • El pensador y estadista griego Solón fue un hombre de elevada estatura y siempre vivió aislado del mundo, muy solo

ASÍ CAYÓ EL “BOLILLO” GÓMEZ

En el último tramo del año pasado un informe de un periódico de la capital colombiana hizo conocer la identidad de la mujer que el exdirector técnico de la selección de ese país, Hernán Darío Gómez -conocido como “Bolillo”- golpeó  en una loca “noche de copas”. A partir de esa condenable acción y por encadenamiento con otros hechos en la suma de sucesos que se derivaron, se produjo el retiro forzado de su cargo en la orientación del onceno colombiano, durante la eliminatoria al Mundial Brasil 2014. La salida en falso, el atropello y agresión física sucedieron el 6 de agosto de 2011, en plena calle y de madrugada, en la puerta del local nocturno donde la pareja había pasado una velada que, se supone, había planeado para el esparcimiento. La identidad de esta persona se mantuvo bajo un manto de silencio durante más de tres años, hasta la revelación del diario capitalino y, después, se conocieron otros detalles de entorno del suceso y consecuencias, en una entrevista por televisión que concedió la víctima antes de concluir el año pasado. Durante el lapso de misterio se generaron muchas versiones sobre quién era en realidad la misteriosa compañía del entrenador en esas horas de consecuencias incontroladas. Entre ellas, incluso, hubo dudas en el sentido de que la acompañante en verdad hubiese sido una mujer. En síntesis, la salida de Gómez de la posición relevante en el deporte del país cafetero no fue de manera directa por su inaudita reacción ante la acompañante, sino por la casualidad nefasta que acompañó el mismo hecho. Se infiere así que de esa casualidad, agregada a la condenable reacción inicial del estratega, se precipitaron las decisiones, todas en contra su contra e incluida la propia, que produjo su precipitada renuncia a la encomienda de dirigir el grupo de jugadores de la selección nacional.    

La salida a la luz pública de doña Isabel Fernanda del Río, dio tranquilidad a muchos partidarios de “Bolillo” que no soportaban la idea de que este personaje pudiese tener conductas, para ellos, reprochables por partida doble. Los golpes a la mujer, por un lado, ya eran suficientes motivo para originar la repulsa y algo más allá de eso hubiese estado por fuera de toda tolerancia. Eso, la tolerancia que no tuvo “Bolillo” con su compañera de circunstancia, tampoco lo favoreció en la ola de opinión de los hechos posteriores. En efecto, lo imprevisto completó el cuadro de situación, fatal en definitiva, para la permanencia de Gómez en una posición pública que exige todo tipo de favorabilidad para que se mantenga: buenos resultados en los partidos, apoyo institucional y buen comportamiento público que no produzca una repulsa como la que lo sepultó en lo que hace a predicamento. El personaje no pudo, en definitiva, eludir la ola en contra y asumir a tiempo responsabilidades, conformando un insoportable cuadro de situación para infortunio de Gómez

La compleja madeja que se tejió a partir del exabrupto físico perpetrado por el técnico colombiano, es posible dividirla en los siguientes tramos o escenarios: la circunstancia central, la casualidad nefasta y la trama de las harpías.

La Circunstancia Central. Es la de los golpes a la mujer, amiga íntima del orientador deportivo, para poner fin a una discusión en un sitio nocturno de diversión, en el centro histórico de la capital, distante del hotel y habitación de ocasión que compartía la pareja en el norte de la ciudad. En Colombia desde hace unos años el final a golpes de una disputa de pareja debiera y puede terminar en los juzgados y, si toma estado público como ocurrió en este caso, es censurado de manera vertical por la opinión, en especial si quien pierde los estribos es un hombre

La Casualidad Funesta. Ocurrió que en el sitio de los hechos y rodeando a la pareja en el momento del suceso estaban los otros asistentes del sitio nocturno y transeúntes circunstanciales, pues el área es una zona con locales similares. Varios de los curiosos de ocasión apelaron a sus dispositivos personales para grabar la escena, y casi todos tenían claro que era el famoso Hernán Darío Gómez ese púgil masculino que golpeaba sin respuesta. Entre ellos estaba la hermana de una periodista, corresponsal en el extranjero de una prestigiosa cadena radial internacional con sede central en Bogotá. Esa circunstancia aleatoria agregada al origen de los hechos fue lapidaria para el agresor y, de victimario inicial, Gómez terminó como víctima de los acontecimientos posteriores. El hecho demoró en tomar estado público, pues habiendo ocurrido en la madrugada de un sábado se conoció recién el primer día hábil de la semana siguiente, casi dos días después.

HERNÁN DARÍO GÓMEZ
 

La Trama de las Harpías. La familiar de la periodista que tenía en su poder la grabación en imagen del hecho -que ella misma realizó- la envió a su familiar. Esta última, que forma parte de un grupo de profesionales de medios en el que predominan las mujeres, llamó de inmediato al director del Sistema* y a sus compañeras, en el núcleo de trabajo. Durante varias horas de “ir y venir” de mensajes, el jefe del grupo resultó “apretado” por las demandas internas: o se revelaba lo acaecido o afrontaba un conato de  rebelión laboral y femenina. El timonel del grupo periodístico ya había confirmado la especie con el propio Gómez y este le solicitó mantener la reserva, pero allí estaba la prueba de las imágenes y el “apriete” candente. Antes de despuntar la luz de aquel día posterior a los hechos en que se decidió divulgar la noticia, esta ya golpeaba en todos los ámbitos locales e internacionales. Hernán Darío Gómez quedó condenado en público –no en lo jurídico como debió ser- y lo demás es lo que ya se conoce. El señalado director técnico salió de su cargo y bajo otra conducción, temporal en primer término y definitiva con otro cambio de dirección, la Selección Colombia clasificó al mundial de Brasil

Las Conclusiones. En la suma puede y debe decirse que el “Bolillo” salió de su encargo por la puerta de atrás debido a los hechos iniciales que él propició a partir de una rencilla con su contraparte, en un episodio de la vida privada. Tan privada que la persona golpeada nunca denunció a su agresor y, cuando hizo su aparición, el tiempo transcurrido bien pudo hacer suponer que aspiraba a que su situación se mantuviese en una suerte de discreción cómplice con su contraparte. La repulsa generalizada a Gómez fue un eslabón terminal que se produjo desde el momento en que lo acontecido se divulgó de forma masiva. La madeja y trama de las harpías completó el cuadro original y derivó en el linchamiento escénico y extendido del orientador deportivo. La moraleja es que cuando se hace militancia de género se puede llegar a extremos que conducen al “hembrismo” y el vampirismo, condición humana que como conjunto tiene las perversiones ampliadas de su complemento, el machismo bárbaro como el que mostró Gómez aquella noche. Porque, en estos casos, una mujer o un grupo de mujeres en plan de radicalización de género -tal como hace la presidenta Cristina Fernández para otras circunstancias aunque con idéntica actitud- van “por todo”; es decir por la piel y la sangre simbólica del “objetivo”. Algo que bien podría definirse como vampirismo dialéctico, aunque haciendo la salvedad de que existe una marcada diferencia entre una vampira y una vampiresa. Es decir que se genera algo que precipita -como lo hizo en alguna oportunidad el colega uruguayo de la presidenta argentina, don José “Pepe” Mujica- el que definan a la harpía vampira como “una vieja loca”. La paráfrasis del mandatario oriental podría traducirse así: cuando la histeria sexista levanta vuelo y toma algún hilo de poder, su irracionalidad, desmesura e intemperancia derivada, hacen que el entorno se vuelva peligroso e imprevisible. En esa misma línea la aludida sangre derramada es lo que hace que el victimario objeto del escarnio se convierta también en víctima terminal. Dicho esto queda por definir la diferencia meridiana entre una vampiresa y una vampira: las primeras tienen el encanto de su inteligencia y una sugestiva sensualidad que no las obliga a hacer concesiones subalternas, las vampiras tampoco hacen concesiones y son radicales en ello, pero carecen de las virtudes de las otras (aresprensa)

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*Así se autodenomina ahora al dispositivo radiofónico, aunque en esa época no era de manera concreta un “sistema” sino un proyecto en evolución hacia esa dirección.   


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