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BERLINALE: PABLO LARRAÍN MERECIÓ MÁS / CINE / PATRIMONIOS CULTUREALES / A-P

Publicado el 16 de febrero de 2015 / 20.35 horas, en Bogotá D.C.

BERLINALE: PABLO LARRAÍN MERECIÓ MÁS

Pablo Larraín alzó el Oso de Plata en la noche germana en la que se conocieron los premiados. Un segundo lugar entre los grandes parece una mengua para la película del afamado director chileno que estaba precedida de grandes comentarios sobre una calidad que ratificaría la maestría del aún joven regista austral. Larraín ya tuvo otros reconocimientos de primer nivel por su trabajo fílmico. Entre otros, una candidatura al Oscar por “No”, hace apenas tres años. No se discute el mérito de quien se llevó el Oso de Oro, “Taxi”, del realizador iraní Jafar Panahi. En todo caso, resulta reconfortante el hecho de que América Latina recogió un abultado palmarés en el festival alemán que acaba de clausurarse y cuyos premios se entregaron el sábado pasado, un día antes del cierre de proyecciones. En la suma, América Latina obtuvo 5 premios en Berlín.

El director y ganador definitivo de esta edición de la Berlinale es un perseguido político y un verdadero preso de conciencia de su país, la teocracia de los ayatolás, es por eso que debe filmar de manera clandestina, o casi. Así lo hizo para esta producción premiada en la capital de lo que fue el Reich y que hoy es un país como todos, sin perder la gloria que le dieron sus científicos, creadores en el arte, deportistas y sus filósofos.  En efecto, el cineasta iraní ha sentido el peso de varias formas de persecución por su actividad artística: desde hace seis años tiene vedado el poder salir del país “ario”, en el 2010 pasó tres meses en la cárcel de la que salió por el escándalo internacional que generó su captura y, como corolario, en ese mismo año se lo inhabilitó por dos décadas para hacer cine o dar entrevistas, cuyo tema sea la situación interna de Irán.

Es por eso que debe considerarse que el cine con factura de Panahi en la actualidad sea una suerte de actividad clandestina y eso lleva a imaginar que el premio ganado en la capital alemana tiene un alto contenido de protesta política, por encima incluso de la necesaria calidad cinematográfica, que en este caso no podría discutirse. El realizador no renuncia a enfrentar la censura, y su labor relata una cotidianidad de la nación oriental en la que se hace repetida la atmósfera de opresión y cierre a las expectativas mundanas que afectan al hombre común. Esto ya se vio en sus películas anteriores como “Esto no es una película” y “Telón cerrado” en las que desde el título se revela la intención de impugnación al relato oficial atravesado por el tufo del fundamentalismo. En la película ganadora de Berlín, Panahi redobla la apuesta y tuvo como remate el hecho de que su sobrina recibió en llanto el premio, pues el director no puede salir de su cárcel territorial en la patria propia

El director persa no es nuevo en el oficio y de eso hablan los múltiples premios acumulados durante su carrera. Ya ganó en Cannes, hace 20 años, el premio a mejor “opera prima”, en el 2000 recibió un León de Oro en Venecia y en el 2006 se echó al hombro el Gran Premio del Jurado, en Berlín. Este último lauro fue el mismo que obtuvo ahora el chileno Pablo Larraín, quien escolta al iraní con el segundo gran reconocimiento en importancia, en esta edición 65 de la Berlinale.  Panahi ha dicho, con oportunidad de conocer su nombre sobre este galardón, que no podría renunciar a filmar aunque sea a escondidas, porque eso es su propia vida y no sabe “hacer otra cosa” más que películas. Es también por eso que el director medioriental no sólo recibe premios en festivales sino que sus trabajos gozan además de buena fortuna taquillera en Occidente, al tiempo que en su propia casa las películas deben verse en CD o en formatos digitales, dada la prohibición que existe sobre su obra desde hace muchos años

Jafar Panahi - Irán Patricio Guzmán - Chile
Cineastas

Hubo una fuerte cadencia de lengua española en este certamen pero pocas películas realizadas en la Península, en contraste con lo que ocurrió en la simultánea y reciente gala de los Goya en Madrid. Esto no obstante de que el cine español tuvo un nuevo tiempo dorado de recaudación durante el año pasado, y la tendencia de los jurados en el festival de la capital ibérica se inclinó por las producciones locales. El toque del cine hablado en español lo brindó Hispanoamérica y no fueron los de siempre los que recogieron los mejores réditos. No hubo esta vez cine sobresaliente de Argentina y tampoco el Brasil tuvo un aporte que pudiese hacer peligrar en portugués lo hecho por los vecinos del continente. Chile en primer lugar y luego México y Guatemala fueron los que más brillaron en esta Berlinale. Los guatemaltecos se llevaron un Oso de Plata “Alfred Bauer” por “Ixcanul”, un largo metraje que “abre nuevas perspectivas”, con temas étnicos, del realizador Jayro Bustamanante.

La trama de “El Club”, de Larraín, aborda un tema denso y de permanente actualidad: el de los curas que perdieron el camino y le hicieron un quite a los votos y al renunciamiento por la tentación de la carne, sobre todo cuando hay niños de por medio. Ese tipo de temáticas es una línea que defiende el reconocido cineasta sudamericano y que ya se vio en las primeras cintas que le dieron fama mundial: “Tony Manero” y “Post mortem”. De alguna manera, tanto Larraín como su veterano colega, Patricio Guzmán, comparten la línea argumental aunque no siempre el objeto específico, el pasado y sus grandes conflictos. Al igual que lo hecho en Irán por Panahi, estos dos creadores chilenos hacen cine testimonial y de denuncia sobre el presente y el pasado. La tragedia y la puesta en escena del dolor y la impunidad por la vía del silencio, son sus alternativas temáticas a las que no parecen dispuestos a renunciar, a pesar de las críticas por la recurrencia.  

México llevó a Berlín “600 millas” y eso le permitió al director Gabriel Ripstein alcanzar el premio a “mejor primer largo metraje”, un lauro muy estimulante para un director que viene de una familia con nombres reconocidos en el mundo del cine. Los chilenos llevaron ocho títulos de largo metraje y un corto para diferentes áreas del Festival, por lo tanto tampoco debe sorprender lo alcanzado por “El Club” y por un cine que está alcanzando plena madurez, al tiempo que parece haberse liberado de la paternidad que siempre tuvo sobre ellos la tradición en ese arte de sus hermanos trasandinos. Además del galardonado filme de Larraín, su compatriota Guzmán con “El Botón de Nácar”, se llevó el Oso de Plata al mejor guión. En el cierre, los australes se fueron también con los premios a mejor documental, en coproducción con Uruguay, por “El Hombre Nuevo”, dirigida por el oriental Aldo Garay. Por si fuera poco, el premio al mejor cortometraje también fue para los chilenos por “San Cristóbal”, de Omar Zúñiga Hidalgo. El sorpresivo festival de cine de Berlín apagó  proyecciones para la edición del 2015 y alguien recordó que el año pasado estuvo en esa misma pantalla Boyhood”, que se fue de allí sin recibir honores (aresprensa).    


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