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OSCAR A LA MANO / CINE / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 21 de febrero de 2015 / 12.30 horas, en Bogotá D.C.

OSCAR A LA MANO 

El tiempo que falta ya no se puede contar en días sino en horas. Es inminente la entrega de las estatuillas, tan codiciadas como celebrantes de la fatuidad de los grandes de la pantalla y del mercado que rodea a todos en el ámbito cinematográfico. En ese contexto las figuras brillantes pasan de ser un frío referente de lo hecho en el cine a una expresión masiva de sueños. Eso es la fiesta del Oscar que se repite año tras año y vuelve a serlo en esta edición 87 de la gala de leyenda.  Tal como sucede siempre, aparecen los “premios cantados” en esta nueva versión de la celebración de California. Son aquellas producciones, primeros actores y actrices, aunque también los secundarios, que son nombrados con bombardeo mediático desde hace varios meses, en especial cuando comenzó la entrega de galardones en los eventos previos. Así ocurrió con el Sindicato de Actores, las asociaciones de críticos y festivales variados en peso y geografía. Entre ellos, el Bafta de Londres, que fue el último encuentro preliminar de estrellas a la gala que se avecina.

Escribe: Maglio GARAY

Entre esos sueños revueltos que unen a las luminarias y al público que los admira y sigue, están los de Julianne Moore, quien es un caso excepcional. Ella llega al último escalón con “Por siempre Alicia”, que es una saga con un rol demasiado difícil para cualquier gran actriz, pero que ella sacó adelante con tanta solvencia como mérito para aspirar a un Oscar. Lo mismo ocurre con Patricia Arquette por “Momentos de una vida”, conocida mejor como “Boyhood”.   Las coincidencias de la crítica del mundo han sido absolutas en lo que hace a estas interpretaciones, que aspiran al gran premio y hacen crecer las expectativas para las dos estrellas.  

Entre los actores también hay un recorrido absoluto en las premiaciones, no para todos, pero sí para los siguientes candidatos: J.K.Simmons barre con “Whiplash”, entre los roles secundarios y Eddie Redmayne como mejor intérprete, por la “Teoría del todo”. Absoluto en las previas no significa que el triunfo reiterado se repita en el Oscar, sólo significa que va adelante en la carrera por lo acumulado sin que eso garantice el último peldaño de la consagración integral que, como es obvio, resulta de ganar la dorada estatuilla.  Ya se sabe que la Academia es caprichosa y le molesta el ruido de esos premios precedentes que no alteran su primacía aunque siempre la discutan de forma implícita

Tampoco se premiará en este paso a la originalidad porque lo hecho por Redmayne, por ejemplo, ya se vio con Daniel Day-Lewis en “Mi pie izquierdo”. Entonces, lo que se discute en esta edición es más bien la maestría y el profesionalismo de la interpretación puntual. En lo que hace a las aspiraciones por la mejor película, entre las 8 candidatas se observa la tendencia a otorgar mérito máximo por los temas biográficos. La diferencia en esa línea se observa entre las candidatas a mejor película en lengua no inglesa. En este último caso se repite la secuencia de temas sociales y políticos sobre las problemáticas específicas de los países que representan a las candidatas

Entre los directores la puja es álgida y Richard Linklater por “Boyhood” pareciera apuntar a la meta por una cabeza, si no fuese por el hecho de que Bennet Miller por “Foxcatcher” y González Iñárritu por “Birdman” se mantienen con brío en la disputa. Las acciones de Morten Tyldum por “The Imitation Game” y de Wess Anderson por “The Grand Hotel Budapest” han bajado en expectativas durante las últimas semanas. En todo caso, ninguno de los nominados arrancó con posibilidades superiores sobre los demás y eso si se tiene en cuenta que uno de los grandes directores en esta carrera al Oscar, Clint Eastwood, no apareció en la lista en uno de los inexplicables giros de la temperamental Academia, cuando se trata apartar o estimular a alguien. Al viejo vaquero de los “western spaghetti” de los años 60 ya no le caben trofeos en la vitrina de su casa, por su consagración al cine, pero llama la atención el no aparecer en la dorada y reducida nomenclatura, cuando su última película aparece con varias nominaciones para esta versión.  

Eso de la biografía lo demuestra una simple descripción de los casos. Una de ellas es la vida de Stephen Hawking, que es en realidad la pesada existencia de la esposa del físico y de sus complejidades psicológicas y afectivas, que se mezclan con la rareza de una profesión excepcional y el título de “genio” que le endilgó a Hawking su entorno afectivo y científico.  La factura cinematográfica no es destacable, salvo que fue hecha para el lucimiento actoral de Redmayne con una mala adaptación del libro de Jane Wilde. La película hace una mezcla entre sueños y estado de vigilia, que por momentos parecen escenas de la pasada “Gravity” con reiteración de situaciones fuera de contexto, como las que tuvo esa otra producción que protagonizó la conocida Sandra Bullock, también con desacierto

Richard Linklater Julianne Moore
"BOYHOOD" "STILL ALICE"

                                                               

Otra biografía candidata es la de Alan Turing, el iniciador de las computadoras y un genio aplastado por los prejuicios de una época como la que vivió el personaje. La historia sigue el paralelo entre el hombre que lucha de manera silenciosa por la victoria de su país en la guerra y la propia guerra que debe sostener con el entorno dispuesto a rechazarlo y condenarlo hasta el final, como en efecto ocurrió de manera trágica. Benedict Cumberbatch interpreta a Turing con maestría y recrea un cuadro histórico que durante mucho tiempo se mantuvo en secreto. Otro tanto puede decirse de “Foxcatcher”, en una discutida biografía de otra parábola trágica, como fue la que sufrieron no hace mucho tiempo el multimillonario y heredero John Dupont, como los olímpicos hermanos David y Mark Shultz.

Allí se luce Steve Carrell en el rol del extraño magnate y asesino, para competir con el otro gran nominado y explotado por los medios, como lo es “American Sniper”, quizá por una dirección que lleva el mítico nombre de Clint Eatswood. En esa última película, que insiste en halagar el reconocido espíritu patriótico de los norteamericanos, es difícil reconocer y registrar la aureola merecida de gran director que arrastra Eastwood. Esto aun cuando el astro Bradley Cooper hace un decoroso papel para reencarnar a uno de los más afamados soldados de la potencia americana, Christian Kyle, en uno de los últimos conflictos entre los muchos en los que se han comprometido los Estados Unidos durante las últimas décadas. Ese condimento del patriotismo exagerado podría derribar todos los pronósticos favoreciendo a un filme más que discreto en todos los rangos de competencia.   

En la misma línea aparece “Birdman”, en otra aparición del conocido aspirante a la estatuilla, como lo es el mexicano Alejandro González Iñárritu. Se trata de un filme con un tejido oscuro, laberíntico y claustrofóbico, quizá demasiado inflado por la onda mediática, tal como lo fue “Gravity” en su momento. El trabajo cinematográfico abusa de planos y secuencias pero no logra hacer un buen paso de lenguaje y manejo de imagen desde el teatro al cine. A esto debe agregarse que la concepción fílmica también tuvo antecedentes superiores, tal como lo fue esa obra maestra de 1950, también llamada “La Malvada” ("All about eve”) a la que debe sumarse otra recordada: “El vestidor” (“The Dresser”). Un cuento aparte son las candidatas al premio a mejor película en lengua no inglesa. Allí compiten cinco producciones y pareciera que no habrá sorpresas porque la polaca “Ida”, acumula demasiado peso simbólico y de aceptación.  

Ese trabajo de Europa Oriental ha sido calificado como “demasiado perfecto”, algo inusual en esta industria y cuando se valora el mérito estético. Acompañan a ese trabajo una cinta rusa “Leviathan”, la que también arrastra  buen peso previo como el hecho de que fue censurada en el país de Vladimir Putin por la crítica política que tiene su guión. También están en la baraja “Tangerines”, de Estonia un país que llega por vez primera a esta altura y, además, una africana de Mauritania con el director Abderrahmane Sissako: “Timbuktu”.  Una consideración aparte merece la producción argentina “Relatos Salvajes” ya bien conocida por el éxito que ha tenido en salas de América Latina, en las que sigue proyectándose. El encuadre y alocado argumento de este filme de Damián Szifron recuerdan el sabor crepitante de un Pedro Almodóvar, quien participa en la producción con su hermano Agustín. También recuerda y parece inspirada de manera evocativa en aquellas clásicas italianas de Dino Risi, Mauro Bolognini y Elio Petri. Ya todo está dicho y ahora la espera es corta (aresprensa).    


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