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LADY GAGA FUE LA ÚNICA / CINE / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 02 de marzo de 2014 / 14.15 horas, en Bogotá D.C.

Una Sorpresa en el Oscar 2015

LADY GAGA FUE LA ÚNICA

Todo parecía y apuntaba hacia un título que favorecían las apuestas en el aire, pero ese todo salió al revés: la que parecía segura ganadora, “Boyhood”, le abrió paso en el último instante  al privilegiado real: “Birdman”. La otra, esa que insumió muchos años de filmación se fue casi con las manos vacías, tal como ocurrió en la Berlinale del año anterior, porque tampoco sus expectativas se confirmaron en los hechos. No fue una sorpresa en los papeles, la película del mexicano era una de las favoritas, pero sí sorprendió el que le ganase a la otra debido a que también la obra de González Iñárritu tenía contradictores, entre sectores conservadores y de los buenos conocedores que son parte de quienes definen en la Academia. El latino se llevó dos de las presas más deseadas: mejor película y mejor director. No puede dudarse de que el ya consagrado director mereció el reconocimiento, lo mismo que su trabajo y el renglón a mejor guión, que fue otro de los grandes premios. Esto último porque, sin duda, la trama del libro es de una altura excepcional. La verdadera sorpresa fue Lady Gaga con una presentación que permite apreciar su calidad de gran cantante, al margen de sus conocidas excentricidades y que podría ser señalada como sorpresa única de la pasada edición del Oscar, una semana después de adjudicados los dorados premios.

Escribe: Maglio GARAY

No obstante y tal como ya lo dije desde estas líneas, no se ponderó en menos lo que tenía como debilidades la película ganadora: planos reiterativos, similitud demasiado evidente con guiones consagrados de anteriores obras cinematográficas y debe decirse sin aprensiones que quizá fue demasiado premiar la fotografía como cuarto Oscar para la película de González Iñárritu. Merecía mucho pero tampoco tanto. La película de Linklater merecía más y se fue casi por la puerta de atrás, salvo un pírrico y poco consolador premio a la mejor actriz de reparto para Patricia Arquette, justo y sin discusión impugnadora. Lo cierto es que los premios que alcanzaron los latinos, con González Iñárritu a la cabeza, muestran un avance en el reconocimiento que hace la Academia al talento que no es anglosajón

Al margen de la anécdota, hubo un cierto equilibrio en la adjudicación de galardones y ya casi no se observa una premiación contundente que arrase con estatuillas principales y secundarias. Algo de exceso, como ya se señaló, pero nada de exageraciones. Apenas cuatro para cada uno de los mayores ganadores, es suficiente. También se observan los cambios que más allá de la producción en sí misma produce la técnica, pues esta obliga a modificar los rubros asignados en la distribución de premios. Esto porque no es sólo la fotografía la beneficiaria del elogio, también el sonido y aquello de los efectos especiales, amados por Hollywood como secuela gratificante y estimulante para el negocio y la industria, cuyo mayor regocijo está más allá del arte y se ubica más bien en la movilidad de la taquilla que promete el despliegue de tecnogía.

Por tercer año consecutivo permaneció el formato de nominar entre 8 y 10 producciones y, al parecer, está destinado al recuerdo el dejar sólo un lote de 5 películas para la carrera final, en todas las gamas de premiación. Ese cambio apareció como un aliciente, pero es baldío porque siempre desde el inicio de la etapa definitiva a la consagración no hay más de dos ó tres producciones con chapa ganadora y es normal que una de ese pequeño lote de pronóstico siempre se alce con la estatuilla. Así ocurrió de nuevo en esta edición del Oscar. El rubro donde parece no haber cambios es el de mejor película en lengua no inglesa, en el cual arrancan unas 80 producciones y terminan apenas 5, dentro de la tediosa ceremonia que, en esta ocasión, tuvo más vocación al sueño que en las anteriores recientes, también tediosas. La pésima animación de Neil Patrick Harris aportó con éxito al aburrimiento.

Dado que no hubo sorpresas mayores y las cosas se repartieron de manera salomónica, el “hotel budapest” salió recompensado en un segundo plano con 4 estatuillas, al igual que la ganadora de primer plano, “Birdman”. La otra se alzó con los principales galardones técnicos y eso se esperaba. Los méritos, menores si los compara con las aspiraciones del trabajo de Wes Anderson, fueron: el diseño de vestuario, maquillaje y peinado, el de la banda sonora y el diseño a secas. En esto se repitió la tendencia: la Academia no premia comedias en lo que hace a los mayores renglones. Los seis mil electores, en cifra aproximada, premian los grandes dramas o las biografías, en especial las heroicas y aquellas que le rindan tributos a quienes los norteamericanos consideran sus héroes. Es por eso que la obra de González Iñárritu tenía grandes opciones entre las candidatas con mayores perspectivas.

Es cierto que la línea argumental de “Birdman” habla de un héroe fracasado, pero también de un súper héroe y eso cuenta para el imaginario de los anfitriones. Esa línea incluye mucho de melodrama y en eso se ve  la mano de los latinoamericanos que fueron responsables del escrito: el propio director mexicano y los argentinos Nicolás Giacobone y Armando Bo. Hay un cierto sabor de historia propia de las telenovelas de esta parte del mundo en el drama del actor de Hollywood que retrata Michael Keaton.  Por eso es que las contradicciones y la exageración con una cierta carga del “kitsch” propio de nuestro mundo latino, aparecen en esa historia compleja y llena de efectos especiales. El premio al mejor guión que se llevó “Birdman” lo dice todo y es una suerte de lauro de élite para quienes votan en Hollywood.

J.K. Simmons P. Arquette B. Cumberbatch
"Whiplash" "Boyhood" "The Imitation Game"

                                                                                         

También cayeron dentro de las previsiones las asignaciones a la  actriz secundaria que correspondió a la Arquette; así como también el de actor principal, que fue para la representación de Eddie Redmayne por su papel como Stephen Hawking, y el de mejor actor de reparto que ganó J.K. Simmons por su rol en “Whiplash”, una historia con una celebración fuera de lo común a la vitalidad y la lucha por las aspiraciones individuales. Esta producción se llevó también uno de los premios consuelo por mejor mezcla de sonido, algo parecido a lo concedido al “Francotirador”, con un marginal reconocimiento por la edición de sonido. Si bien para Simmons el premio fue de los grandes y el complemento nada le resta, no puede decirse lo mismo para el magro rédito que quedó para la dirección de una leyenda, como es Clint Eastwood, y su historia sobre el guerrero americano Christopher Scott Kyle.      

El caso de Redmayne por “La Teoría del Todo”, merece un párrafo especial, pues desplazó una actuación más que sobresaliente de Benedict Cumberbatch por “The Imitation Game”. En realidad fue mucho más meritorio el trabajo sobre la vida del científico armador de la lógica que permitió la aparición del computador, frente a la trayectoria  del cosmólogo Hawking. Pero ocurre que la obra del físico frente a la del matemático, tiene mejor prensa y recordación que esa otra del oscuro personaje que en la Segunda Guerra Mundial contribuyó de manera anónima a la victoria de los Aliados. Ambos personajes recreados son británicos y aunque los dos mucho le aportaron a la humanidad y uno permanece entre nosotros, la elección de la Academia se volcó por lo más conocido y reconocido.

El homenaje al medio centenario de “La Novicia Rebelde” y a su intérprete, Julie Andrews, fue una nota sobresaliente entre tanto tedio de aquella noche de gala. Lo mismo debe decirse para la puesta en escena de manera plena y presencial de la banda musical de la película “Selma”, que se llevó una estatuilla como mejor canción original. Este año hubo escasa producción de cine con patente étnica y esto provocó cierta inquietud y resquemor porque no faltan las recriminaciones a cierta sordina discriminatoria. La película sobre un momento especial de la lucha por igualdad de derechos civiles que encabezó a inicios de la década de los 60 el sacrificado Martin Luther King, puso de nuevo en escena los fantasmas que azotaron la historia reciente de los Estados Unidos

Puede subrayarse entonces que no hubo conspiración discriminatoria, no solo por el primer plano que tuvo la producción sobre el reverendo King y su batalla, sino que otra consagrada como es “Still Alice”, borra cualquier sospecha al respecto. El bello tratamiento que se hace en esa cinta de las consecuencias emocionales y materiales de una enfermedad catastrófica, le permitió a Julianne Moore llevarse el reconocimiento a mejor actriz protagónica y poner de relieve que ese tipo de temas no está vedado en manera alguna para alcanzar la máxima altura, en lo que hace a premios. También se puso allí en primer plano que una dolencia brutal, como lo es el Alzhaimer, puede disolver cualquier forma de solidaridad o fortalecer los lazos de quienes sufren sus consecuencias en el entorno.       

Un párrafo especial de mi comentario debo dedicarlo al premio que se adjudicó a la polaca “Ida” como mejor película en habla no inglesa. Sucede que en este campo aparecieron producciones que no dudo en calificar de excelsas por su calidad y el tratamiento que se da a las temáticas de cada uno de los países que representan. No otra cosa podría decirse de la rusa “Leviathan”. Debe considerarse como extraordinaria la fotografía en blanco y negro de la premiada, aunque la trama es repetitiva sobre los dramas de la Polonia reciente. Es necesario señalar todo esto antes de decir que fue una verdadera pérdida que la película argentina “Relatos Salvajes” debiera resignarse a perder un premio que merecía por su genialidad de cuño latino.

Entre los invitados a la ceremonia de premiación hubo muchas caras desconocidas, anunciando quizá una renovación generacional entre actores y productores. Fue notoria la no presencia de constantes comensales en la mesa de la gala. No pasó inadvertida la ausencia de los reiterados, tales como George Clooney, Brad Pitt o un infaltable del jet-set de Hollywood, como lo es Tom Cruise. En ese marco, está claro que lo que causó verdadero impacto, además del homenaje a Julie Andrews como novicia rebelde, fue el destape de gran profesional del canto que puso de relieve Lady Gaga. Nada de puesta en escena fuera de límites para demostrar que la fama que porta es un mérito indelegable, con una gran voz femenina en los tiempos vigentes que necesitan de grandes figuras, tal como ella lo es (aresprensa).            


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