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TESSAROLO: TRAZO FIRME, TRADICIÓN SÓLIDA / ARTES VISUALES / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 03 de abril de 2015 / 17.25 horas, en Bogotá D.C.

TESSAROLO: TRAZO FIRME, TRADICIÓN SÓLIDA  

Es un pintor argentino de ascendencia italiana, o al revés, cuyo comportamiento cotidiano no deja dudas: es el mismo de cualquier porteño de Buenos Aires, pues jamás perdió los rituales y las maneras rioplatenses, ni el característico dejo en el habla. Le ocurre lo mismo que al papa Francisco: se puede expresar en buen italiano, pero tiene los “tics” del carácter propio de los argentinos. Ha sufrido una suerte de injusto marginamiento  y se le ha privado del rédito de un merecido y mayor reconocimiento por la sociedad colombiana, que lo acogió en la mejor parte de su vida artística y a la que le dejará tarde o temprano el mayor espesor de su herencia creadora. En efecto, porque Tessarolo ha construido y convertido su trabajo en un legado para el patrimonio pictórico permanente del país cafetero. Esto exigirá en algún momento futuro una valoración menos apasionada en la negación y más justa con el mérito. Cuatro décadas de oficio en Colombia muestran etapas manejadas con profesionalismo de pintor renacentista, el mismo de sus ancestros europeos, aunque también con la impronta de maestros del Plata, como lo fueron Antonio Berni, Fernando Fader o Benito Quinquela Martín. Una particular manera de trazar la línea del dibujo y un toque impactante en el color son característica en cada cuadro de Tessarolo, cuyas series temáticas en obra se agrupan en líneas desarrolladas, a veces, durante mucho tiempo

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

Algunas de esas líneas son las del Carnaval de Venecia o las imágenes de cristos y temas religiosos de larga cadencia, las que centraron su atención en diferentes etapas creativas, de la misma manera como también dejó atrás una serie multicolor sobre el jazz, que fue parte de sus vivencias en New Orleans. Experiencias similares a las que recogió en esa urbe de canales del país de sus abuelos. Tessarolo ha tenido una vida productiva y personal llena de alternativas contrapuestas pero con un hilo conductor: el trazo rápido, firme y preciso, el color fuerte y llamativo. Es así como asumió en su acervo personal unos patrones culturales de referencia universal, puesto que a Venecia se le debe sumar ese caldero de registros que es el sur norteamericano, ligado al Mississippi. El mismo de las grandes tormentas, las inundaciones, Baton Rouge y la música en la calle, con el colorido del Mardi Grass

Aun cuando sus críticos descalificantes señalan que es mejor dibujante que pintor, lo cierto es que el trabajo de Tessarolo no deja dudas sobre su maestría, a la hora de construir un tejido argumentativo de orfebre centrado sobre la imagen en pátina. Por otro lado es preciso señalar que el artista, alzó su bagaje y lo descargó en lenguaje pictórico propio de la modernidad, afirmándose en aquella reminiscencia que ancla en el Renacimiento e incluso mucho más atrás, desarrollando su obra en imágenes propias del siglo XX, preñadas por los determinismos del mercado y el consumo. En esto último mantuvo una evocación de su paso por la publicidad y el diseño, como parte de una impronta y memoria irrenunciable de pintor. Eso no debiera escandalizar a nadie y, en todo caso, si a alguien debiese reclamarse, ahí están Henri Toulouse-Lautrec o el mismo Andy Warhol como para indicar que todo extremismo conceptual debería renunciar a mantener una sacralidad en la creación pictórica que se abstraiga, hoy por hoy, de las lógicas del intercambio textual y simbólico propios de la mercancía.  

Quizá es por eso que su propuesta no ha sido comprendida con suficiencia hasta ahora por quienes son operadores de la opinión sobre el arte que se produce en Colombia. Tampoco todo el mundo acepta que una traza delgada, pero sólida, articule la experiencia vital del sur norteamericano con Venecia. Lo cierto es que esa marca existe por la construcción de identidad cultural entre el Mediterráneo y el norte de África, a través de siglos de encuentro inevitable, con mediación de Grecia Roma y Egipto. Tal coincidencia queda en la obra de Tessarolo como testimonio de mestizajes y maridajes plásticos. Es evidente en esa huella que algo deja en la tradición del arte occidental -un sustrato entre hedonismo explícito al tiempo que con una marcada restricción religiosa- resulta de cruces culturales como éstos. Eso mismo es lo que vivieron en anárquica relación los colonos y conquistadores, españoles, franceses y, por último, sajones en mezcla vital y conflicto con los afrodescendientes e indígenas, que se hace perceptible en los numerosos cuadros de Tessarolo sobre el Mardi Gras y el jazz deldeepest southde Estados Unidos

GERMÁN TESSAROLO
Obra Múltiple

EL ARTISTA

Por lo tanto no debe extrañar el salto de imágenes que muestra la obra del pintor sudamericano en su largo recorrido, pues hay vasos comunicantes entre el recuerdo dionisíaco del carnaval de la ciudad italiana con lo que ocurre a la orilla estadounidense del Golfo de México. Ocurre que tales saltos no existen, pues es una misma base fundacional con diferentes manifestaciones a través de los siglos y de los pueblos que las apropian. Eso lo percibe y señala en su obra un Tessarolo que le apuesta con su olfato e intuición de artista, al desafío de mirar y decir de temas sobre los que pocos trasiegan. En ese sentido, este pintor hace demasiado tiempo que corre riesgos artísticos y  no renuncia a ellos en lucha contra la incomprensión del presente que podría ser revelación para los tiempos que vienen.   

La obsesión estética por la fiesta milenaria, en la que la “carne vale”, está dentro de una misma línea de pulsión creativa que mantuvo el pintor durante muchos años y que unifica a los mundos con una misma tradición subyacente. La atención a esa tradición no es gratuita debido al propio determinismo ancestral de Tessarolo. El Carnaval de Venecia es una festividad que entronca con todas las memorias que acumula la península y de la que no está excluida esa Roma que sabía y tenía la forma de asimilar y controlar pueblos con rituales paganos que persisten en las lógicas vigentes de construcción cultural y también en las que vertebra el mercado moderno. En todo caso, las incontables piezas pictóricas que Tessarolo ha puesto en colecciones privadas y oficiales de todo el  mundo, son un legado de esa Weltanschauung no solo para sus dos países de origen, Argentina e Italia. También lo son para su patria adoptiva, Colombia.  

Tal impronta queda además reflejada, como síntesis de historia personal, con la salida de su reciente libro, “Huellas”, el cual se lanza como parte de una trilogía planeada que le ofrece a Colombia un valor agregado para su historia cultural, desde las artes visuales. Tessarolo dejó atrás una vida con los excesos propios de muchos artistas y de la cual habla con tanta transparencia como sin tapujos, para señalar que su vigente contrición religiosa -que sigue desde hace más de un cuarto de siglo- es tan firme como su compromiso con el arte, aunque este último es más añejo que sus convicciones y militancia espiritual en evolución y manifestación permanentes. Sus ancestros peninsulares renacentistas también eran pródigos en exceso y creatividad, en paralelo con relaciones sociales restrictivas exigidas en tributo a la divinidad. Basta con recorrer los museos y templos europeos o americanos, de los tiempos del barroco colonial para el caso local,  para tener muestras de tales vivencias en paralelo. Lo mismo ocurre si se recorre con la vista y la sensibilidad la polifacética obra de Germán Tessarolo (aresprensa).           


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