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CALIENTE CUMBRE EN PANAMÁ / DOXA / ACTUALIDAD

Publicado el 09 de abril de 2015 / 15.05 horas, en Bogotá D.C.

CUMBRE CALIENTE EN PANAMÁ*

La presencia de  Cuba y el crecimiento de la tensión entre Venezuela y Estados Unidos, así como también la misma profunda crisis interna venezolana, ocuparán la atención continental sobre la Cumbre de las Américas que se realiza en Panamá. A esos tres aspectos debe agregarse la evolución del proceso que busca la paz en Colombia, el cual tiene fuertes vínculos con los escenarios venezolano y cubano. Otro de los detalles que le pondrán color y picante difícil de tragar para algunos de los variados visitantes del  Istmo en los días de reunión, será la presencia de disidentes cubanos y de reclamantes venezolanos. Un detalle de folclorismo regional en una zona del mundo en la que se hace evidente la continuidad de una fuerte confrontación ideológica que hace imaginar y evocar lo que fue la Guerra Fría, que muchos suponían superada hace al menos un cuarto de siglo.

El tiempo y sus cambios no parecen haber pasado para una parte de los latinoamericanos, aún no se sabe bien si como una reminiscencia siempre impugnadora hacia la gran potencia del norte del continente o como un resabio del atraso político que no atina a formas más creativas por fuera de la simple confrontación con quien se considera como el constante agente de todos los males del mundo y, en especial, de América Latina. Ahí está para ejemplo de lo que piensan por aquí muchos de sí mismos y de los otros, los poderosos, el libro emblemático de Eduardo Galeano, “Las Venas abiertas de américa latina”, en el cual todas las culpas por las miasmas del continente están afuera, con responsabilidad cero para los quienes juegan de locales.

Es que esa visión de Galeano, una impecable prosa impregnada de desmesura ideológica, es la que se pasea oronda por los palacios de gobierno de varios países de la zona. Una perspectiva válida para justificar los peores crímenes, como ocurre con quienes prohíjan los desmanes de la subversión colombiana y le asignan una condición salvífica de procedimientos y fines, por su pretendida postura “revolucionaria”. En ese mismo plano, la direccionalidad del llamado Foro de São Paulo, creado a instancias de Luiz Inácio Lula da Silva y Fidel Castro, le dieron pie y coyuntura de validez a esa forma de termocefalia que todo excluye y viola en lo que hace a derechos y garantías tanto ciudadanas como democráticas, tal como sucede en Venezuela. Por eso no fue casual que el regalo que le obsequió a Hugo Chávez a Barack Obama en la cumbre americana de Trinidad-Tobago, en el 2009, fue precisamente el libro de Galeano.       

Es por eso en consonancia que el pronóstico de lo que se diga y se vea en la inminente Cumbre de las Américas a celebrarse en Panamá se lo llevará ese discurso cargado de epítetos propios de lo que fue la Guerra Fría, a despecho de que la Unión Soviética hace ya casi tres décadas que dejó de existir con su relato, por volver a ser la Rusia histórica que no reniega de sus tradiciones y poco se refiere a su anterior lucha por el socialismo. Para que eso ocurra, los temas que están sobre la mesa y le darán combustible a los incendiarios rondan a la grave situación interior que sufren los venezolanos, en tanto que también abarcan a una Cuba aún renuente y en transito lento hacia nuevos horizontes en su relación de acercamiento a trancazos con los Estados Unidos y como eje ligado con otras disputas a cargo de los referidos gobiernos contestatarios.

Varios de esos temas son reiterativos en estas mesas en las que Canadá y los Estados Unidos se sientan con sus pares del continente, al tiempo que afrontan la soledad frente al disparo ideológico e impugnador de buena parte de los iberoamericanos. En los alrededores de los sitios de reuniones oficiales ya confrontan en ruido y posiciones aquéllos que por distintas razones, entre otras las ideológicas, reclaman contra gobiernos e instituciones. Allí estarán los venezolanos que cuestionan a los bolivarianos en el poder para gritar por los derechos humanos que viola de manera sistemática el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, también los cubanos disidentes y, junto con ellos, reclamantes y defensores de otras pelambres como los que siguen defendiendo a los vigentes totalitarismos, propios de literatura obscena en lo político.

Entonces, las evidencias de lo antidemocrático y las discusiones que al respecto se extienden en la región agitarán el ambiente alrededor del silencio de las posiciones oficiales en la que tendrán vocería los distintos mandatarios presentes. Se ha anunciado que estarán 35 jefes de Estado en total y eso incluye a Cuba, que regresa después de más de medio siglo de ausencia de este tipo de encuentros. En los debates paralelos aparecen los foros, por “la juventud”, de la misma forma como los de la “sociedad civil”, o el económico que agrupa a empresarios. También ellos atravesados por la tensión y disputa ideológica que campea en la región. Todo esto señala que el calor implícito o en estallido no solo estará en el debate puertas adentro de las sesiones oficiales sino además -ya comenzó- en las calles de la capital panameña. En ese marco, la firma de una carta de condena y protesta de más de dos decenas de exmandatarios latinoamericanos enfrentados con Nicolás Maduro y la presencia de las esposas de los presos políticos más emblemáticos del régimen dictatorial de Caracas, están señalando hacia dónde siguen apuntando las pujas del vecindario.

El escenario recuerda en la distancia a uno de los primeros foros calientes, tal como fue el de Mar del Plata en el 2005, en el cual la coyunda entre un Néstor Kirchner aún estrenando presidencia con un mañoso y experimentado Hugo Chávez, en asocio con otras compañías similares, fueron quienes “apretaron” a un George Bush quien llevaba bajo el brazo, para la ocasión,  la propuesta de una suerte de nueva y más ambiciosa “alianza para el progreso” capitaneada por los Estados Unidos. Allí, se pensaba oponer al continente frente a otras alianzas estratégicas continentales de interés económico para afrontar una crisis económica que se gestaba y estalló al final de la década. La frustración y la pugnacidad con los norteamericanos en la posibilidad de reeditar a nivel continental lo que una década antes había inaugurado el tratado de libre comercio entre México, Canadá y los propios Estados Unidos, le abrió paso a la idea de que los latinoamericanos debían agruparse excluyendo a los norteamericanos -salvo México- y armando sus kioscos regionales. Así nacieron el Alba y también Unasur, el primero aupado en las propuestas del ya mencionado Foro de São de Paulo que, se sostiene, es la turbina ideológica que le da aliento a este vendaval pugnaz que ya superó los tres lustros de vigencia.

En ese marco de turbulencias, con países que incumplen con desvergüenza los postulados del Protocolo II de Ushuaia, en vínculo con la Carta Democrática interamericana, queda poco margen para tocar situaciones que sí atenazan a la región como es el de la expansión regional de la industria del narcotráfico y sus crímenes, o la explotación irracional de los recursos naturales no renovables, como esquema de protección ante futuras crisis económicas. También quedará excluido de la discusión y sin agenda prevista, un problema bien delicado como lo es el abolicionismo penal que se extiende como mancha de aceite desde el Cono Sur, o la desinstitucionalización generalizada de la mano de la corrupción que carcome la credibilidad en esas instituciones, además de otras cuestiones relacionadas no menos importantes y peligrosas para la tranquilidad del área.

El panorama señalado también debería incluir como expectativa de abordaje el aumento de los cinturones de miseria en los países integrantes de la comunidad y la inseguridad interna también en expansión, como sucede en la Argentina y Venezuela. El crecimiento económico de la zona ha sido menos que tímido en los últimos tres años, apenas superior al 1 por ciento,  y el PIB del último ejerció anual no alcanzó el 2 por ciento,  salvo excepciones como las de Paraguay, Bolivia, Ecuador y la misma Panamá. Esa situación  de receso no tiene visos de terminar en el corto plazo y ello está vinculado con la caída internacional de los precios de los commodities y el freno de la expansión económica asiática, que avanza hacia la media década de vigencia. Brasil es un ejemplo de lo que ocurre cuando se produce un reflujo del crecimiento en confluencia con los escándalos de corrupción, pero la atención de lo que ocurra en la Cumbre no pasará por esos factores graves, sino por los políticos e ideológicos, dejando de lado acechanzas hasta ahora irremediables que afectarán el futuro inmediato de los latinoamericanos (aresprensa).

EL EDITOR

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* La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES  


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