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ARTEBA VINO / ARTES VISUALES / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 09 de junio de 2015 / 17.15 horas, en Bogotá D.C.

arteBA VINO

En un enrarecido marco preelectoral definitorio de la Argentina y una economía que en lo macro y a veces por debajo de la mesa dice que las cosas van mal, pero que por encima se mueve con una sensación generalizada de la gente común que niega la onda negativa, pasó la edición 24 de la famosa feria internacional de arte de Buenos Aires.  Fue un éxito para el mercado específico en los números de asistencia a la Feria, aunque menor a lo esperado, y en la recepción a las piezas de arte por parte del público e instituciones destinadas a su promoción. Todo ello en una atmósfera en la que junto con un sensorium contradictorio y unas condiciones institucionales en parte agrietadas por el ataque disolvente del gobierno al poder judicial, además de una marcada anomia que mantiene al poder ejecutivo con un alto nivel de popularidad. El rédito de esta versión 2015 de arteBA ratificó el buen momento de esa isla positiva en el panorama amplio vigente de la Argentina.

Fueron 4 días de recorrido público dionisíaco alrededor de propuestas contemporáneas, las que siguen aspirando a extender la experiencia estética con el recurso de la tecnología, materiales alternativos y propuestas sorprendentes. Son obras y trabajos que, de alguna forma, también aspiran a marginar la tradición de la dimensión limitada al bastidor con la pintura aplicada sobre la tela. La insistencia al respecto no conmueve a la tradición y el interés por el cuadro a secas se mantiene, no obstante que avanza y se afirma el intento impugnador de la vanguardia innovadora vigente. En el cierre del pasado domingo se contabilizaron unas 80 mil personas de aforo general para un restringido promedio de 20 mil por jornada, cuando en anteriores ediciones llegaron a contabilizarse unas 120 mil. 

Pero no es para desesperarse, al fin de cuentas las ventas fueron copiosas y de volumen. En especial aquellas que se produjeron en el rubro institucional. Vale decir, las compras de museos y entidades especializadas. Llegó a hablarse de un record de cambio de manos en lo que hace a propiedad fruto de transacciones que algunos consideraron “excepcionales”. Trece museos incrementaron su patrimonio permanente con la compra de obras, con un detalle al margen: 5 de esas entidades no son argentinas. Entre las mayores compras hubo piezas realizadas en la década de los años 70 y complementos de artistas jóvenes aunque ya con trayectoria afirmada. La masa crítica de la muestra estuvo constituida por más de 80 estands de galerías, en su mayoría del exterior para aprovechar no solo la coyuntura de la Feria, sino además las condiciones de la propia ciudad que carga con la fama de ser un centro cultural de primer orden en América del Sur

Entre los grandes adquirentes de piezas estuvo el Museo de Arte Latinoamericano local que se apropió, entre otras, de una obra realizada en 1980 de una artista argentina, con los 25 mil dólares que donó el Banco Citi para la compra. De la misma artista, Graciela Gutiérrez Marx, la galería Tate de Londres se alzó con otra. Los anfitriones de la Sociedad Rural en cuyos predios se realiza la muestra, incorporaron a su colección 5 trabajos de creadores locales: Gabriel Chaile, Máximo Pedraza, Marcela Sinclair y José Luis Landet. Las innovaciones sorprendentes y de “ampliación experiencial”, tuvieron amplios espacios y momentos. El oriental Martín Sastre trajo su caja de sorpresas y su acervo de Montevideo, donde ya es conocido por haber logrado un patrocinio de 50 mil dólares para el perfume del expresidente José “Pepe” Mujica. El creativo artista del otro lado del Río de la Plata trajo a arteBA su “Time”, una instalación en la cual la observación de la palabra al revés y el tiempo invertido en la misma, obligaba a donar dinero para estimular a un artista emergente, tomando como base argumental el aforismo de que “el tiempo es oro”.

MARTÍN SASTRE - Creación Desafiante

Dentro de este ámbito de expresión creativa, en el Espacio Chandon, se presentó un audiovisual realizado durante la tormenta de nieve del siglo, sucedida en New York en enero de 2015. La apuesta del público por esta propuesta también fue medida por sensores como forma de interactividad que pretendió hacer interpelación sensorial con el espectador y la medida del tiempo en la experiencia se traducía en un pago determinado. Nada de valor de uso, simple valor de cambio y experiencia “revolucionaria” desde una perspectiva marxista ortodoxa. Sastre se despachó con sus propuestas para nada alejada de la impugnación al criterio -en el que pocos creen hoy por hoy- de que el arte debe separarse, tanto más lejos mejor, de las dinámicas del mercado. Además de lo anterior, ya Sastre había aleteado sobre Buenos Aires con otro proyecto semejante, tal como fue el emular a Eva Perón con una de sus frases emblemáticas y la intervención de la artista Marina Abramovic, planteada desde la misma Casa Rosada y en su balcón histórico con vista hacia la Plaza de Mayo: “volveré y seré performers”.         

Aunque la realidad final no se conjugó con las previsiones en lo que hace a asistencia, lo cierto es que entre las presencias institucionales hubo 21 galerías que llegaron por primera vez al encuentro internacional, dentro del marco de más de dos docenas de países que trajeron su producción en las artes visuales. En los 18 mil metros que ocupó en extensión la muestra múltiple se expusieron obras de 450 artistas. Algunos de ellos verdaderos próceres del arte latinoamericano, como el uruguayo Joaquín Torres García y los argentinos Pedro Figari, Antonio Berni y Julio Le Parc. La presión de los coleccionistas extranjeros es cada vez mayor y eso obliga a diversificar las propuestas, en especial de los artistas de la región que acuden a cada versión anual de arteBA y al imán que sigue siendo la capital argentina. Un país que en el delirio cínico de la principal protagonista del Estado, la presidente Cristina Fernández, tuvo la desmesura de señalar en Roma, ante el auditorio de la FAO y en el momento en que se cerraba la Feria, que la pobreza en Argentina apenas alcanza al “5 por ciento”, cuando las cifras serias sobre este aspecto señalan que los pobres en Argentina superan con holgura el 30 por ciento de su población (aresprensa).  


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