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LA HABANA, AL DESNUDO Y A LA VISTA / ACTUALIDAD

Publicado el 17 de julio de 2013 / 10.00 horas, en Bogotá D.C.

LA HABANA, AL DESNUDO Y A LA VISTA

La rigidez estratégica de las Farc en su negativa a aceptar las exigencias que son la nuez de la negociación desde la perspectiva del Estado, llevan a la anomia y al riesgo de un cese al fuego bilateral de hecho, así sea temporal, bajo la presión del terrorismo como acción y expresión de la flexibilidad táctica con que llevan adelante su pulseada negociadora.  La rigidez señalada se expresa en tres inamovibles de los armados ilegales y uno de ellos es la no entrega de armas. La dimensión táctica tiene en el alto el fuego temporal una de sus manifestaciones relevantes, como queda a la vista y al desnudo en los últimos acontecimientos derivados de la acción terrorista en paralelo con la negociación. El gobierno debe estar alerta para no caer en trampas retóricas que hagan efectivas las aspiraciones veladas de los negociadores del otro borde de la mesa en su búsqueda de tomar el poder por esta otra vía, ya que no les ha sido posible alcanzarlo durante medio siglo de confrontación armada.   

Escribe: Néstor RAMÍREZ MEJÍA*  

Tanto Mao Zedong como artífice de la subida al poder del Partido Comunista en China, como Giáp, jefe del Ejército Popular de Vietnam, consideraron indispensable para el éxito de la guerra revolucionaria el llevar a cabo una movilización política extensa  a nivel de pueblos, hacer lo contrario es para ellos una herejía “foquista”. Las Farc, en contravía de los teóricos de su propia ideología, optaron por un foquismo grande inspirados quizá por Fidel Castro, Ernesto Guevara y Regis Debray. Mao por su lado, predicó la necesaria unidad entre ejército y pueblo para alcanzar los objetivos buscados, es decir: respetar a la sociedad civil y satisfacer sus necesidades cuando ello es posible.

El líder chino, incluso, consideró la necesidad de entender las circunstancias políticas, sociales e internacionales  concretas y en el momento apropiado para emprender el esfuerzo revolucionario. No obstante lo anterior, las Farc violan sistemáticamente y en conjunto los principios mencionados. Adicionalmente, Gerard Chaliand, un colaborador y analista de las guerras revolucionarias, dudó sobre la aplicación de este tipo de confrontación fuera de Cuba, China y Vietnam, dada la falta de identidad y cohesión social nacional vistas en otros  pueblos. El análisis de todos los movimientos guerrilleros en  el mundo y de su éxito o  fracaso, confirman la inviolabilidad de los principios señalados.

El veterano espía argentino-cubano Jorge Masetti**, manifestó en cierta ocasión que al final de su juventud -década de los 80- tuvo la certeza de las incongruencias y carencias sustantivas de la lucha guerrillera como medio para acceder al poder. Masetti es un interlocutor válido para saber sobre los vericuetos del pensamiento ideológico radical y extremista. Fue formado en Cuba y trabajó para la inteligencia cubana ante distintos movimientos subversivos del continente, es hijo del fundador de Prensa Latina, Ricardo Masetti (“Comandante Segundo”), quien murió en el norte argentino cumpliendo la encomienda del “Che” Guevara de formar una guerrilla en su país de origen, en 1963-64. En consonancia, Tom Köenigs, comisionado del gobierno alemán para el Proceso de Paz colombiano, expresó “…los tiempos de las guerrillas se acabaron…“***. En Colombia, tanto el M19 como el ELN y las Farc, descubrieron en su orden que la acción guerrillera no tenía futuro. El segundo grupo de los nombrados así lo expresa en su plan “Acabar la Guerra para Construir la Paz”, de 2003. En efecto, el ELN encuentra como única salida viable para acceder al poder la utilizada por los gobiernos alternativos del vecindario.

Luego, si lo anterior es cierto, las Farc no serían una excepción histórica y, por lo tanto, no tienen futuro en lo que hace a la continuidad de una opción armada para asumir el control del Estado. Como puede apreciarse, en los requisitos que plantea Mao se nota  su preocupación por el pueblo, preocupación que parece ajena a estas organizaciones armadas.  Desde luego que quienes están al margen de la ley en estas agrupaciones, por no ser maoístas, prestan poca atención al impacto que causan sus acciones en la población. También al contrario de la reflexión de Mao -pensaba que para que el terrorismo fuera eficaz, debía ser sorpresivo y ocasional- los armados ilegales colombianos lo emplean como falsa compensación a su debilidad militar permanente. En especial, la insistencia de las Farc en su constante lesión a los civiles busca los propósitos universales del terrorismo.

El primero de esos propósitos es separar el pueblo de la autoridad institucional, culpando a esta última de su incapacidad para protegerla; en segundo lugar, busca romper la cohesión social de sus habitantes, a quienes finalmente se les ofrece el perdonarles la vida y dar satisfacción a sus necesidades, soluciones que el Estado no les brinda. Todo a cambio del apoyo al modelo terrorista, desarrollado en la China de 1949. Es así que las Farc con la reciente oleada terrorista del segundo trimestre de 2015, pretenden logros mediáticos que ya comienzan a concretarse. Es preciso saber que el cese unilateral roto, usado como pretexto para precipitar la oleada de terror es, para efectos prácticos, el resultado del “Plan Renacer de las Masas” publicado en el 2009. Plan que dispuso  el repliegue de sus cuadrillas para volver con células y milicianos a la guerra de guerrillas de los años 60.

Buscaban entonces su concentración en once “áreas base”, para proteger sus efectivos de la acción de la fuerza pública. La pretensión de la reciente campaña terrorista es la de ejercer presión para que se acceda al desescalamiento de la confrontación y al cese al fuego bilateral de hecho, con la intención de blindar progresivamente las mencionadas “áreas base” de bombardeos, haciendo participe al Estado del desarrollo del plan antes mencionado. Desde luego que también pretenden que, a cambio de librar a los colombianos de más décadas de guerra, el Estado ceda en sus tres exigencias fundamentales: no pago de cárcel, no entrega de armas y curules en el Congreso, por derecho propio. Ese triple soporte es un inamovible para los ilegales si se plantean como fuerza política legal en el futuro inmediato y un cese bilateral del fuego favorecería tales aspiraciones.  

El cese bilateral del fuego merece una consideración especial, por constituirse en un imposible jurídico, ético, práctico y aun político. Jurídico, porque va en contravía de lo dispuesto en el artículo 217 de la Constitución, que determina: las fuerzas militares tendrán primordialmente la finalidad de la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional. A su vez  el artículo 218 referido a la Policía Nacional, le señala como misión el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz. Este mal llamado y quizá peor utilizado, si se produjese, “cese bilateral” es también un imposible práctico de no estar acompañado  de la concentración de los ilegales en lugares específicos,  pues además de las Farc coexisten con ellos otros actores violentos y delictivos difíciles de diferenciar entre sí.

Por otra parte, mal podrían las instituciones armadas suspender su accionar ante un enemigo que no dispara, pero que continúa con sus actividades de narcotráfico, secuestro, extorsión, reclutamiento, adoctrinamiento y entrenamiento, entre otras. En este punto en particular, es importante aclarar que la guerra revolucionaria comprende además de la actividad guerrillera otras formas de lucha, tales como la política, la jurídica, la de “organización de las masas, la de inteligencia y la psicológica. También debe incluirse, en la actualidad, a la negociación como combinación de métodos para acceder al poder. Es de entender que cualquiera de ellas puede en un momento dado tener mayor o menor importancia ante el estancamiento de las otras formas de confrontación, como sucede en el caso colombiano.

Es decir que, para obtener el propósito de paz que busca el Estado, loable sin duda, se puede caer en la trampa de concederle al adversario de los colombianos la oportunidad de afirmar su rigidez estratégica desarrollando la flexibilidad táctica que les es propia en procura de sus objetivos máximos. Eso es la naturaleza de los extremismos o totalitarismos de distinto pelaje, de los que la historia tiene buena cuenta desde la subida de los bolcheviques al poder en la Rusia de los albores del siglo XX y el ascenso posterior de Mussolini en la Italia de los 20 y de Hitler en la Alemania de los años 30. En la práctica los armados ilegales, sin futuro como guerrilla y al mantener a resguardo la fuerza propia, pueden negociar sin sobresaltos de igual a igual con la institucionalidad, en tanto que al combinar sus formas de lucha siguen avanzando en dirección al poder, como objetivo estratégico (aresprensa).

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* El autor es el actual presidente del Cuerpo de Generales y Almirantes en reserva, de la República de Colombia. Fue vicedirector del Colegio Interamericano de Defensa, en Washington, además de académico e investigador  en temas de su área de conocimiento.

** Jorge Masetti está casado con Ileana de la Guardia, hija del coronel Antonio “Tony” de la Guardia y Font, quien junto con el general Arnaldo Ochoa fue fusilado por Fidel Castro, en 1989. Las reflexiones señaladas las hizo Masetti  en forma personal al autor de este artículo.

*** Publicado en El Tiempo, Bogotá D.C., el 12 de julio de 2015.


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