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VENEZUELA: ESCENARIOS ALTERNOS / LA TERCERA OREJA / ACTUALIDAD

Publicado el 14 de agosto de 2015 / 10.00 horas, en Bogotá D.C.

Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme.


  • Algún día en El Vaticano habrá un Papa colombiano, quien ejercerá su pontificado bajo el nombre de "John Jairo I"

VENEZUELA: ESCENARIOS ALTERNOS

Entre las últimas semanas del año pasado y el primer trimestre de este 2015, el presidente colombiano Juan Manuel Santos requirió a algunas agencias del Estado para elaborar escenarios posibles hacia el futuro inmediato de la delicada situación venezolana, la cual persiste como proceso en crisis que tiende a profundizarse. En esto, en la profundización de la crisis, coincidieron casi todos los informes que llegaron al entorno de decisiones críticas del mandatario antes de finalizar el primer semestre del año. El eje de las exigencias descriptivas y explicativas sobre Venezuela se conformó alrededor de la necesaria deriva política en coyunturas extremas, que incluirían la caída de la administración de Nicolás Maduro y la ocurrencia no descartable de un caos generalizado. Ello además de la pérdida sin retorno tanto de gobernabilidad como de consistencia institucional, mayor incluso al vigente deterioro de espesor en la credibilidad de la estructura gubernamental venezolana. Eso es la síntesis de los documentos que llegaron a la mesa del Ejecutivo colombiano.

Las preocupaciones al respecto no son gratuitas puesto que cualquier posible agravamiento sin retroceso de la crisis venezolana golpearía de manera directa y severa a Colombia en general y a la administración de Juan Manuel Santos en especial. Lo que suceda en el futuro inmediato obligaría al presidente colombiano a cambiar cartas estratégicas de su gobierno si hubiese alteraciones dramáticas en la vigente situación que afronta Caracas. El gobierno de Santos apuesta todas sus cartas a una buena evolución del proceso de paz que lleva adelante con el principal grupo armado ilegal y en eso la estabilidad de Caracas mucho tiene que ver.  

De hecho, buena parte de las apuestas en las conversaciones por la paz que se realizan en La Habana tienen filtro en Caracas, no sólo por la relación especial, histórica e ideológica, que tienen los voceros del chavismo supérstite con las formaciones ilegales del terrorismo colombiano, que anidan en su territorio bajo protección del palacio de Miraflores. También, la suerte del juego de poderes estaría determinado por la fuerte amistad de conveniencias entre ambos mandatarios. Un cambio drástico del cuadro vigente en Caracas pondría en grave riesgo a las organizaciones armadas colombianas al margen de la ley que se asientan allí como instancia insustituible de retaguardia estratégica y eso repercutiría en varias direcciones, todas de difícil pronóstico

Además está en esa sumatoria de situaciones emergentes y de emergencia, la presencia de una figura controvertida y amable para ambos gobiernos al frente de Unasur, como lo es el ex presidente Ernesto Samper, a lo que debe agregarse la suerte del comercio entre ambos países, atado al humor de la traumatizada conducción económica de Venezuela.  En los totales, la casa de gobierno de Bogotá tiene preocupaciones suficientes como para imaginar que la suerte de Nicolás Maduro está muy ligada a su propia suerte y al legado que pretende dejar la presidencia de Juan Manuel Santos.

La apuesta por la paz y sus tropiezos eventuales, le pueden costar demasiado a la memoria futura no solo del paso del actual presidente por el Palacio de Nariño, sino además al conjunto de proyecciones futuras de largo plazo para el mismo estado colombiano. La actual suerte del país cafetero, al margen de la del propio gobierno, no solo está de muchas formas atada a las conversaciones por la paz en La Habana sino por rebote al filtro de Caracas siempre amenazante y por el momento tibio en su nexo con Bogotá. Las asperezas pasadas entre ambos gobiernos fueron limadas con habilidad en el inicio de la administración Santos con el fallecido Hugo Chávez y así siguieron hasta ahora, con altibajos en el tono de los discursos, sobre todo de los que emanan de la capital venezolana.  

Las últimas situaciones ríspidas que fueron superadas tienen que ver, una de ellas,  con la aparición de un mapa que alteraba el trazado de áreas marítimas en disputa y que quedarían sometidas a una suerte de vigilancia especial con presencia armada venezolana. Algo que potencialmente afecta a Guyana y Colombia. La otra está vinculada con la última andanada de la batería de reiteradas acusaciones por “procesos de desestabilización interna”, presuntamente manejadas desde el exterior, que afectarían a la administración de Maduro con base en un presunto eje hostil constituido entre Miami, Bogotá y Madrid. Esto no es otra cosa que el eje redivivo que alguna vez agitó Hugo Chávez, con una línea imaginaria entre Washington, la capital colombiana y Santiago de Chile, esto último en tiempos del expresidente austral Sebastián Piñera. Una alerta a la que hoy ya no se le presta demasiada atención en medios internacionales por lo repetitivo y poco imaginativo del insistente planteo venezolano.     

En uno de los informes internos elaborados para el mandatario de Bogotá, se plantea como hipótesis la caída del presidente venezolano y también la posibilidad de un autogolpe de los sectores que apoyan al presidente Maduro, lo cual tendió a atenuarse como eventualidad en el curso de estos últimos meses. En todo caso, se plantea un agotamiento del modelo sociopolítico bolivariano con una radicalización de la ya poca paciencia social vigente, ante la continuada carencia de elementos básicos, medicamentos y productos de primera necesidad. Esto, además de la incapacidad eventual de la hacienda venezolana para hacer frente a sus compromisos internacionales y a las demandas políticas inmediatas de los sectores locales que se suman a la impugnación contra la facción radical en el poder. Entre los primeros, está aquello que hace a las obligaciones de pago que podrían entrar en riesgo de default, aunque hasta el momento eso no ha ocurrido, no obstante reiteradas alertas en tal sentido.

En otro ámbito y como ingrediente explosivo a la ya de por sí delicada situación, aparecen las sospechas de fraude tecnológico y de manipulación directa para alterar resultados electorales en los comicios que se avecinan en Venezuela. El diagnóstico en los documentos de referencia plantea  que una eventual renuncia del locuaz primer mandatario venezolano y la convocatoria a elecciones generales podría precipitar una victoria de la oposición en las urnas, la cual hoy tiene en prisión a al menos seis de sus principales dirigentes y más de un centenar de presos políticos, algunos de ellos con procesos judiciales demorados o sin iniciarse. Aunque, al tiempo, se plantean dudas sobre las reales posibilidades de esos sectores opuestos al gobierno, en la intención de reducir el espacio político que tienen los herederos del chavismo.

Es cierto también que la situación del país limítrofe con Colombia se mantiene en vilo por el desgarramiento debido a la feroz disputa generada entre el modelo chavista que se mantiene con la paralela agitación potencial en las calles y la pugnacidad estructural que plantea la oposición. Aunque en contraposición no se advierten síntomas fuertes de que las fuerzas políticas opuestas estén en condiciones de alterar de manera sustantiva el vigente panorama político, debido a sus propias fracturas internas y a expresiones hirsutas de contraposición que terminan favoreciendo las condiciones para que la situación actual se sostenga con pocas alternativas de modificación.  

En lo que hace a la relación directa entre Colombia y Venezuela y, de manera específica las que tienen que ver con el proceso de paz que se adelanta en La Habana, también es cierto que esta dinámica puntual ha seguido avanzando y la crisis venezolana no parece afectarlo por ahora, al menos no en la medida de que pudiese implicar consecuencias que impidan el desarrollo pendiente.  Aun así las precauciones al respecto que toma el Ejecutivo de Bogotá se mantienen en alerta permanente dadas las implicaciones ya reseñadas y la propia pugnacidad interna de Colombia donde, al igual que en Venezuela, se aproximan jornadas electorales en las que incluso de manera indirecta el marco que condiciona al local incide en el escenario del vecino de manera interdependiente (aresprensa).   


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