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GOLPE EN VENECIA / CINE Y ARTES ESCÉNICAS / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 14 de septiembre de 2015 / 18.40 horas, en Bogotá D.C.

GOLPE EN VENECIA

Podía sospecharse y aun así terminar siendo una gran sorpresa, como lo fue. Dos películas de América del Sur se llevaron los principales galardones de Venecia: el venezolano Lorenzo Vigas se alzó con el León de Oro y el argentino Pablo Trapero se llevó el León de Plata.  Ya el responsable principal del certamen peninsular, Alberto Barbera, había advertido que  el cine latinoamericano es el que “hace al mundo los mejores aportes en la actualidad”, pero esa aseveración que puede ser una declaración diplomática y para la “galería”, apenas podía insinuar la tendencia que se convertiría en la realidad con que culminó el largo tránsito de este festival de Italia, el más antiguo del mundo, y que era al tiempo la edición 72 de su reconocida “mostra”.  Otro latinoamericano premiado, el brasileño Gabriel Mascaro, tuvo el reconocimiento Especial del Jurado en la sección Horizontes por “Boi Neón” (“Neon Bull”). Ese jurado estuvo presidido por el mexicano Alfonso Cuarón. La Copa Volpi al mejor actor fue para Fabrice Luchini y el mismo premio lo recibió Valeria Golino como mejor actriz. Aunque hubo reservas de una parte del público para el primer premio de Vigas, no puede negarse que la historia de “Más allá”, que relata en imagen y palabra la vida de dos caraqueños del común que viven su homosexualidad con entereza y ternura, no por el hecho de ser una opera prima tenía per se menores merecimientos que las otras. Contrastó, eso sí, la recepción asimétrica del público presente en Venecia para  con la ganadora, frente a las ovaciones que despertó “El Clan”, de Trapero, que describe una  pieza de la vida real en su natal Argentina.

Así fue como ese poco conocido director venezolano, llegado de un país hoy caótico que se debate en una aguda crisis social, política y económica, alcanzó un lauro internacional que lleva para su país un importante pero precario presente de orgullo en las circunstancias actuales. Eso lo entendió el novel Vigas, quien dedicó el galardón máximo de Venecia a su país y tuvo palabras optimistas para el futuro de la sufrida Venezuela. Aunque el realizador estrena paso en las grandes ligas del cine, para nada es un recién llegado al mundo del séptimo arte. Vigas es nativo de Mérida y tiene título de biólogo, además  tuvo estudios de cine en la Universidad de Nueva York y es esta, al parecer, su vocación más fuerte. Tiene un hogar de origen en el cual el arte estuvo presente desde siempre: su padre es el fallecido pintor Oswaldo Vigas. En su carrera exhibe también un cortometraje presentado en Cannes, en el año 2004: “Los Elefantes nunca olvidan”.

El ganador del León de Oro se preparó desde entonces para llegar por detrás a la punta de este debut rutilante. En el entretanto, acumuló experiencia con documentales y el recurrente camino de la publicidad audiovisual. Casi una década de trabajo paralelo le llevó realizar este filme premiado que tuvo el apoyo en la producción del mexicano Michel Franco y del guionista Guillermo Arriaga. El libreto de la historia dice de una Venezuela actual donde los conflictos de la calle dejan espacio para la compleja relación entre un profesional maduro, homosexual y alejado del trato cotidiano con los demás, quien entabla una relación de confianza con un joven caraqueño que, en el devenir, se convierte en un romance en el que aparecen las fisuras generacionales, al tiempo que un entrañable vínculo entre ambos que se impone a las diferencias de clase, de edades y las carencias afectivas de ambos personajes. Sobre esa base argumental que dice de reconciliaciones, fue que Vigas habló del buen futuro de su atribulado país, al recibir el sorpresivo galardón mayor

El otro ganador, el argentino Trapero, llegó con más recorrido y pronóstico frente al principal premiado final. Es un experto realizador de películas de género, que trajo a esta edición de la ciudad de los canales una historia real de un clan familiar de criminales y secuestradores, quienes protagonizaron sus fechorías en los años inmediatos posteriores al último gobierno militar en la Argentina, hace tres décadas. Un grupo con mística criminal que ató sus intereses con ideologías extremistas y vínculos con la alta política del país austral. El director ya había recorrido los pasillos cinematográficos de Venecia hace tres lustros con “Mundo Grúa”. Además, llegó con el antecedente de haber sido jurado en Cannes y películas de antología como “Carancho” y “El Bonaerense”. Toda esa carga de grandes trabajos lo señalaban como aspirante a un reconocimiento de primer rango en esta edición de la “Mostra” y por ello no pocos manifestaron decepción por ese otro lugar que también tiene su mérito, aunque sea el segundo de la lista

Otro codiciado lauro veneciano, el Gran Premio del Jurado, recayó en “Anomalisa”, un filme de difícil clasificación, a cargo de la imaginación de Charlie Kaufman. Una historia en la cual la anécdota plana sobre la vida de un escritor da paso a una compleja relación de sentimientos que pone de relieve el desamor, la insatisfacción y las vidas sin destino. El jurado quiso hacer un reconocimiento a la originalidad y creatividad del guión por encima de otras consideraciones. El galardón a mejor actor para el francés Fabrice Lucchini premia la larga trayectoria de un actor de humor cuyo eje actoral es la expresión de neurosis permanente pero que, en la película “L´hermine” que le valió el gran premio, interpreta a un juez embargado por la melancolía. La italiana Valeria Golino se llevó la contraparte como mejor atricce por su rol en “Per Amore vostro”, donde representa a una madre napolitana con la fuerte característica del imaginario colectivo propio de las mujeres de esa región de Italia.                

El golpe que dieron los filmes de América del Sur en este festival dejó un aire de cierto desconcierto, pues quedaron por fuera y con las manos vacías quienes aspiraban mayores gratificaciones en el curso de la competencia. Nombres añejos y acreditados como Aleksandr Sokurov y Jerzy Skolimowski se llevaron nutridos aplausos y cero premios. Una rara avis como Vigas  dejó mudo a más de uno de aquellos que arriesgaban pronóstico por las tradiciones y cualquier filme que no fuese hablado en español, una lengua universal que aún no se sacude de todos los estigmas históricos que la han condenado por centurias y que permitieron, por ejemplo, que el inglés se pueda enseñorear por el mundo. El cine de América Latina se sigue posicionando en los mayores escenarios internacionales y, en lo que hace a Venezuela de manera específica, además de esto que le toca con merecida fortuna a Lorenzo Vigas, no es lo único para mostrar si se recuerda que no hace mucho, en 2013, la película “Pelo Malo” de Mariana Rondón y Matías Ticas se llevó la Concha de Oro en San Sebastián. También debe señalarse que este año en Cannes, el colombiano César Acevedo con otra opera prima, “La Tierra y la Sombra”, recogió la codiciada Cámara de Oro. Alberto Barbera no se equivoca cuando ve y pronostica sobre el cine de esta parte del mundo, al decir que “cuenta cosas nuevas y ofrece talentos con diversos estilos” (aresprensa).


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