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EN LA SAL DE LA TIERRA / CINE / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 08 de octubre de 2015 / 14.55 horas, en Bogotá D.C.

EN LA SAL DE LA TIERRA

Presencié hace pocos días un largometraje muy particular, sobre ese fotógrafo de leyenda que es el brasileño Sebastião Salgado. Me interesó desde el momento en que supe que lo dirigió el gran Wim Wenders, aquel de “Paris-Texas”, “El Cielo sobre Berlín”, “Hammett” o “Alicia en las ciudades” y “Tan lejos y tan cerca”, entre otras obras de no menor importancia. Este versátil director no solo sabe contar buenos relatos sino que logra involucrarse en historias de vida que conmueven a quien las observa y lo mismo ocurre con sus documentales más recientes: “Pina” -la historia de la gran coreógrafa alemana Pina Bausch- donde recrea no solo la vida de la artista sino su creatividad, tan rica en conceptos y abundante en trabajos.

Escribe: Santiago NEMIROVSKY

En esta ocasión, con “La Sal de la Tierra” logra captar la atención con un documental que no solo nos muestra cómo estamos los humanos habitando al planeta, sino la vida personal del protagonista –el fotógrafo brasilero Sebastião Salgado- con todas sus vicisitudes y las diversas motivaciones, que lo llevan a relatar en imagen desde lo ideológico hasta lo más profundamente humano. Salgado lo explica con propuestas contundentes: “el fotógrafo dibuja con la luz”, o, es: “alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras”, también “…si ponemos a un grupo de fotógrafos ante un mismo hecho, saldrán fotos muy distintas pues depende de la historia de cada uno”.

El filme comienza mostrándonos una serie de escenas del hueco gigantesco llamado la Sierra Pelada, en el Brasil, sitio que me sonaba pues, con anterioridad, Geoffrey Reggio lo tocaba en su documental “Powaqqkatsi” –tercera parte de la trilogía de documentales que iniciara Francis Ford Coppola con “Koyaanisqatsi”- cuya música, original de Philip Glass, sonaba original y cautivante. La primera impresión (que es la que vale para muchos) me impactó profundamente pues esa cantidad de personas subiendo y bajando las laderas de ese tremendo agujero, arriesgando la vida de forma constantemente en pos de una posibilidad de riqueza, servía de síntesis de lo que ha sido la historia de la humanidad. Salgado recordaba a la Torre de babel, las minas del rey Salomón e incluso la construcción de las pirámides. Vale decir, la historia misma de la humanidad.

En otro momento del relato, cuando Wenders observó una foto de una refugiada africana, que colgaba en su oficina, la expresión de esa mujer lo llevó a interesarse fuertemente por quien la retrató tan esmeradamente con el pincel de su cámara de fotos y, en consecuencia, por la labor extrema de ese ser humano despojado de todo, que es espontáneo modelo de la foto. Así comienza esa asociación de imágenes de vida con este fotógrafo brasileño que dejó de lado su profesión de economista, quien descubre su gran pasión creando juegos de luces y sombras, las que no solo impactan al espectador sino que transmiten un mensaje. El mismo Wenders nos narra el interés que siente por Salgado, pues se observa que este peculiar fotógrafo se interesa sobre todo por la gente. Claro que el título presenta la dualidad de la sal que puede obrar bien para bien de alguien con la presión baja o elevarla más allá del límite de la buena salud física y mental. Lo mismo que hacemos con este planeta.

Este largometraje se hizo bajo bandera francesa y es codirigido en realidad por Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado , este último hijo del artista del relato. El guión lo hicieron los directores. La música me impactó por la dualidad del impacto, al tiempo que pasa inadvertida debido a la gran fuerza de las imágenes. En consecuencia, vaya mi reconocimiento a Laurent Petitgand. Se trata de una coproducción tripartita entre Francia, Brasil e Italia, con una dirección que se luce en un manejo en secuencia de los trabajos de Salgado. Reúne no solo el relato de una vida dedicada a dejar una huella clara de lo que va haciendo la humanidad en los diferentes continentes y deja constancia de la multiplicidad de cambios en lo étnico, lo antropológico y lo social mostrando estas imágenes como un arte mayor que reconfirma una reconocida trayectoria.

Wim Wenders Sebastião Salgado

                                                                                                

Wenders y Ribeiro Salgado captan, como testigos presenciales, varios sucesos contemporáneos de trascendencia, como los éxodos masivos y sus consecuencias inmediatas: las catástrofes alimentarias en un planeta que puede abastecer (siempre que exista esa voluntad) de alimentos a todos los que habitamos en él. El artista también menciona a las guerras modernas y esas vistas nos invitan a reflexionar si realmente hemos evolucionado como especie o si nos volvemos más crueles, al observar a la gente de Ruanda y varios otros lugares de África, América y de Asia, con personas sometidas a graves grados de desnutrición y de sufrimiento que ni el mismo Lucifer hubiese perpetrado.

Es una obra que no solo contempla lo cinematográfico en sí sino que le da una altísima preponderancia a las fotografías, que plasman a las especies en el entorno de las más diversas latitudes -algunas no explotadas aún por el hombre- y en las que sobresale esta asociación entre Wenders con Juliano Ribeiro Salgado. Así, nos comparten ese merecido tributo al esfuerzo y al producto de una vida dedicada a la eterna pregunta de qué hace la humanidad por este planeta. Fue el 2014 el año de realización del filme y prolífica la lista de reconocimientos que recibió. La relación está encabezada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, -los que otorgan los premios Oscar- que le dio una nominación al mejor largometraje documental, en tanto que los franceses fueron más concretos al otorgarle, dentro de los Premios César, el de Mejor Documental. Por su parte, los miembros del Jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes le hicieron entrega del codiciado Premio Especial del Jurado ("Un Certain Regard").

Los españoles no se quedaron atrás y tuvieron en cuenta a la película en dos de sus certámenes más importantes la tuvieron en cuenta. En sus tradicionales Premios Goya la nominaron a mejor película europea, una de las nominaciones principales. En tanto que los vascos, en la versión 2014 del Festival de San Sebastián le otorgaron el merecido Premio del Público. Este premio en particular, nos muestra cuál fue el nivel de agrado que produjo en los asistentes, quienes le dieron su firme apoyo. Por otro lado, la asociación estadounidense de cineastas independientes, organismo que otorga el Independent Spirit Awards, la incluyó en la lista al mejor largometraje documental.

La observación fílmica de cómo vivimos algunos y de cómo viven otros, nos deja la pregunta no resuelta sobre si habrá solución a los problemas que se exponen en la trama y si realmente nos interesa hacer algo al respecto, dentro de una secuencia fotográfica de cosas que no ocurren en Júpiter ni en Saturno. Eso sucede aquí mismo  y ni siquiera a tanta distancia de donde vivimos. No podemos dejar de emocionarnos ante la sucesión de imágenes hechas por un gran artista y no lo digo por esnobismo sino que es la muestra de una obra de vida de hombre íntegro, que nos acerca al deseo de revivir esas imágenes que en el comienzo nos agobian por su crudeza y luego van mostrando que, efectivamente, como especie y como planeta aún tenemos futuro, pero en riesgo (aresprensa).    


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