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CHAU, ARTBO 2015 / ARTES VISUALES / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 09 de octubre de 2015 / 21.10 horas, en Bogotá D.C.

CHAU, ARTBO 2015

Hubo información contradictoria al respecto, después de cuatro días de Feria: mientras la comunicación oficial señaló que la cifra de visitantes llegó a 35 mil, lo cierto es que la sensación generalizada sobre el flujo de visitantes fue bastante inferior. Esto, si se tiene en cuenta que los primeros dos días de aforo estuvieron muy por debajo de las expectativas y si se le resta a la baja asistencia las obligadas visitas escolares que, por razones obvias, no pueden sumarse como una concurrencia con todo el perfil de un asistente interesado de manera puntual en este tipo de encuentros. Lo cierto es que el peso de la asistencia, aunque no haya sido nutrida, no desdice del esfuerzo invertido en esta nueva edición de la feria internacional del arte de Bogotá que se cerró el fin de semana pasado. Artbo ya no necesita asegurar prestigio dentro del público en general y de los sectores especializados que la consideran  consolidada y en trance de convertirse en un eslabón de la tradición cultural de la capital colombiana, en su aspiración de proyección internacional.

Reporta: Martha Liliana ROMERO

La primera impresión en el día de apertura mostró un mejor aprovechamiento del recinto ferial y un cierto aire de espacio abierto entre los bloques de estands, lo que permitió un mejor flujo de público y la comodidad del desplazamiento interno. Hubo quejas aisladas aunque repetidas ante el aumento del costo de la boletería para el ingreso, sin que diesen razones al respecto y si algo tuvo que ver en ese sorpresivo aumento la volatilidad del dólar, que por estos días genera cierta intranquilidad en diversos sectores de la economía colombiana. Eso y una cierta desazón sobre el resultado comercial, que se advirtió en algunos galeristas locales hasta la mitad del tiempo programado para la Feria, previsto para cuatro días, lo que adelgazó la posibilidad de éxito imaginado en los planes originales. Lo cierto es que  en esta edición 11 de Artbo no se vieron obras espectaculares como las que trajeron los cubanos en cercanas ediciones anteriores o los costarricenses en otra edición pretérita.  

Pero sí hubo piezas de grueso calibre entre las tres mil que estuvieron en exhibición. Ese fue el caso de los uruguayos que se despacharon con un cuadro de pequeño formato de Joaquín Torres García, una suerte de ícono del arte latinoamericano cuya trayectoria cubrió el primer tramo del siglo pasado. No es la primera vez que aparece un Torres García en Artbo salvo que, ahora, esa diminuta obra del mítico artista oriental está valuada en más de medio millón de dólares y es del periodo creativo más fuerte del mítico pintor rioplatense, que falleció en 1949. Estos expositores de Montevideo, Galería de las Misiones, también expusieron obra de otro clásico austral: José Gurvich. Ese tipo de piezas en exhibición fortalecen el prestigio de la Feria y la preparan para mayores desafíos futuros, en lo que hace a la presencia de consagrados de las artes visuales con reconocimiento universal, como es el caso de Torres García


                                                                                                      

Fueron ocho las secciones en las que se desplegó la amplia muestra de artes visuales, una más agregada a las siete tradicionales. Se trata del segmento “Sitio”, en el cual se pudieron apreciar obras como la instalación de Adriana Marmorek, “Máquinas deseantes”; o la de Luz Ángela Lizarazo, “Red de Niebla 2015”. Todo esto en el marco de una fuerte movilidad de interés en las redes sociales, que llegó a un tope de más de 85 mil seguidores activos. Pero la visibilidad que otorga la sobreexposición mediática no ocultó lunares como los errores de ubicación de algunos puntos de la muestra. Las nuevas galerías asistentes quedaron demasiado ocultas, entre ellas la altoperuana “Nube Gallery”, de Santa Cruz de la Sierra  y la ya mencionada galería de Montevideo. Una mejor racionalización de los espacios en este sentido permitiría darle un mejor y merecido relieve a quienes estrenan presencia o aquellos que traen piezas del mayor espesor en contenido y cotización, como fue el caso de los uruguayos.

En la suma de asistencia hubo 150 invitados internacionales, varios de ellos dentro de la exclusiva tribu de los coleccionistas. Hubo además premiaciones que le agregaron un condimento especial al encuentro internacional, entre ellos, el primer Oma al Arte que estrenó el ya afirmado José Alejandro Restrepo. En la sección Artecámara, Sandra Rengifo recibió el tercer Prodigy-Beca Flora, por su “Flecha de Cielo”. En tanto que Pablo Guzmán resultó ser el predilecto de los seguidores de redes sociales, sin que esto tenga una retribución efectiva salvo la visibilidad de coyuntura. En un resumen de factura mesurada, podría señalarse que si bien la Feria fue discreta en lo que hace a un gran impacto o espectacularidad de obras que se traen, precisamente para generar sensaciones fuertes, se siguió decantando como gran escenario regional sudamericano del mercado específico.

En la sección Foro, dirigida a la reflexión y la formación, hubo intervenciones con eje en la curaduría y el coleccionismo. Las disertaciones de Jens Hoffmann y de Boris Hirmas abordaron esos temas bajo el título “El Curador como productor”, orientada por el primero y “El Coleccionista como productor”, a cargo del segundo; aunque no fueron las únicas en el programa. Será bueno hacia el futuro fortalecer ese insoslayable soporte académico, pues es fundamental un segmento de ese tipo, como proyección pedagógica general no solo de interés para expertos sino, en particular, dirigida al público in extenso. Lo mismo puede decirse de las actividades paralelas anticipadas y en simultánea con el desarrollo de la Feria, pues eso contribuye a la construcción de una capacidad mayor en número de acceso, inclusión y formación de personas que puedan apreciar el arte. Esta actividad lateral que se inició de manera fuerte en ediciones anteriores parece haberse adelgazado o desaparecido en esta nueva edición Artbo, que superó la década de presencia en Bogotá (aresprensa).        


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