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2017, AÑO DE INCERTIDUMBRES

Publicado el 31 de diciembre de 2016 / 10.30 horas, en Bogotá D.C.

2017, AÑO DE INCERTIDUMBRES

Se cierra un año de sorpresas poco agradables y se inicia otro lleno de incertidumbres. La culminación del enfrentamiento armado entre el estado colombiano con las Farc, que estuvo vigente durante medio siglo, y el avance del nuevo gobierno argentino, que canceló la pugnacidad, el empobrecimiento disimulado y el aislamiento irracional del país que promovieron los Kirchner, fueron dos botones de muestra en contrario para la inquietud institucional de la región. El resto fue una ampliación de las sombras ya vigentes y unos pocos destellos de que las cosas hubiesen podido mejorar.  Dos de las grandes manchas del ancho panorama fueron la afirmación de la satrapía nicaragüense, encabezada por Daniel Ortega y el mayor cierre de opciones de salida, con el empantamiento de la acción de la opositora Asamblea Nacional venezolana y la profundización de la crisis económica, de abastecimientos y humanitaria que sufre esa sociedad, la cual sigue hundiéndose en un abismo que por ahora no parece tener fondo.

Por su lado, el Brasil del inestable presidente Michel Temer no parece aún encontrar salida a la crisis que deja la salida del PT de Dilma Rousseff y Lula da Silva, y el escándalo de corrupción que a través de la multinacional Odebrecht salpica a otros regímenes y a altos funcionarios de diferentes gobiernos latinoamericanos. Incluso el propio Temer aparece untado en los procesos judiciales por corrupción. Como frutilla negra del negro pastel, el inicio de la administración Trump enciende alarmas que por ahora no se sabe si presagian nuevas tormentas para el mundo y para el resto del continente. En esa misma línea vale señalar que el inefable Evo Morales de Bolivia pretende desconocer el rechazo popular que mediante el voto impugnó su eventual perpetuación en el poder, pues pretende atornillarse en la silla presidencia del Palacio Quemado de La Paz. Morales aspira así darle continuidad a la idea de una institucional esquiva que siempre exhibió la herencia altoperuana a lo largo de su historia de frustraciones seriales, desde su cuestionada independencia, empujada por el ejército de ocupación al Alto Perú de Sucre y Bolívar, entre 1824 y 1828.

Lo quizá más importante que aparece en el panorama regional inmediato es el desarrollo de la implementación que pudiesen tener los acuerdos suscritos en La Habana por el gobierno de Juan Manuel Santos y los hasta ayer beligerantes e impugnadores del estado de derecho, agrupados en la organización subversiva autodenominada “Farc-Ep”. Esa  entidad de hecho y al margen de la ley, encontró nido en la laxitud jurídica del gobierno para finalmente suscribir un acuerdo dirigido al abandono de las armas y su silenciamiento, condición aún en el limbo hasta que se pongan en vigencia las condiciones de implementación exigidas, que dependen del Congreso, como lo es una amplia amnistía, y un salto indirecto al poder legislativo, confrontando lo institucional y constitucional para dejar impunes los crímenes seriales y contra la humanidad -de manera específica contra la sociedad colombiana como afectada directa- perpetrados por los integrantes de ese conjunto delictivo a través de los largos años de confrontación.

Las dificultades para darle materialidad a esos acuerdos son enormes y no solo comprometen al Estado colombiano sino a la misma comunidad internacional que alentó el desarrollo del largo ciclo de conversaciones que se llevó adelante en la capital cubana. El ciclo también negro de la corrupción rampante en el subcontinente adquirió un nuevo impulso con dos hechos: el procesamiento múltiple de la “banda” de Cristina Fernández y de 15 altos funcionarios dependientes de su administración, quienes según la justicia configuraron una “asociación ilícita” dedicada al saqueo del estado argentino. Algunos de ellos también estarían implicados en la revelada red de corrupción que montó Odebrecht en toda América para acceder a las obras públicas. Allí, en esa lista, figura Colombia, pero no es la única. Debe entenderse ahora que la tolerancia de Lula da Silva y de su sucesora con el rumbo que tomaban las cosas tanto en la Argentina de los Kirchner como en la Venezuela chavista, fue mucho más que afinidad ideológica. Allí parece que estaban presentes en un primer plano las cuentas negras de Odebrecht con la venal y corrupta dirigencia “revolucionaria”.

El otro sitio de importancia lo ocupan también los argentinos en ese poco privilegiado lugar. Algo más que también compromete en la madeja a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández. No fue ese el único y exclusivo espacio de apropiación indebida de dinero público de la banda que encabezó primero el fallecido Néstor Kirchner y heredó su viuda, pero sí el más importante. El episodio sumado de estrado judicial en la agonía del 2017, es la reapertura de la causa que seguía el fiscal federal Alberto Nisman -muerto en extrañas circunstancias hace casi dos años- por encubrimiento y alianza espúrea con la república islámica de Irán para la evasión de responsabilidades en el atentado a la mutual judía Amia, hecho acaecido en Buenos Aires en 1994 y aún impune. El país del Medio Oriente aparece como principal imputado en esa masacre, que costó la vida a 85 personas. La causa de Nisman estaba direccionada contra Cristina Fernández, el excanciller Héctor Timerman y otros allegados tanto a ella como a los intereses de Irán en el Cono Sur. Por esa imputación la expresidenta también afrontaría un proceso complementario por “traición” a su patria.

Si la nuez de estos temas regionales es amarga y larga en su proceso de esclarecimiento y sanción eventual de la justicia, no hay riesgos menores en el panorama mundial. La sombra del terrorismo anclado en sinrazones religiosas y otras de similar calibre extremista, sigue tan campante como lo ha sido en el curso de los últimos años. Esa Alemania de la arrinconada Angela Merkel ha sido una de las últimas víctimas y la eliminación del presunto responsable tunecino en Italia, por lo ocurrido en mercado navideño en Berlín, no apaga los temores de la población germana, tal como ya se atemorizó con violentas acciones de terror y consecuencias trágicas a las sociedades francesa y española.  Europa en general no sale de sus tribulaciones tanto económicas como políticas, y la situación del Oriente Medio como del norte de África siguen nublando sus propias perspectivas y planes de estabilidad interna. Las migraciones de quienes huyen de la violencia y de condiciones paupérrimas en sus lugares de origen, se mantienen golpeando a las puertas y puertos europeos con su propia tragedia a cuestas. Se calcula que más de 15 mil personas fallecieron ahogadas en el Mediterráneo durante el año, tratando de alcanzar costas europeas en un flujo que nada indica que pueda cesar en el futuro inmediato.

Pero la mayor incertidumbre la generan los catastróficos augurios de la era Trump, que se avecina al frente de la Casa Blanca. El inesperado triunfo del empresario norteamericano y el maximalismo de consignas y anuncias hechos durante su campaña han puesto en alerta a una parte importante de gobiernos y sociedades en el mundo, ante lo que podría un inmenso frente de inestabilidad provocado por la principal potencia mundial. Una presunta luna de miel con el contundente Vladimir Putin -triunfante por el momento en la cruel disputa interna de Siria- es parte de un pronóstico tan incierto como lo son las políticas que pueda implementar el nuevo presidente norteamericano con sus banderas de confrontación, y al tiempo de aislamiento, a contrapelo de la globalización y de sus consecuencias que se impulsaron desde lo interno profundo de la sociedad y producción norteamericana. La impugnación mutua con los chinos mantiene en vilo la situación internacional, a pocas semanas de la posesión del controversial mandatario electo.

La compleja situación en Siria no se cierra con la caída de Alepo pues el asedio al gobierno de Al-Ássad persiste y esa llama encendida tiene extensiones en Irak, Irán y en Turquía, donde hace pocos días fue asesinado el embajador ruso, país aliado del gobernante sirio. Para colmo, la persistencia de Israel en colonizar territorios en disputa y reclamados por los palestinos, que originó una dura reacción por parte del saliente gobierno norteamericano, aumenta las tensiones que pudiesen tomar cualquier deriva, ninguna de ellas pacífica. En otro orden, la suba de las tasas de interés complicaría de la movilidad del flujo de capitales y con ello se golpearían las finanzas de los países latinoamericanos, al incrementarse los montos a pagar por la deuda externa de los países que ya están traumatizados por la sumatoria de diversas crisis, además de las señaladas -como la baja de precio de los commodities- y con desbalances marcados en sus balanzas de intercambio (aresprensa). 

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