logo_aresprensa_notas
AQUEL MURO QUE CAYÓ

 Actualidad  // Publicado el 10 de noviembre de 2019 // 17.00 horas, en Bogota D.C.

 

AQUEL MURO QUE CAYÓ

 

 

Sucedió un 9 de noviembre hace 30 años en aquel Berlín de una Alemania deformada por la ocupación militar que se consumó en 1945. Eso y la destrucción casi absoluta de la germania ancestral que había  sucumbido junto con la experiencia corta del nacionalsocialismo. La ocupación que dividió al país centroeuropeo era la saga terminal de la visión de mundo alemana. Aquella que fue una exaltación del retorno al pasado de origen romántico y carga esotérica, en vínculo con el  paganismo y en contra del iluminismo moderno, tuviese este relato fundador una trama capitalista o marxista. No le importaba el pelaje ideológico a la reacción alemana que sucumbió en un holocausto como el que  propició para el resto. Todo eso fue derrotado, con la mentalidad incluida: una población fanatizada con su Führer , a quien se suponía muerto en las ruinas de la capital del Reich, aunque nunca se supo con certeza entre la confusión y la destrucción descomunal bajo el bombardeo indiscriminado y vengador, de una retaliación irredimible.

 

 

Luego vino la Guerra Fría con la  confrontación entre aliados que nunca habían sido amigos porque todo los separaba y tan solo los había reunido el enemigo a derrotar: esos alemanes desafiantes también y con hambre de hegemonía. Porque el problema de los adversarios vencedores no era solo  ideológico. No, era también por el manejo del mundo y para eso les sirvió luego la tecnología y adelantos científicos de los vencidos, por entonces más de 50 años por delante de quienes los habían doblegado. Desde las claves del desarrollo nuclear, la física cuántica, a los submarinos furtivos, el visor nocturno, los aviones a reacción y las raciones de comida sintética e incluso el combustible sintético, entre tantos otros avances. Esos germanos incluso ya habían creado los cubos de caldo para una sopa reconfortante e improvisada durante las campañas. Esos mismos que hoy se encuentran en el supermercado y pocos saben del origen.

La ocupación después de la  destrucción fue un llamado al escarmiento para que nadie volviese a desafiar a quienes controlaban a la humanidad, desde antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Ya lo había hecho antes Napoleón y también junto con Francia habían pagado un precio alto, a inicios del siglo XIX, cuando aquellas hegemonías asomaron la nariz después de Trafalgar, para quitarle a España la primacía mundial. Los ingleses ganaron la punta entre las naciones, después se sumaron los norteamericanos y al final también se enfilaron los rusos. Los franceses irían luego de arrimados en el control del planeta y allí quedaron, con algunas de las barajas de los ganadores, pero no tantas. El muro que cruzaba Berlín desde 1961 era parte del emblema para el castigo casi bíblico que cayó sobre Alemania, con bombas de fósforo blanco incluidas y la humillación que no podía incluir el desdén porque el vencido había demostrado ser demasiado grande .

Fue aquello una forma de decirle al resto que muchos seguirían siendo minusvalía para los poderosos, así lo fuesen por pasajeras circunstancias históricas. Japón o Turquía eran apenas un ejemplo evidente. Alemania quedó sujeta a la “reeducación” bajo la férula de los dos  grandes vencedores, aunque los Estados Unidos fueron acompañados por sus dos socios menores: ingleses y  franceses. Estos últimos orondos representantes de un país cuyo pueblo había sido colaboracionista, no obstante la resistencia mitificada que apenas afloró cuando Alemania invadió a la Unión Soviética, casi dos años después de iniciada la guerra. Los soviéticos intentaron crear un ejemplo de su modelo, cara a cara frente a los otros, los que sostenían el modelo capitalista y “burgués” para los adversarios ideológicos. Aunque la Guerra Fría que surgió de la nueva confrontación produjo enfrentamientos en otras zonas del planeta, lo de Alemania era la muestra viva de lo que sucedería en el mundo surgido de aquellas ruinas.

El ingrediente del miedo impedía que lo frío de una guerra pasara a otras temperaturas con base en la aparición del armamento nuclear. Los cubanos se expusieron a la posibilidad del horno atómico como ficha de la Unión Soviética en América Latina, a inicios  de la década de los años 60, y allí se vio que lo que podría sobrevenir a la humanidad era superior al infinito frente a lo que ya sufrían los alemanes. Estos últimos también hubiesen sido el primer blanco en caso de que alguien hubiese oprimido el botón que  activaba el misil del infierno cósmico. Pero nada de  lo temido ocurrió porque la cordura en medio de la locura generalizada que fue el montar los depósitos del arsenal fatídico para todos, permitió sostener un equilibrio inestable durante casi medio siglo. Un tiempo para nada despreciable de los dos que se mostraban los dientes en los diferentes escenarios del conflicto planetario, cuyo eje seguía siendo aquel muro berlinés, que también supo ser llamado “de la infamia”.

La fecha de la caída del muro tiene coincidencias históricas sugestivas y sugerentes. Tanto como para que la imaginación crezca en ese juego de un azar que puso sobre la mesa de la memoria otros hechos que marcaron la historia de los alemanes y de los demás pueblos. Un dia 10 de noviembre nace Martín Lutero. En fecha similar nació siglos después el barón Rudolf von Sebottendorff, fundador de la Sociedad Thule, uno de los pilares esotéricos del nacionalsocialismo. Fue en la misma fecha, pero de 1918 en que la monarquía alemana y el Segundo Reich se hundieron, con la abdicación del káiser Guillermo II. Fue además el día en que en 1923 se produjo el golpe de Estado que se conoció como el de la cervecería, que marcaría el lento ascenso de Adolfo Hitler al poder y también fue la jornada en que se produjo el primer atentado contra su vida, en 1939. Un año antes y en ese mismo día se perpetró la Noche de los Cristales contra los judíos alemanes. Era pues una jornada emblemática para los rituales del nacionalsocialismo , con demasiadas coincidencias históricas que llaman la atención.  

Así llegó aquel noviembre de 1989 y el estado de cosas en la capital berlinesa seguía su curso con una sociedad separada por las dos concepciones del mundo. Pero desde la imposición de la Perestroika y el Glasnot que estableció Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética, no pocos imaginaban que la inflexión del modelo soviético tendría consecuencias en el resto de su universo. Era el final de la Guerra Fría y un reacomodamiento del mundo se anunciaba con la salida de Moscú de la contienda amplia y con la suposición de que se impondría un mundo unipolar, con  cabeza en Washington. El resto está más cerca en el tiempo y en la visibilidad: Helmut Kohl, compró la unidad alemana mediante la ayuda a su antiguo y desesperado enemigo. Algo inimaginable poco tiempo antes de la caída del muro, que aconteció en aquel final de los 80 en paralelo con otros hechos y metarrelatos que anunciaban la aurora de un mundo feliz, lo cual también se desvaneció. Por ahí apareció otra hegemonía emergente, la china, y la nueva amenaza nuclear de la pequeña Corea del Norte, como para que los miedos se renueven sin solución de continuidad (aresprensa).     

_______

VINCULOSEVO I, EL REYEZUELO  //  BREXIT, PARTE DE LA GRAN CRISIS
Actualizado: domingo 10 noviembre 2019 16:30
Articulos relacionados: TODO MADURO SE ESTRELLA EN SU MURO AQUEL LARGO DÍA DE 1944 ASÍ CAYÓ EL "BOLILLO" GÓMEZ EL MURO QUE CAYÓ SIN LAMENTOS AQUÉLLOS QUE NO QUIEREN A FRANCISCO AQUÉL A QUIEN UN REY MANDÓ A CALLAR AQUELLA CRISIS POR LOS MISILES EN CUBA AQUEL DÍA DE TERROR EN NEW YORK AQUEL PRONÓSTICO DEL SINDICATO DE ACTORES
muro de berlin

Visitas acumuladas para esta nota: 584

¡SÍGANOS Y COMENTE!