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ARGENTINA, NI SIQUIERA EL CONSUELO

Publicado el 06 de julio de 2015 / 18.10 horas, en Bogotá D.C.

ARGENTINA, NI SIQUIERA EL CONSUELO

No ganó Chile el partido de la Final en esta Copa América 2015, perdió Argentina. El país que aparecía en los papeles como el destinado a ganar esa Copa por décima quinta vez, se hundió en sus contradicciones, la retracción y la impotencia de sus jugadores y la desastrosa conducción técnica que incluye a su falta de liderazgo. En este sentido este Gerardo “Tata” Martino se mostró como el mismo pusilánime orientador que se fue con la cola entre las piernas y perdedor del F.C. Barcelona, recogiendo sólo frustraciones de la mano de Lionel Messi. En este último partido el principal astro del seleccionado albiceleste volvió a demostrar que la asociación de arreglos en la disposición de nómina y de esta con el juego, resulta nefasta y siempre negativa para los intereses del Río de la Plata.   Ya al término del primer tiempo del partido definitivo, los chilenos quedaron convencidos de la falta de respuesta argentina y de lo maniatados que estaban sus rivales de ocasión, más que los locales también tapados. Entonces, se decidieron a ganar, sin vueltas ni retrocesos.

No lo lograron durante el curso del encuentro en sus instancias normales ni en el alargue, pero pudieron hacer evidentes los méritos del planteo en la porción de los tiros desde el punto blanco. Ambos equipos se maniataron y las llegadas al arco contrario fueron esporádicas y erráticas para los dos, pero Chile le puso al encuentro el hambre de ganar que pareció faltarle a la Argentina, al no mostrar recursos tácticos para salir de la asfixia durante el trámite normal y además fallar en la disposición asertiva para el momento de los tiros directos al arco de Claudio Bravo. Por el lado argentino hubo entonces falta de contundencia y de glándulas suficientes, dedicándose durante casi todo el primer tiempo a especular y tratar de aplacar con poco resultado el ímpetu del rival que sabía estaba escribiendo una historia diferente en un momento clave.

Es por eso que resulta casi provocador y delirante el discurso autojustificatorio del entrenador Gerardo Martino frente a la eventualidad de un triunfo injusto del rival campeón y un buen partido de sus dirigidos. No hubo nada de eso, Argentina perdió con justas razones en un certamen en que los resultados mostraron que los argentinos llegaron con argumentos menores frente a casi todos sus rivales. Sus presentaciones estuvieron siempre por debajo de los principales pronósticos y del brillo de sus figuras fundamentales.  Fue un orientador que dejó al garete a sus dirigidos en instantes cruciales y no tuvo alternativas eficaces para sacar a sus hombres del encierro y las presiones del rival. Ya se había dicho desde estas mismas columnas y antes del torneo en el sentido de que había dudas sobre el fuste y la estatura de Martino en lo que hace a sus virtudes para orientar a la Argentina. Su paso oscuro por el Barcelona, de la mano de Lionel Messi, es en ese orden un pésimo antecedente.

G. Higuaín - ¿Jeta? C.Tévez - ¿Excluido?

                                                                             

Ambos son rosarinos y se sospecha que el mismo astro argentino tuvo que ver en el nombramiento de su coterráneo como cabeza de la selección argentina. Martino es un hombre a quien manejan sus jugadores y no al revés. Eso pone a la Argentina al borde de una crisis próxima porque las críticas naturales al papel general de este seleccionado, y de la anomia que mostró en la instancia final, no le auguran algo bueno hacia el inmediato futuro. En el cruce definitivo de esta Copa América, Martino no solo careció de planes de contingencia cuando las cosas no salían, tampoco atinó a cambios certeros como sucedió con la entrada de Gonzalo Higuaín al campo, cuando resultaba evidente que no era ese el recambio adecuado. Pero lo peor, sumado a la derrota, fue la declaración del D.T. a la prensa, lo que puso de manifiesto la radiografía del fracaso vigente y del que se anuncia: la carencia total de explicaciones válidas y el afirmarse en los gruesos errores que mostró su manejo.

Decir sin empachos que “volvería a insistir” en el mismo planteamiento de derrota, con los mismos jugadores signatarios de ese fracaso, es la frutilla de un mal postre y un desafío a la inteligencia de quienes escucharon sus argumentos. Franco, directo y sincero, con la pasta que se requiere de un líder, fue en contraste Javier Mascherano, quien al final de esa negra tarde de Santiago confesó con entereza que se había jugado mal y que la razonable desazón de sus compañeros era al tiempo el anuncio de una cercana despedida personal de su selección que, como generación, ha sido la más brillante de los últimos tiempos y se irá por las mismas razones generacionales con las manos vacías de grandes logros: ni Mundial de Brasil, ni Copa América de Chile.  Quizá también haya pasado de manera definitiva el tiempo de Lionel Messi en la selección argentina, pero es mucho más evidente el desacierto de la presencia de Gerardo Martino al frente del equipo rioplatense.

G. Martino - Fracaso L. Messi - ¿Manipulador?

                                                                                            

Sería bueno que la dirigencia de la Afa pensara en el relevo de este hombre de la conducción del Seleccionado antes de que sea demasiado tarde hacia el futuro inmediato y el fracaso generalizado sea irreversible. Pero incluso eso es difícil en la mesa de una dirigencia como la de la Afa, a la que se considera cómplice e incluso operadora directa de manejos mafiosos. Otro de quien se  debe estimar de manera seria su retiro de la Selección Argentina, es Gonzalo Higuaín. Perdió la oportunidad de gol argentino en la Final de Brasil 2014, no pudo concretar la única opción clara de su bando al finalizar el tiempo reglamentario frente a Chile y erró el primer tiro de dos perdidos frente a la valla chilena, en la secuencia de ejecuciones definitorias. Una verdadera carga reiterada de infortunio que en el argot lunfardo nadie dudaría en calificar de indiscutible “jeta*.

En la pérdida de dos grandes finales seguidas -el Mundial de Brasil y esta Copa América- aparecen dos conducciones técnicas mediocres, la anterior de Alejandro Sabella y esta de Gerardo Martino. Ambos hicieron girar al equipo alrededor de Lionel Messi y en ambos casos fallaron. La salida de lista de Carlos Tévez en el primer caso y la inclusión en nómina en el segundo para igual no dejarlo jugar cuando hacía falta, hablan de ese manejo poco claro que se hace desde el campo de juego.  Ahora ya nadie debería dudar de que allí está el dedo excluyente de Messi quien tiene una callada pero evidente ojeriza con el conocido “apache”, en la que juega el carisma de uno y la  ausencia de ese atributo tácito en el otro. Esta Copa América era una suerte de premio consuelo menor para la Argentina, después de caer en el Mundial brasileño. Pero ni siquiera eso, el consuelo, pudo levantar esta selección argentina en la Final de Santiago de Chile (aresprensa).    

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Portador de mala suerte, también en lunfardo se le suele llamar “mufa”. En otros de la región a la figura y estigma se le suele llamar "fucú" y "pava". 

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