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ARTESANÍAS LAVARON LA CARA DEL AÑO

PATRIMONIOS CULTURALES  //  ARTES VISUALES  //  TURISMO  //  Publicado el 26 de diciembre de 2019  //  17.30 horas, en Bogotá D.C. 

 

ARTESANÍAS LAVARON  LA CARA DEL AÑO

 

Hace una semana larga -el 17 de diciembre- se cerró otra edición de Exportesanías. La muestra multitudinaria buscó sin proponérselo, o tal vez sí, alegrar desde su capital la vida de un país agitado por lo que dejan las marchas ciudadanas recientes y sus secuelas de violencia vandálica, así como la memoria por sus víctimas. Eso de la feria de artesanías es en cambio una traza vigorizante luego de la inquietud provocada con noticias de distinta índole no siempre buenas -aunque también las hubo sobre todo en el deporte y en algunos rubros de la economía- que movieron el año 2019 en Colombia desde sus primeros días. Lo cierto es que el encuentro ferial de diciembre, el último de grandes proporciones e internacional, le otorgó en esta ocasión varias satisfacciones al acostumbrado cierre de un ciclo anual que están más allá de la frescura y cierta inocencia que se pretende sea sustantiva de la obra artesanal y de los mismos artesanos. En el desarrollo de este encuentro que extendió por dos semanas en la primera quincena del mes vigente, hubo premios para la excelencia en la producción artesanal. Todo ello en el marco de la presencia de Marruecos como invitado de honor.

 

Diez artesanos recibieron el reconocimiento de marca comercial por parte del ente oficial que garantiza la chapa de legitimidad. Eso rescata a la artesanía de una  cierta marginalidad ancestral y la encarrila por la senda del reconocimiento institucional, que le abre puertas para un mejor posicionamiento como producto original, tanto en lo local como en lo externo, al tiempo que posibilita el mejor apoyo al esfuerzo creativo. Esto es una secuencia en un proceso que se inició hace más de un lustro, con el Programa de propiedad intelectual que protege el capital humano y social de los artesanos. La dinámica incluye un descuento de más de un 90 por ciento de los costos normales para alcanzar el registro de marca. La decena de sellos que recibieron este reconocimiento pionero reúnen un abanico que incluye alta joyería, mochilas autóctonas tejidas a mano, tejidos de rancia tradición y objetos de complemento personal en cuero. 

Uno de los secretos que integra el valor agregado, necesario para el reconocimiento señalado, es el cruce entre saber tradicional e innovación. Es por ello que el apoyo de entidades del estado colombiano, como lo hace Artesanías de Colombia, permite  la mediación operativa y material en asesoría y proceso docente que hace emerger  el pequeño milagro. Así lo señaló la representante de la tejeduría wayúu Irene Jayariyú Ipuana, con su marca Coarwas, que agrupa en trabajo cooperativo a unas 250 mujeres de esa etnia del norte del país anfitrión, localizada en la región Caribe colombiana. Una parte de ese trabajo, pero no el único, se realiza por la vía del reciclaje de bolsas plásticas. Fue precisamente una exponente de la tejeduría wayúu, María Concepción Iguarán -un apellido que parece sacado de la novela cumbre de García Márquez- quien ganó en esta edición 29 de Expoartesanías la medalla a la Maestría artesanal tradicional. La ganadora es integrante de la comunidad guajira  Kayashirralu, de Bahía Honda, en Uribia 

El premio corresponde al lote de distinciones que se entrega cada año a quienes sobresalen por su solvencia en el oficio y el acumulado de una experiencia relevante en estas artes manuales y de procesos culturales ancestrales. El lauro principal que se concede al maestro de maestros se lo llevó este año Genaro Torres Solís, un luthier del Pacífico colombiano quien en su casa sobre el río Guapi, al sur del país cafetero, enseña a quien quiera aprender, el arte de tocar el llamado “piano de la selva”, como se conoce a la icónica marimba de esa región. Ese que tiene en la familia de Torres un referente de generación tras generación en la fabricación del instrumento y en la manera de interpretar música nativa con un elemento así, propio de las comunidades afro. Estos exponentes fueron acompañados por otros reconocimientos similares, entre ellos: la maestría contemporánea, la artesanal  en comunidad, la de fomento y la que se conoce como “legado”. Por su lado, la llamada “cerámica negra” de La Chamba, Tolima, recibió la denominación de origen artesanal. 

    

    

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Este es un reconocimiento oficial para un bien público, que implica una protección del estado para una zona geográfica que cuenta con factores materiales, simbólicos y de saberes arraigados que los hacen únicos entre similares eventuales. Es la denominación décimo segunda que se concede bajo ese marco conceptual. La distinción a esta producción en cerámica estuvo precedida con iguales relieves para las tejedurías raizales de San Jacinto, la de la cultura wayúu, la zenú, las cerámicas de Ráquira y Cármen de Viboral. Esto además de la cestería de Guacamayas, los sombreros de Aguadas, los de Suaza y los de  Sandoná. A lo anterior deben agregarse el barniz Mopa-Mopa de Pasto, la Chiva de Pitalito y, ahora, la cerámica de La Chamba. Los organizadores de este logro han señalado que es Colombia el país de la región con mayor número de reconocimientos en este rubro de la expresión cultural emblemática que, siendo local, apunta a la consideración universal. El escenario distintivo internacional lo puso Marruecos con su presencia para nada desconocida para el universo de habla española y la carga de exotismo que como estereotipo tiene cualquier país de visión musulmana. 

Una percepción enfatizada por intereses culturales a veces adversos para esta nación del norte africano, con fuertes vínculos históricos tanto con España como con Francia. Los antepasados marroquíes se impusieron en parte del Al-Ándalus español, hegemónico  en la península ibérica durante unos 8 siglos. En otras palabras, dejaron su marca en la lengua castellana y en las costumbres. De otro lado, hubo tanto con franceses como españoles pugnas también históricas pero recientes, de  tipo geopolítico y de fricción por resacas colonialistas. Entre ellas, las aún vigentes por los reclamos de los habitantes saharauíes del sur de ese reino, que tienen en la lengua española una  de sus banderas de resistencia frente al gobierno de Rabat. En la medina montada para la visita hubo artistas que mostraron su labor al público durante todos los días de feria. Además de los oficios tradicionales hubo despliegue gastronómico, de una cocina que hoy es reconocida por los americanos porque las destrezas se incorporaron al acervo español (aresprensa).   

Actualizado: jueves 26 diciembre 2019 17:02
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