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BERLÍN: IRÁN GANA OSO DORADO

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE  //  Publicado el 01 marzo de 2020  //  16.30 horas, en Bogotá D.C. 

 

BERLÍN: IRÁN GANA OSO DORADO 

 

Este festival de cine de la capital alemana que abre el año internacional, después de la entrega del Oscar, marcó en el 2020 un antes y un después. Los cambios comenzaron con el paso al costado de la anterior gestión y orientación del encuentro. Se supone que en ese viraje el festival cambiaría sus matices, pero en definitiva ni tanto ni tan poco, porque las tradiciones se resisten. En definitiva, una producción iraní se llevó el Oso de Oro y como de costumbre el director del filme triunfador no pudo estar presente porque el gobierno de Teherán lo prohibió. En otras palabras, se mantiene en la Berlinale una cierta militancia por aquello que desafía lo oficial y hegemónico. Resulta claro que eso sigue vigente en las tendencias del festival berlinés, porque no cabe duda que en el Medio Oriente la teocracia iraní es una de las hegemonías vigentes para esa zona del mundo. Esta selección del jurado derribó todos los pronósticos y, de alguna manera, se alineó de manera extraña con lo sucedido en el Oscar reciente, cuando se llevó la estatuilla la surcoreana “Parásito”, que también desafió alguna tradición arraigada. En definitiva, “There is no evil” de Mohammad Rasoulof cosechó la miel amarga de un triunfo censurado por  el gobierno del país oriental y el estado teocrático persa.

 

De esta manera el  festival de cine de la capital alemana puso su primera marca bajo la dirección bicéfala del peninsular Carlo Chastrian y la neerlandesa Mariette Rissembeek, reemplazantes desde esta edición 70 del teutón Dietter Kosslick, quien dio un paso al costado luego de fuertes críticas que acabaron con su orientación de casi dos  décadas. Los nuevos directores llegaron al timón luego de anunciar una renovación del festival germano. En efecto hubo cambios. La selección oficial quedó reducida de 22 filmes concursando, a 18, numero emblemático por ser el mismo en años en los que Kosslick estuvo al frente de la Berlinale. Antes de eso, más de dos decenas de las películas que entraban en competencia, hacían abigarrada la puja. No obstante, siguen siendo fuertes como siempre han sido, los trabajos de cine independiente y las llamadas obras fílmicas de autor.  Un eje temático que ha sido el perfil repetitivo del festival berlinés, que tiene ahora  menos estrellas internacionales y también menor exposición mediática.

El jurado que presidió el británico Jeremy Irons, premió a los del cine independiente de los Estados Unidos, al conceder el Oso de plata en tanto galardón especial del jurado, al filme de testimonio sobre el aborto que dirigió Eliza Hittman: “Never rarely sometimes always”. En ambos casos los premios mantuvieron la puerta abierta con los sesgos políticos e ideológicos que han sido tradicionales de este festival. El tercer oso plateado en importancia fue concedido al surcoreano Hong Sangsoo y su obra minimalista “The Wooman who ran”, al tiempo que otro premio similar le correspondió al satírico filme belga “Effacer l´historique”, de Benöit Delépine y Gustave Kervern. En este caso, la temática aborda  la  obsesión social contemporánea de la permanencia concentrada ante la pantalla del teléfono móvil. Ninguna de las películas que apuntaban al oro en las  cábalas pudo asomarse siquiera a la plata. Ese fue el caso de “Poor cow”, de Kelly Reichardt y “Days”, del taiwanés Tsai Ming-liang.  Lo mismo ocurrió con la italiana “Favolacce” de Fabio y Damiano D´Innocenzo e “Irradiés”, las que aspiraban al oro y debieron conformase con los segundos renglones plateados.

Esta última es una producción franco camboyana que fue premiada como mejor documental. Otro galardón de plata obtuvo la rusa “Dau Natasha”, de Ilya Khrzhanovsky y Jekaterina Oertel, por contribución artistica, aunque fue uno de los más controvertidos por las duras escenas de sexo y maltrato.  Aunque todo fue reformado para que el festival tenga menor peso contaminante de la gran industria del cine, no la evitan del todo y eso incluye a los grandes de la actuación. El hispano Javier Bardem y la británica Helen Mirren fueron dos  de los reconocidos que estuvieron en Berlín. El primero participaba con “The Roads not taken” y lo mismo ocurrió con otro famoso que asistió a la cita con película bajo el brazo: Johnny Deep quien participaba también con “Minamata”. Mirren  participó de las jornadas y recibió un oso áureo honorífico. Los cambios que trajeron los nuevos orientadores y los temores por el virus chino no redujeron la expectativa por asistir a las proyecciones. Más de 300 mil berlineses asistieron a las funciones programadas, superando el registro de 2019.

Ese interés del público está ahora en contraposición con las críticas previas a la gestión de Kosslick y los cambios que se precipitaron en el festival de la capital alemana. Uno de los señalamientos apuntaban a la calidad de los filmes de selección y a la pérdida de importancia de una cita internacional que es considerada la tercera en Europa, después de Cannes y Venecia. Ahora, lo que fue una ruta unidireccional tiene a Chatrian al frente de las decisiones sobre el plano estético, en tanto que la directora holandesa se ocupará de la logística y la sostenibilidad económica del encuentro cinematográfico germano. La crisis de imagen institucional había llegado al extremo de imaginar que la  tercería en importancia y la nombradía mundial de la Berlinale le dejarían paso a festivales como el de San Sebastián, e incluso Locarno. Precisamente, Chatrian fue hasta el año pasado la cabeza del nombrado festival italiano, en ascenso por importancia.  Los cambios incluyeron la eliminación de dos secciones: Culinary cinema -dedicado a la cocina- y Native, para cineastas indígenas.

Pero surgió una sección nueva, Encuentros, dedicada al cine innovador. El colombiano Camilo Restrepo obtuvo su primer premio por “Los Conductos”, en  la sección Mejor opera prima. En las cuentas de los cambios de presencia fílmica debe señalarse que la Berlinale 2020 tuvo 60 películas menos que en su versión del año anterior, la última que dirigió Kosslick. Se buscó con las alteraciones y recortes no solo mejorar la logística sino también el intentar una mayor asertividad y coherencia simbólica de la muestra.  Otro aspecto que forma parte de los cambios fue la intención de equilibrar la participación de  género: las realizaciones de mujeres aspirando al premio dorado en esta edición 2020, llegó al 41 por ciento, frente al 33 que hubo el año anterior. La relevancia de los realizadores y la diversidad geográfica fue otra de las apuestas innovadoras. El trabajo del ganador Rasoulof tiene en su alforja 7 filmes, todos censurados por su crítica a la pena de muerte. Su narrativa se estructura en episodios. Hittman, la otra gran ganadora, trata con delicadeza el difícil tema del aborto (aresprensa). 

Actualizado: domingo 01 marzo 2020 15:23
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