logo_aresprensa_notas
EL DESAFÍO DE EDUCAR EN EL NUEVO SIGLO

Publicado el 01 de diciembre de 2009 / 05.42 hora de Bogotá D.C.

EL DESAFÍO DE EDUCAR EN EL NUEVO SIGLO 

La educación en el siglo XXI debe ser entendida como un proceso y un propósito que produzca "humanidad" en el sentido extenso de la palabra. Es decir, una "puesta del hombre en el centro" de la situación y de los escenarios críticos de este tiempo. En otras palabras, en la comprensión de que " el ser humano debe ser asumido como ser supremo de sí mismo". Esto significa echar por tierra las relaciones en las que el hombre es humillado, sojuzgado y despreciado. Así lo entiende René Valera, experto cubano -PhD en Ciencias pedagógicas- quien es profesor titular e investigador de la Universidad de La Habana. 

Escribe: René VALERA 

Reflexionar acerca de la educación, su pertinencia e impacto social, lleva a replantearse la noción de educar desde la perspectiva de la complejidad. Múltiples interrogantes configuran esta búsqueda: ¿qué significa educar?, ¿cómo y para qué se enseña y se aprende?, ¿qué significa utilizar la educación como instrumento para el cambio social? 

Un punto de partida lo constituye la valoración de cómo se ha entendido el proceso de "enseñar" de manera tradicional, para lo cual el enfoque de la Ilustración constituye un ejemplo paradigmático. Siendo la Ilustración la expresión histórica de la ideología burguesa de la emancipación, ella abrió paso a la interpretación de la realidad como algo racional y por lo tanto explicable.

Su objetivo era el de liberar a los hombres del engaño y la superstición, a través de la luz del saber y convertirlos así de esclavos a señores y dueños de su vida. Su programa era el de "desencantar" al mundo para someterlo al dominio racional del hombre. En contraposición a la concepción teológica de la iluminación del hombre, mediante la revelación divina, la Ilustración argumentaba la capacidad racional del individuo para lograr el conocimiento de la realidad y de su propio autoconocimiento. Por tanto, lo esencial de dicha propuesta era la voluntad de que el individuo alcanzara la madurez, la capacidad de autonomía y la responsabilidad de la dirección de su propia vida.  

La intención teórica era la de concebir al hombre como sujeto de su vida. Sujeto, en tanto convierte en objetos de su actividad a los fenómenos que lo rodean, que no se subordina ya a ellos (bien sean fuerzas naturales o instituciones sociales) sino que los objetualiza para dominarlos y utilizarlos en la conformación de una vida feliz. Sin embargo, emergen contradicciones en dicho proyecto, vale decir en el objetivo de educar a los hombres.  

Pero, ¿quién introduce la luz en la mente de los hombres? Otros hombres, los ya ilustrados. Ellos convierten a los demás individuos en objetos de su actividad educativa y son los que lo conducen hacia la razón y a la felicidad. Es decir, en la actividad de ilustración se objetualiza al otro. Las relaciones intersubjetivas (sujeto-sujeto) sólo pueden ser comprendidas en los marcos de la ilustración clásica, como relaciones objetuales (sujeto-objeto).  

Con ello la Ilustración se traiciona a sí misma. Divide a los hombres en dos grupos: los educadores y los educados. La aspiración a la autodeterminación cabe tan sólo a los sujetos ilustradores, no para los individuos-objetos a ser ilustrados. Su función emancipadora cae prisionera de su condición objetualizante y dosificadoraEs así como la educación, concebida como ilustración, se configura bajo el signo de la dominación. 

DISOLVER LAS RELACIONES DE DEPENDENCIA 

El proceso de educación en este modelo se estructura a partir de asumir que el proceso de enseñar supone la existencia de un sujeto que sabe y un alumno-objeto al que se proporciona la luz del saber, en la cual toda relación interpersonal será vista como la de un "sujeto" con un "objeto". La aspiración a la autoproducción de sí mismo hacia la madurez y la autodeterminación es algo digno de ser conservado, pero la salida a las aporías de la Ilustración clásica sólo es posible reinsertándolas en el contexto de relaciones en verdad intersubjetivas. 

Esto significa que el proceso de educación tiene que ser concebido de otra manera. Si se quiere que contribuya a un tipo de cambio social que implique un replanteamiento desobjetualizador de la relaciones intersubjetivas tiene que cambiar él mismo. Tiene que ser parte del cambio social. 

Es imprescindible que en el modelo de transformación educativa, se rompa el esquema de las relaciones interpersonales objetualizantes, para devenir en un proceso en el que los hombres, interactuando entre sí y con su condicionamiento material, al transformar a ese entorno se transformen a sí mismos. Tiene que ser superada la educación, entendida dentro de los moldes afincados por una tradición de objetualización de las relaciones interpersonales, que implica la imposición al educando de esquemas mentales, estilos de pensamiento, además de normas y valores subalternizantes por parte del educador. 

En el escenario educativo descrito y cuestionado, al individuo sólo se le enseñan respuestas (saber instrumental) y los interrogantes se le presentan como demandas naturales, emanadas de la vida misma. Pero no se le enseña a interrogarse sobre esos instrumentos que se le proporcionan y, muchísimo menos, a cuestionar la racionalidad e intencionalidad de las preguntas, de las demandas que supuestamente debe resolver, los roles sociales que debe cumplir, las exigencias que debe satisfacer. 

Históricamente a los individuos se les ha enseñado a resolver efecientemente los problemas derivados del funcionamiento y reproducción de relaciones especiales. Un punto de partida para el cambio del acto de educar será plantearse que lo verdaderamente digno de ser aprendido es: aprender a formular las preguntas. Eso implica aprender a cuestionar la legitimidad de las preguntas, de las demandas, de las exigencias y de los roles que se le presentan al individuo con fuerza de requisito histórico-natural, además de aprender a interrogar a la realidad. Para decirlo en una terminología filosófica, aprender a criticar.  

Se necesita entonces una educación que, entendida como "el conjunto de procesos en los que son incardinadas las personas, y en el contexto de los cuales y bajo su condicionamiento tienen lugar su socialización y su individuación", tenga también el propósito supremo producir humanidad, que significa poner en su centro al ser humano, para que el ser humano se asuma como ser supremo para sí mismo. Esto para, con base en la apropiación de un pensamiento crítico, echar por tierra todas las relaciones en las que el ser humano es humillado, sojuzgado, abandonado y despreciado. 

Alguna vez lo dijo el maestro José Martí: "la mayor pare de los hombres ha pasado dormido sobre la tierra. Comieron y bebieron, pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo...Ser culto es el único modo de ser libre" (aresprensa.com) . 

0.0
Actualizado: -/-
Articulos relacionados: COLOMBIATEX, NUEVOS COMPRADORES APOLO 11, MEDIO SIGLO DESPUÉS RUSIA, UN SIGLO DESPUÉS EL "CHE", MEDIO SIGLO DESPUÉS ARGENTINA, DOS SIGLOS DE FRUSTRACIONES DUTERTE, "EL SUCIO", NUEVO PRESIDENTE FILIPINO FRANCISCO DE NUEVO POR AQUÍ NUEVO PERFIL DE LA GUERRA URBANA II NUEVO PERFIL DE LA GUERRA URBANA EVO DE NUEVO
DESDE JUNIO OTRA VEZ EL ESPAÑOL EN ESCUELAS PÚBLICAS FILIPINAS

Visitas acumuladas para esta nota: 3135

¡SÍGANOS Y COMENTE!