logo_aresprensa_notas
ECUADOR: PULSO EN LAS CALLES

ACTUALIDAD  //  Publicado el 13 de octubre de 2019  //  09.45 horas, en Bogotá D.C.

 

ECUADOR: PULSO EN LAS CALLES

 

Las revueltas en Ecuador crecen en  proporciones y se mantienen, tanto como la insistencia del gobierno de Lenin Moreno en no bajarle volumen al drástico ajuste económico que lleva adelante, con eje en el aumento vertical del precio de los combustibles. Ello no obstante la voluntad de negociar con los revoltosos y bajo toque de queda generalizado. Todo dentro del panorama de una economía de antaño y de suyo dolarizada y sin cheques en blanco para la administración por parte de una oposición tanto abierta como en la sombra, junto con la debilidad institucional propia de una buena parte de los países latinoamericanos. El  pronóstico inmediato no es grato para la continuidad normal del estado de cosas ya pugnaz por el telón de fondo de la fractura ideológica que divide a varias sociedades de la región. Para  colmo de males el traslado temporal del gobierno y de su equipo a la costera ciudad de Guayaquil, habiendo dejado a la capital en apariencia a merced de las protestas, hace crecer el malestar de no pocos ecuatorianos. Esto frente a la ahora dudosa estabilidad real del mandatario y de sus políticas de regularización fiscal, que precipitaron la respuesta violenta.

 

Escribe: Rubén HIDALGO

 

Las protestas son masivas y su virulencia creció en poco tiempo, sobre todo las que están orientadas y centralizadas por las comunidades indígenas. Ecuador está aplicando recetas de ajuste económico recomendadas por el Fondo Monetario Internacional. Eso implica la eliminación de subsidios, entre ellos al combustible. Las medidas previas fueron de auxilio y se introdujeron sobre todo durante el periodo que orientó Rafael Correa y su política populista dirigida a atenuar desequilibrios  de distribución del ingreso. Esas políticas de beneficencia que en el largo plazo son  insostenibles y que en realidad mantienen las condiciones estructurales de  pobreza y marginalidad, producen tarde o temprano baches y tropiezos institucionales. Tales  políticas inviables pasan a ser luego “derechos” que reclaman los presuntos beneficiarios, y su reducción o quita derivan en la reacción, por lo general violenta. Un fenómeno similar, no idéntico, afectó el apoyo de la clase media argentina a Mauricio Macri y ha puesto en consecuencia y en veremos la continuidad del gobierno austral, en un proceso que se definirá a fin de  este mes mediante la decisión de las urnas.

Por su lado, la continuidad de la  gestión  de Moreno queda ahora en entredicho,  pero no por el cambio que plantea la dinámica propia de la democracia. La interrupción del juego democrático ha sido abortado en Ecuador en tiempos recientes por una suerte de ukase callejero que llevan adelante los indígenas y un sector de los habitantes de las ciudades, generando la paralización casi total de las actividades y el desabastecimiento. La acusación al fogoneo de las protestas que ha hecho el gobierno  ecuatoriano, señalando tanto a Nicolás Maduro y al correísmo local no parecen por ahora tener demasiado sustento, aunque no es descartable. Pero sería un apoyo marginal y oportunista que no incide en el rechazo extendido a las señaladas medidas de ajuste, que los manifestantes llaman “paquetazo”. Es real que la ola ideológica extendida en el continente bajo la  orientación de los seguidores del Foro de São Paulo y en lo concreto por Venezuela y Cuba  no son simples espectadores de las expectativas de desestabilización institucional contra sus rivales en distintos países, pero alegar que la repulsa es una simple manipulación conspirativa resulta desacertada bajo las circunstancias a la vista en Ecuador.   

La señalada paralización de las actividades económicas incluye la de la producción petrolera y el surtido de alimentos a las tres grandes ciudades del país, así como a varias intermedias. Esto último, de prolongarse, será funesto la para recomposición de la gobernabilidad ya afectada por la imagen negativa que  dejó el traslado de las funciones de gobierno desde  la capital a Guayaquil. Eso, además de la impotencia en la contención de la protesta masiva, le deja la opción de senderos oscuros a las decisiones que tiene Moreno en sus manos para tratar de acordar la normalización de su gestión, que queda muy golpeada y que incluso puede derivar en una irreversible sin salida. Lo que suceda en Ecuador en las próximas semanas, al igual que lo que pudiese ocurrir en la Argentina con su nudo electoral que se definirá en el último domingo del mes que corre, marcará la evolución de la región para los años que vienen, de igual forma como se definirá con estas derivas sociales y políticas el rumbo de la pugna ideológica que se mantiene desde hace dos décadas en el continente.

En Ecuador esa pugna se manifiesta ahora en la vía pública y en la dinámica vandalismo-represión, mientras que en el llamado Cono sur la suerte de esta otra traumatizada sociedad se definirá mediante el voto. En ambos casos está en juego el equilibrio social y el normal juego de la democracia. En ambos casos la repulsa tiene líneas de causas similares en lo macro y en el centro de la polémica aparece la figura del Fondo Monetario Internacional y sus exigencias de ajuste y control fiscal, a despecho de las políticas de subsidio extendido que promueven las administraciones de izquierda que precedieron a las actuales y que traumatizan tanto como tornan incontrolable la vigencia de la salud administrativa del Estado y de la propia sociedad. Ambos gobiernos previos, en presunción de la aplicación de políticas tendientes a impulsar la justicia social, profundizaron el estigma de la pobreza y marginalidad, al tiempo que generaron déficits fiscales inmanejables, precipitando las crisis que heredaron sus sucesores. Estos últimos debieron acudir a salidas desesperadas que incluyeron el concurso de préstamos al organismo de respaldo multilateral, el cual exige el ajuste fiscal precisamente y como contraprestación.

La eliminación de esos subsidios de mano rota que vacían a la hacienda pública y la paralizan, llevó a Moreno a requerir del Fondo un préstamo de 4 mil millones de dólares. El ajuste generó el rechazo de aquellos beneficiaros de esos subsidios que mantenían congelado el precio de la gasolina y de allí a la revuelta no quedaron pasos. No es la primera vez que eso sucede en la historia reciente de la región, que parece no aprender las lecciones de la historia inmediata. En la repulsa, los que protestan señalan tanto al Fondo Monetario Internacional como a la corrupción y falta de tino de las clases dirigentes, en lo que no les falta razón. Pero niegan sus propias culpas y las causas estructurales como causantes reales del desastre. Estos, desde una perspectiva ideológica, vuelven con sus consignas inculpadoras en una suerte de metafísica en situación, demonizando a sus rivales y exculpándose, al tiempo que victimizan a los otros: sean estos ciudadanos del común, gobernantes, bienes públicos o privados, de la misma manera como exponen a la represión y en el frente, a sus propias mujeres e hijos. Eso último lo hacen para generar lástima colectiva y corrientes favorables por compasión de parte de quienes son testigos de los hechos vandálicos que se perpetran y promueven. Es una antigua táctica de estos sectores violentos, que siempre les ha servido, tal como se ve por estos días en la calles y carreteras ecuatorianas.

Durante la administración de Rafael Correa y en condiciones de precios favorables por el valor internacional de los commodities, en tiempos de la emergencia industrial de China e India, el país del centro del mundo tuvo por una década ingresos por unos 250 mil millones de dólares, pero el presidente de izquierdas, aliado del chavismo y sus similares, dejó una deuda de 60 mil millones de dólares, fruto del señalado flujo de subsidios y el despilfarro. Esto al margen de algunas medidas positivas, tal como lo han sido las transformaciones del modelo educativo y el desarrollo de la infraestructura, no exenta de corrupción. En esa década de populismo autoritario y concentración del poder con restricción de libertades, la sola porción de la deuda contraída con los  chinos se acercó a los 20 mil millones de dólares, con altos intereses. Esos socialistas orientales no son tontos. Desde Abdalá Bucaram a Lucio Gutiérrez, las movilizaciones cuyo eje son los indígenas han interrumpido el hilo constitucional en tres ocasiones durante los últimos decenios (aresprensa).  

---------

VÍNCULOSHONG KONG CONTRA BEIJING  //  MACRI, LA CATÁSTROFE
Actualizado: domingo 13 octubre 2019 09:50
Articulos relacionados: ECUADOR: UN PASO PARA QUE NADA CAMBIE VENEZUELA, PULSO MÁXIMO Y PRONÓSTICO INCIERTO
ecuador protestas masivas

Visitas acumuladas para esta nota: 634

¡SÍGANOS Y COMENTE!