logo_aresprensa_notas
HONG KONG CONTRA BEIJING

ACTUALIDAD  //  Publicado el 29 de septiembre de 2019  //  15.00 horas, en Bogotá D.C.

 

HONG KONG CONTRA BEIJING

 

Nada peor para una población pequeña, en términos comparativos, que desafiar al gigante administrativo y político del cual depende aunque no le  guste, tal cual como le sucede a la población exaltada de Hong Kong ante Beijing. La experiencia de Tiananmén hace 30 años es una sombra que persigue a quienes intentan levantar la voz contra la férrea voluntad central. Esta ya se ha hecho sentir y en la ambigua declaración de la  autoridad pequinesa, en amenaza velada, y la poca tolerancia a los desafíos políticos y públicos se han puesto de manifiesto en la vía pública. Es mucho lo que se juega en el pulso político sobre las calles de Hong  Kong. Uno de los factores es  el de las costumbres liberales que dejó como herencia la presencia británica en el que fue su enclave colonial.  Eso conformó una mentalidad que no quiere renunciar a lo que se considera en autorreferencia como una conciencia colectiva. La otra es también una mentalidad contundente, la del ancestral sensorium chino de respeto y no desafío a la autoridad.  Esa forma oriental de relación con quien dirige al Estado, que es tan antigua como el gigantesco país. Esto es: la ausencia de  rebeldía debe ser el eje de la relación con la autoridad. Al cumplirse 70 años de la llegada del gobierno comunista a China,  la tensión en la ciudad exaltada se mantiene.

 

Escribe: Rubén HIDALGO

 

Las formas de protestar y de exaltación en las calles se diferencian poco de otras similares que suceden en Occidente y en este tiempo. Los encapuchados, las  gambetas para evadir  la acción de la policía y la manera de enunciar los argumentos de los reclamos. Los protestantes rechazan la posibilidad de que se puedan establecer controles dictatoriales  como los que existen con férreo control en el resto de la “república popular”, al tiempo que se les reitera que no es posible tolerar la disidencia por fuera de ciertos límites. Las advertencias encierran una amenaza hiperbólica: Beijing no renuncia a la posibilidad de una represión ejemplarizante, un escarmiento al estilo de cualquiera de las dictaduras comunistas de la historia, de las que la propia China ha sido escenario. Por eso la memoria de lo sucedido hace treinta años se trae de manera constante al presente. El punto focal es el de aquel solitario manifestante desarmado frente a un tanque de guerra en actitud de desafío y en medio de la plaza, que no ha sido olvidado por nadie, ni en China ni en el mundo.

Es claro que el gobierno de Xi Jinping sabe que una represión salvaje traería consecuencias y ahora las trazas que eso pudiese traer importan más que hace  tres décadas. En aquel tiempo China era aún un país que se mantenía por fuera del mundo aunque había comenzado el proceso de inserción al menos una década antes, desde la muerte de Mao Zedong. Ahora el gigante oriental no podría frenar el repudio de Occidente y en momentos en que su despliegue comercial e industrial mundial requiere de la aprobación internacional para sus exportaciones, tanto como requiere de las materias primas que alimentan su voraz industria. El uso desmedido de la fuerza contra civiles desarmados tendría un costo imposible de pasar por alto. China sabe que si lo hace le pasarán factura, con Estados Unidos y el Reino Unido a la cabeza. Detrás, estarían todos  los demás. Es por eso que desde el interior de China, así como del caliente Hong Kong y de cualquiera que conozca de los movimientos de la  dirigencia china, se asegura que no habrá otro Tiananmén.

Ambas potencias occidentales estarían al frente del ajuste de cuentas, en caso de que las autoridades chinas la emprendan contra los protestantes porque los habitantes de esa ciudad occidentalizada guardan una herencia distinta en la mente y en la manera de ser. Inglaterra, por haber sido el país que mantuvo a Hong Kong como enclave colonial hasta 1997 y después de 154 años de presencia colonial, mantuvo en el bolsillo las claves de esa forma de mirar el mundo, tan diferente de la visión oriental. La perspectiva democrática y una economía de mercado con liberalidad de costumbres establece la diferencia y los gobernantes de Beijing se comprometieron a respetar ese modelo al menos hasta el 2047. Pero el temor de una “revolución de terciopelo” fogoneada por los Estados Unidos y en general por el Occidente, enerva a los chinos tradicionales quienes también tienen presente a la herencia de Lao tse, Confucio y Mao Zedong. Eso es algo  que no desvela a los occidentalizados jóvenes de Hong Kong que llevan adelante sus movimientos, los cuales incluso afectaron el aeropuerto de la ciudad.

Pero los revoltosos no podrían ir más allá de lo que ya han manifestado. La urbe depende de la China para tener el agua potable que consume. Eso no es lo único, también los manifestantes saben que pueden tensar la cuerda hasta el límite pero no pueden hacerlo de tal manera que se rompa. Por ahora mantienen la exigencia de directivos políticos locales que respondan más a su idiosincracia que a las exigencias de los burócratas de la administración central. Al tiempo que se mantiene la guerra psicológica y tecnológica entre unos y otros. Las advertencias son claras, aunque a veces elípticas, sobre la eventual represión por parte del ejército, al igual que la presencia inmediata de las fuerzas de esa instituciones armadas acantonadas en la fronteriza Shenzhen. Eso y la infiltración de las manifestaciones por agentes de seguridad vestidos de paisano, así como la detección y catalogación de los rebeldes por sus rasgos faciales, entre otros recursos digitales que permitan la eventual judicialización.

Todo lo anterior junto con la espada por ahora guardada de una extradición a la capital del país, para un eventual juzgamiento sin garantías. La posibilidad de una decisión semejante fue la que produjo los primeros incidentes en las calles, iniciados hace un semestre largo. Pero luego escalaron los reclamos por mayores posibilidades democráticas y de  expresar libremente el qué hacer con la vida. Así también creció la respuesta represiva del gobierno local, el cual es afín de manera abierta al pensamiento de la burocracia superior. Ese es otro factor que rechazan los movimientos pugnaces de los jóvenes, quienes alcanzan a plantear la salida de Carrie Lam de la jefatura del gobierno local. En la hora de conmemorar el quinto aniversario del Movimiento de los paraguas que fue el brote inicial de las protestas que ahora germinaron en las movilizaciones latentes y presentes, la tensión en los puntos álgidos de la metrópoli, sitios de reunión y tránsito, dicen de una pugna que está lejos de amainar porque en realidad confrontan dos formas de visión del mundo que por el momento parecen inconciliables (aresprensa).   

--------

VÍNCULOSEL NEOGORILISMO II  //  IRÁN EN EL BORDE
Actualizado: domingo 29 septiembre 2019 17:29
Articulos relacionados: SAN ANDRÉS, CONTRACARA DEL PARAÍSO TODOS CONTRA TODO TERROR COSTA RICA CONTRA FAVORITO OFENSIVA CONTRA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN PUNTEROS CONTRA SUS FANTASMAS CELAC INSISTE EN ALTERNATIVAS Y CONTRADICCIONES MOVILIZACIÓN SOCIAL CONTRA EL GOBIERNO ARGENTINO REFORMA TRIBUTARIA CONTRA SALARIO SOCIAL JORGE LANATA: DÉSPOTAS CONTRA LIBERTAD DE EXPRESIÓN AFAD CELEBRA VIGENCIA DE CONVENCIÓN UNIVERSAL CONTRA LA DESAPARICIÓN FORZADA
hong kong manifestaciones

Visitas acumuladas para esta nota: 382

¡SÍGANOS Y COMENTE!