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INCÓGNITA LIBIA

Publicado el 16 de octubre de 2011 / 20.50 horas en Bogotá D.C.

INCÓGNITA LIBIA

La salida de Gadafi de Trípoli no ha significado el fin del conflicto que se desató sin solución de continuidad y que estaba represado por décadas de férrea conducción del líder depuesto por la fuerza y por las circunstancias agregadas que sacuden a Medio Oriente y el norte mediterráneo de África. La sombra de la guerra civil sacude a ese conjunto social fracturado de manera ancestral por las divisiones tribales y de pertenencia, las cuales se remontan a tiempos del Imperio Romano.  En efecto, las separaciones entre los territorios de Cirenaica y Tripolitania marcan hasta hoy las diferencias entre los libios, una sociedad pegada de manera inconsistente como Estado por los intereses de imperios y hegemonías presentes.

El defenestrado coronel libio que ejerció de facto su primacía política desde 1969 parecía inconmovible hasta las protestas callejeras de comienzos de año. Era hasta diciembre de 2010 impensable que el pintoresco coronel libio, comprometido con el terrorismo en parte de su saga histórica, pudiese ser removido de su posición.

Gadafi  pertenece a la tribu Warfalla y a los Sanussi perteneció el anciano -en ese entonces- rey Idris, destronado por Gadafi en 1969, con los argumentos panárabes que enarboló el egipcio Gamal Abdel Nasser en su tiempo. Allí, para poner sólo un ejemplo, se puso de relieve la rivalidad ancestral entre cirenaicos y tripolitanios. Gadafi nació en Sirte la asediada ciudad tripolitana que está rodeada y penetrada aún por artillería y francotiradores que, en conjunto, pretenden capturar al depuesto y cuestionado dirigente en retirada.

Libia aparece así en el mapa como un artificio elaborado por siglos y en constante reconformación por aquéllos que de manera lenta pasaron y fueron dejando una impronta cultural acumulada pero diferenciada en sus diferentes expresiones.  En la suma, el país resulta ser un invento de estado occidental como lo son aún muchas banderas africanas, separadas o unidas sin tener en cuenta las afinidades y rivalidades tribales, tal como ocurrió con todos o casi todos los países africanos. 

El área occidental donde se encuentra Trípoli fue asentamiento primero fenicio y luego cartaginés –propiamente africano- en tanto que la región oriental estuvo bajo la influencia griega, ambos segmentos territoriales fueron asimilados luego por Roma y el posterior paso de los bizantinos y los turcos no selló las diferencias. Esa fractura persiste y está en el sustrato cultural del vigente conflicto.    

Occidente coqueteó con las inversiones y el petróleo. Libia es uno de los principales abastecedores de Europa, en particular Italia y Francia, aunque no tiene el país libio la importancia de Egipto en términos de peso cultural para el Islam, del cual es una fuente de ideología. Su importancia radica en su posición geográfica y en el hecho de que siempre ha sido un enclave cultural fuertemente influenciado por Occidente, parte del imperio romano y con evocación griega y fenicia. 

ALIANZA CULTURAL

Pero además, y también, ha sido el área de tránsito entre el Mediterráneo, el territorio subsahariano, y lo que fueron los imperios negros del centro de África.  En efecto, fue Libia el camino o el escenario de paso durante siglos de las caravanas que conectaron el mare nostrum romano con la ignota y fascinante África profunda. Libia fue el acceso a la mítica Timboctú, hoy en la República de Mali.  

Esas tradiciones las recogió Gadafi y las aprovechó en sentido político y estratégico. No sólo le ha funcionado la pertenencia tribal que le permite aún resistir desde Sirte hacia el sur y al Este, sino que además mantiene y aprovecha el apoyo que puede recoger en retaguardia, por el hecho de que los países que están inmediatos a la línea central del Sahara le son adictos, debido a las señaladas relaciones de raíz ancestral e histórica y por el apoyo que Gadafi les brindó en lo económico durante más de 40 años. 

Italia en las primeras décadas del siglo XX y con sus propios antecedentes en la región, le apostó a la rearticulación tardía de un nuevo imperio africano que tenía otros apoyos en Túnez y en el cuerno de África, esto último de manera específica en Etiopía. Fue un sueño corto pero de cualquier manera suma carga histórica a la presencia de los intereses italianos y franceses, que mantienen en nombre de Europa su papel protagónico e interventor en la crisis libia, pues son parte de una región sedienta de petróleo accesible y a costo viable.

ABDEL HAKIM BELHAJ MUAMAR GADAFI

Por otro lado, era muy difícil que los occidentales le perdonaran a Gadafi –a pesar de cualquier muestra de arrepentimiento- sus compromisos con el terrorismo musulmán siempre dispuesto a golpear a Occidente. En ese cuadro nadie podría olvidar los planes y operaciones terroristas que amparó el líder libio durante los años 70 y 80.

Sin embargo, tal como lo fue en su momento Sadam El Hussein en Irak, sus ideas y ejercicio de Estado pasa por posiciones seculares en el conjunto del Islam. Esto es bueno de tener en cuenta cuando se observa que en los grupos que alientan las actuales rebeliones civiles del norte de África y de Medio Oriente también se encuentran sectores radicales que no aceptan la separación entre el gobierno y la confesión religiosa.

Es cierto que los valores de Occidente nunca se han impuesto de manera integral en esas sociedades y que un segmento importante de sus costumbres se encuentra a medio camino entre la idea de libertad y libre pensamiento frente a los arraigados usos y maneras de entender la vida, propios de esa culturas que en lo cotidiano suelen rechazar la asimilación a los valores occidentales.  No obstante, debe tenerse en cuenta también que, en general, esas sociedades que aceptan a regañadientes la inclusión plena la cotidianidad occidental lo hacen como manera de repliegue y resistencia, además como  una estrategia de comportamiento, arraigada y persistente, que les permite mantener  su identidad y capacidad de elección frente a la hegemonía global. 

SOSPECHOSO CNT 

Abdel Hakim Belhaj, es vocero oficioso del ignoto conglomerado que con sus contradicciones y bajo la denominación de Consejo Nacional de Transición (CNT) se ha asentado en Trípoli y aparece ante los vigilantes ojos de Occidente como un hombre que ostenta la primacía militar de las montoneras que derrocaron al anterior líder tribal. Incómodos siempre ambos –tanto Gadafi como Belhaj- para los occidentales que apoyaron la rebelión en el plano bélico, político y logístico. El manejo del difuso aparato militar que combatió a Gadafi no en vano despierta temores: su primer general Abdel Fatah Yunis fue asesinado en julio por hombres que lo emboscaron en pleno proceso de la rebelión, en las inmediaciones de Bengazi, y su muerte hasta ahora no ha sido esclarecida.  

Empero, Ali Sallabi otro integrante del conglomerado que fue rebelde, se manifiesta como el orador y erudito quien, si bien no ostenta cargos relevantes, tiene un papel importante como agitador primero y promotor después de la revuelta triunfante. Este último podría ser parte de  un posible gobierno presentable ante el mundo.

Por ahora, Mustafá Abdel Jalil se presenta como presidente del CNT, que ejerce el gobierno de facto. Sobre este último hombre pesa la responsabilidad por la muerte del general Yunis. La parte por debajo de la mesa que tiene la escritura de esta rebelión se encuentra, en parte, en el hecho de que buena parte de los movimientos que terminaron derrocando a Gadafi nacieron en la cirenaica ciudad de Bengazi.

Pero nada se ha precipitado de manera definitiva en Libia, Amnistía Internacional ha reiterado su denuncia sobre el maltrato a prisioneros y civiles por su afinidad con el depuesto régimen libio, lo que señalaría la prolongación de las arbitrariedades por las que se acusa y rechaza a la administración de Gadafi. En tanto, La Sirte asediada y en ruinas, además de puntos del desierto, como Bani Walid, aún resisten (aresprensa). 

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