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IRÁN-USA: EL PULSO NO DECRECE

ACTUALIDAD  //  Pubicado el 19 de enero de 2020  //  16.00 horas, en Bogotá D.C.

 

IRÁN-USA: EL PULSO NO DECRECE

 

No ha sido una baja más que engrose la estadística de pérdidas militares, tan natural como trágica en cualquier conflicto. Tampoco es cualquier conflicto este vigente entre el milenario Irán -ese país de arios, como lo dice el propio nombre del estado persa- y la potencia hegemónica de Occidente. Se trató de la caída de un mando superior y de primera línea en la confrontación que se aproxima al medio siglo y va en aumento de cachetadas fatales hacia uno y otro frente. Así es desde 1979 y la probabilidad de que crezca está latente y a la vista, no obstante la curva de valles de tensión que se produjeron en los últimos días. Los hechos colaterales de la pugna armada que presiona la divergencia radical en la concepción de mundo de los contendientes, los intereses estratégicos y económicos además de los geopolíticos deja graves consecuencias colaterales. Una de ellas fue la que se presentó con el derribo de un avión comercial extranjero en Teherán.

 

Escribe: Rubén HIDALGO

 

La elusión primero de la responsabilidad de la Guardia Revolucionaria -que dirigía el alto oficial caído en las afueras del aeropuerto de Bagdad, al frente de la Qud, su unidad de élite- en el derribo de la aeronave ucraniana, demuestra de nuevo que es la verdad una de las primeras víctimas en una guerra. El general Qasem Soleimani, sacrificado en el inicio del mes, manejaba los hilos de la lucha del lado iraní, sobre todo en la expansión de influencia de su país más allá de sus fronteras, y su pérdida es difícil que arredre a la dirigencia a la que juró lealtad. La misma que tiene en su visión de desafío e impugnación un relato irredimible y no negociable desde el discurso. En ese relato la conducción persa valida su apuesta mística y política como universal, e impugna tanto al Occidente que considera corrupto y demoníaco, tanto o casi como a gran parte sus vecinos árabes de confesión suní. También tiene a Israel como adversario irredimible. Todos son enemigos vistos como frentes a derrotar, porque se supone que es eso un mandato divino y contra lo cual no hay razonabilidad que alcance en el largo plazo. 

El cuadro pareciera ser sacado de una leyenda negra con ribetes medievales y lo es. Pero esa concepción, un metarrelato de naturaleza religiosa, es lo que alienta a un estado teocrático como lo es el Irán de los religiosos que lo gobiernan. Eso no significa que ignoren lo que ofrece el progreso al estilo occidental. La forzada monarquía autoimpuesta hasta 1979 se había modernizado de tal forma que Irán, para ira del segmento confesional que tumbó al sha Reza Pahlevi y a sus sueños hegemónicos en Medio Oriente, había ya convertido a la antigua Persia -aquella del imperio de Darío y de Jerjes- en la semilla de lo que es hoy. Había en el mito fundacional del moderno Irán mucho de la arrogancia de un imperio que ya había sido hegemónico sobre todo el Medio Oriente, desde la costa oriental del Mediterráneo casi hasta la India. Doblegado apenas en casi 5 mil años de historia por otras dos hegemonías fugaces y destructivas del legado milenario: la griega de Alejandro y la de los mongoles que llegaron mucho después. 

Pero la antigua Persia de los arios occidentales siempre había resurgido de sus desastres históricos e incluso habían absorbido con su peso cultural y tradiciones a los invasores. No es casual que la parte doctoral del Islam haya sido construida por los persas, a despecho de las hordas bárbaras e iletradas de los nuevos seguidores, fanáticos de Mahoma y de su mensaje. Esos que llegaron desde la península arábiga para imponer la nueva fe, pero que no pudieron evitar ser cooptados -tal  como ocurrió con Alejandro- por la sofisticación de aquellos que habían hecho de “las mil y una noches” una realidad concreta y vigente. Aquellas leyendas paganas del libro mítico tuvieron origen en Persia. Era ese un paquete cultural que hería la sensibilidad de aquellos recién llegados, quienes sabían muy poco más allá de lo que mostraban el camello y el caballo. Los mismos que por entonces respetaban a “los hombres del libro” que estaban en el norte, pero no tanto como para contraponerlos a la nueva fe del profeta de La Meca y Medina. 

Pero una cosa era la nueva religión de los invasores y otra el legado y el acervo persa heredado de los tiempos inmemoriales e imperiales. El mismo que les había permitido asediar a los griegos, en las puertas de dos de sus ciudades importantes: Atenas y Esparta. No pudieron pasar pero es bien cierto que otra hubiesen sido las historias si aquellos que venían del Oriente próximo no hubiesen sido vencidos en Grecia. Para ese entonces ya tenían mucho para decirle a la humanidad en eso del dios único, el alfabeto, o el misticismo del sufi, el mismo que después inspiró a lo mejor de las hordas cruzadas y a sus trovadores. Fue tanta la influencia persa en  los caballeros cristianos que no podría hablarse del amor romántico medieval y después del movimiento político y estético llamado Romanticismo, por fuera de los ecos de esa vieja cultura. En parte es por eso que cuando se piensa en enfrentar a esos pueblos de arraigada tradición, es mejor hacer los mejores cálculos. No son una pera en almíbar y ellos saben que antes de esta o cualquier otra confrontación similar serán en la previa vistos con respeto. 

La seguidilla de errores que se han perpetrado al respecto habla de esa necesidad de ser medidos, cuando se toma la decisión de enfrentarlos. Errores reiterados en otros espacios del conflicto de Medio Oriente, todos tan protuberantes y repetidos que incluso se plantean dudas para que puedan ser definidos como errores. Irak, Libia, Egipto y Siria son evidencias sin contraste. En casi todos esos países cercanos a Irán en lo geográfico y en lo espiritual, incluso con los que se enfrenta ahora dentro del Islam, la tensión implícita o el fuego abierto borra todo horizonte próximo de tranquilidad para esa zona y el mundo en general. Occidente insiste en aplicar fórmulas que han fracasado y que aumentaron los choques en los cuales los sectores más radicales y sanguinarios, si no actúan de forma explícita en el ahora o son acorralados, tarde o temprano redoblan su impulso por mantenerse vigentes en la pugna armada. Primero Al Qaeda y después el Califato, por ahora neutralizado, son algunas de las aristas de una conflictividad permanente en la cual también Israel juega un rol fundamental. 

La nación judía lo hace a favor y en contra de unos u otros según las contingencias, aunque siempre para conveniencia propia. También, en especial y de manera recurrente Israel está en contra del Irán fundamentalista -luego de la caída del sha- coherente siempre con los intereses occidentales, aumentando los riesgos de una eventual y mayor puja, en la que ya asoma la amenaza nuclear. El tema del petróleo, el terrorismo supérstite y la presencia de Israel son tres de los factores que hacen impensable por el momento la posibilidad de una convivencia acordada con horizonte permanente en el Medio Oriente. La pugna con los israelíes está allí vigente desde su nacimiento, injertado por mandato de las Naciones Unidas en Palestina, a fines de los años 40 del siglo pasado y a poco de concluida la Segunda Guerra Mundial. La calma vigente es engañosa porque el Irán milenario no ha renunciado a montar su arsenal nuclear y tener la posibilidad de desatar contra sus enemigos el fuego del horno atómico. La determinación como mandato religioso está a la vista en sus consecuencias y no es menor que la que tuvieron los Cruzados, cuando llegaron a esa zona hace un milenio (aresprensa). 

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VÍNCULOARGENTINA SIN ESPERANZAS                 
Actualizado: domingo 19 enero 2020 15:16
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