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LA SCALA DE MILÁN, ESA MARAVILLA

Publicado el 28 de abril de 2016 / 07.10 horas, en Bogotá D.C.

LA SCALA DE MILÁN, ESA MARAVILLA

 

Es inminente la presentación en Bogotá del documental sobre La Scalade Milán. Un trabajo de excelencia con una catarata de imágenes que impactan y predisponen de la mejor manera a ver el relato fílmico del tradicional escenario italiano. El recorrido toma como punto de referencia el incendio de 1776 y la reconstrucción en el sitio que antes ocupaba la iglesia Santa Maria alla Scala, de la cual en definitiva derivó el nombre de la sala. El templo fue “desconsagrado” y demolido, para dar lugar al nuevo destino y a una inauguración que se produjo en agosto de 1778, bajo el nombre de, Nuovo Regio Ducal Teatro alla Scala. El autor en el reestreno fue Antonio Salieri, con la ópera L´Europa Riconosciuta.

 

Escribe: Santiago NEMIROVSKY

Ubicado en la Piazza della Scala, muy cerca de la catedral gótica de Milán, se destaca por ser el único gran teatro de la ópera que no pertenece a una ciudad capital de país sino a una ciudad que por sí misma vibra y se nutre de la ópera cuya temporada da inicio el 7 de diciembre, fecha de la celebración de San Ambrosio, patrono de Milán. Como dato curioso, según sus normativas internas, todo espectáculo debe terminar antes de la medianoche y si es muy extenso debe comenzar más temprano. Unos siglos atrás, al igual que otros teatros de la época, La Scala hizo también de casino.

Hacia 1907 se renovó su estructura original, momento en que se realizó el cambio al diseño actual. Durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos dañaron seriamente a La Scala. Terminado el conflicto los milaneses se dieron a la tarea de reconstruir y reestrenar el sitio el 11 de mayo de 1946, con un concierto dirigido por el memorable Arturo Toscanini, quien es una de las grandes instituciones de la gran sala. Los que somos cinematográficamente viscontianos nos alegramos en volver a ver aparecer al gran Luchino, dado que no solo era un director italiano lombardo -más exactamente milanés- sino que lo vemos en sus otros roles de director de teatro y de ópera.

Si a esto le unimos la presentación de la maravillosa María Callas, de la mano de Visconti, haciendo nada más ni menos que La Traviata, de Giuseppe Verdi, ¿qué más se puede pedir?; la película, además, hace uso de una serie de recursos diversos como fotos, grabaciones, conciertos y partituras, entre otros recursos. Todo de la mano de sus diferentes grandes directores. Entre ellos Arturo Toscanini, Riccardo Chailly y Claudio Abbado, Riccardo Negri y el sudamericano -para que no se haga evidente el hecho de que es argentino- Daniel Barenboim.

El director del filme hace uso de un recurso que no solo es interesante, sino con el agregado de ser didáctico y entretenido. Un grupo de actores, en diversos momentos de la película, van haciendo las veces de personajes -administradores y gente de las oficinas- quienes van contando en tiempo presente la historia de La Scala en relación con ciertos momentos históricos. Resulta fascinante ver el relato de quién era Verdi y lo que representaba en ese ámbito de representación, en Milán. Siempre nos deja temblando el poder oír y ver la presentación del coro de los esclavos hebreos de la ópera Nabuco.


LA SCALA de MILÁN

La historia de Verdi, tan ligada a este escenario icónico en el mundo, es fuerte en el relato fílmico, y eso se resalta en lo que fue la despedida de sus restos cuando el compositor -cuyo nombre inspiró a los garibaldinos en la lucha de independencia y unidad italiana- partió del mundo. La Scala es la casa natural de Verdi, Donizzetti, Puccini, Bellini y Rossini, con obras que trascendieron de la mano y dirección del gran Arturo Toscanini. Todos ellos tuvieron un denominador común: el haberse consagrado en ese espacio público que también llevó a la cima a sopranos como la Callas y otra grande que no podría soslayarse: Renata Tebaldi.

 Además, pudimos observar los grandes momentos que pasaron los directores Giorgio Strehler, junto con Visconti y Franco Zeffirelli. Es también conmovedor ver a un Luciano Pavarotti joven, cantando, cuando estaba iniciándose en este fascinante mundo. Por otro lado, vimos a un Plácido Domingo ya maduro recordando su debut -mediante fotogramas- y los recuerdos que le trae. El gran Lorin Maazel también aparece allí dirigiendo. Las imágenes elocuentes de la apertura de Aída de Verdi, suponen un éxtasis estético ante las escenas, en las que no solo se escucha la bellísima melodía con otra entonación, sino que la complementan las imágenes de los soldados egipcios marchando. Además, las visiones de Otello y de tantas otras puestas nos sumergen dentro de las entrañas de La Scala.

Grandes bailarines como Roberto Bolle y Carla Fracci son los encargados de volver a la vida artística, con momentos de indudables triunfos. Relatada por Sandro Lombardi, con voz en off y un gran trabajo por parte de Luca Lucini en la dirección, esta película nos hace sentir no solo que estamos dentro de La Scala sino que en su espacio se siente la presencia de quienes lo hicieron majestuoso y, de manera mutua, se untaron de inmortalidad: Verdi, Donizzetti, Claudio Abbado, María Callas y todos los demás. El trabajo en pantalla logra plasmar por esencia la dimensión de estos genios no sé si en las mismas paredes del mítico teatro, o en la atmósfera de añeja intemporalidad que trasunta su interior y entorno (aresprensa).

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