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LOS KIRCHNER, EL HAMPA COMO RAZÓN DE ESTADO V

ACTUALIDAD  //  Publicado el 13 de octubre de 2019  //  18.00 horas, en Bogotá D.C.

 

Argentina Tomada por el Narcotráfico

 

LOS KIRCHNER, EL HAMPA COMO RAZÓN DE ESTADO V

 

No existen dudas ante la evidencia acumulada por años: además de su corrupción alucinante, el kirchnerismo argentino es un aliado del narcotráfico y del terrorismo internacional. Pero eso no es lo peor, se preparan para asumir de nuevo el control del país austral. Lo que viene entonces ya  no es el temor al regreso del hampa a cara descubierta y con aire tan institucional como mesiánico y cínico, sino lo claro de la catástrofe que se avecina en el Cono Sur con la premisa atroz del “vamos por todo”. Una consigna siniestra contra libertades y minorías, lanzada en sus mejores días por la   ex presidenta Cristina Fernández, la cual ha sido reafirmada ahora por sus voceros cercanos. Aquello que Diosdado Cabello desde Caracas definió hace pocos días como “brisas bolivarianas”. Eso  es: convertirse sobre el otro extremo de la región en un espejo roto que refuerce las atrocidades que rigen en Venezuela. Llegó al extremo de nombrar en altos cargos a dirigentes y cuadros medios de las organizaciones de asesinos con máscara ideológica, Erp y Montoneros, algunos de ellos después artífices de maniobras de saqueo de recursos al Estado, como es el caso del antiguo terrorista cordobés Gerardo Ferreyra.

 

 

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

 

Son malos esos vientos que así se avecinan para la democracia de  América del sur. En esta columna apenas nos vamos a detener en los vínculos del narcotráfico con esa erupción purulenta del tradicional peronismo, la misma que copó la escena política argentina en las últimas dos décadas. La corriente política mayoritaria de la Argentina fue la que inició con permisividad el ingreso del narcotráfico al país, hace unas 3 décadas. Desde el gobierno de Carlos Menen hasta el fenómeno que fue continuado por Eduardo Duhalde. A partir de los mandatos de los Kirchner en los albores del siglo, esa economía degradante terminó de asentarse entre los argentinos, en asocio con parte de las instituciones y de no pocos funcionarios de esa administración. Además, en diversas ocasiones durante su mandato, Cristina Fernández defendió y exaltó la criminal saga terrorista de las ilegales organizaciones armadas argentinas, que ensangrentaron el país en la década de los años 70 del siglo pasado. Tanto, que incluyó a antiguos terroristas como funcionarios de su mandato y benefició con contratos a empresarios de largo historial criminal en bandas armadas.

Se sabía desde que Néstor Kirchner llegó a la Casa Rosada, en 2003, que algunos nombres cercanos al por entonces nuevo mandatario tenían vínculos con la industria de la droga y con el lavado de dineros ilícitos. Pero en los primeros años de gobierno y unida a la primavera económica que trajo esa administración -con viento de cola a partir del precio de las exportaciones primarias - la mayoría prefirió mirar para otro lado ante las primeras denuncias al respecto y con las que siguieron a lo largo de los años. Casi un lustro después, y a medida que comenzaron a  ser inocultables los hechos en paralelo y cuando la bonanza económica comenzó a ensombrecerse en el panorama local y regional ya había un acervo suficiente como para mirar con otro ánimo el fenómeno de la inflexión moral y ética generalizada, sujeta al crecimiento de la economía ilegal, pero era tarde. Fue entonces que comenzaron las amenazas y las persecuciones a los denunciantes: jueces y periodistas en especial. Uno de aquellos enconados perseguidores era el jefe de gabinete, Alberto Fernández, hoy candidato a la presidencia y acompañado en fórmula con Cristina Fernández.

También por aquel entonces, al promediar la década pasada comenzó a descorrerse la pesada cortina que mantenía en penumbra lo que en verdad sucedía: una suerte de connivencia de las autoridades con la entronización del narcotráfico en todos los niveles y a lo largo del país. Uno de los nombres que aparecen de manera recurrente en ese direccionamiento írrito y avance de la industria al margen de la la ley en el país austral, es Aníbal Fernández, quien fue ministro del interior. Aunque desde el año 2004 algunos pocos medios habían comenzado a señalar cada vez con más frecuencia la relación perversa entre los responsables del gobierno y las mafias que era evidente ya funcionaban a  todo vapor en el territorio argentino. Mientras los voceros  oficiales seguían negando esa protuberancia a la vista manifestaban, con cínica insistencia, que la Argentina era “solo un espacio de tránsito de la droga”. Eso era apenas una faceta  del tenebroso proceso que crecía y había sido previsto y advertido de manera oportuna a los responsables argentinos por altos personeros colombianos.

    

Cristina Fernández (izq.) - Aníbal Fernández (centro) - Alberto Fernández (der.)

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Eran tiempos en que los cafeteros comenzaban a su superar de manera parcial su drama histórico reciente. Para los Kirchner, eso del país de tránsito fue un recurso retórico que les permitía ocultar lo que en verdad estaba ocurriendo bajo su dirección implícita: la Argentina  se estaba convirtiendo un narcoestado, un Estado fallido, en paralelo a lo que ocurría con sus socios venezolanos. Todo ello con la calculada desprolijidad para manejar su gestión desconociendo las convenciones tanto tácitas  como explícitas hacia la convivencia democrática, junto con el desprecio hacia las mismas, voceado por casi todos ellos y a lo largo de los años. Pero tampoco paraba ahí la desmesura: en paralelo crecía el aparato de saqueo a los recursos de la hacienda pública, en un delirio de corrupción que superó a ejemplos similares y claros en  la región. En lo que hace a la relación de los Kirchner con el narcotráfico, ya desde 1994 se abrieron expedientes judiciales que investigaban esa relación. Diez años después recién comenzaban a encenderse las alarmas de la opinión.

Tal como se señaló, uno de los nombres principales en esa relación fue el de Aníbal Fernández, un cuadro vertical de la administración Kirchner, quien además de ministro del Interior, fue jefe de gabinete y candidato derrotado, por la razón señalada, a gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien aparece ahora como oscuro aspirante para una concejalía en un balneario al sureste de la mencionada provincia, el principal distrito electoral de la Argentina. Este otro Fernández que aparecía de manera reiterada en las listas de los principales propiciadores  del narcotráfico y él mismo como participante de las redes de la oscura industria ilegal e ilegítima, siguió impávido y desafiante. Incluso se lo señaló como vinculado a lo que se llamó “el triple crimen”, que fue el de la muerte de tres conocidos industriales farmacéuticos y traficantes de la droga efedrina, así como financiadores de la campaña presidencial de la señora Cristina Fernández. En ese hecho, típico de las vendettas mafiosas, aparecieron acribillados los jóvenes empresarios Sebastián Forza, Lopoldo Bina y Damián Ferrón. Todo esto mientras en el plano judicial se extendía la ideología de la “justicia militante” para apostar a la impunidad de la delincuencia, incluido el narcotráfico. Corría el año 2008, en el apogeo del kirchnerato.

Este Fernández pudo haber sido protagonista de un argumento armado por parte de sus adversarios políticos, para que no siguiera su ascenso. Pero lo cierto es que su nombre jamás fue desvinculado de la actitud blanda o complaciente bajo sospecha de connivencia de la prolongada administración de los Kirchner en la Argentina. Bajo su orientación la corrupción se amplió en las fuerzas de seguridad policial, en las principales provincias argentinas, en paralelo con la laxitud del sistema judicial colonizado además por la presión política oficial con sus jueces y fiscales militantes, que apostaron a la vista gorda frente al crimen y el llamado “abolicionismo penal”, bajo la bandera doctrinaria del magistrado Eugenio Zaffaroni. De igual manera, el país en ese lapso disminuyó aun mas su capacidad de defensa estratégica, a lo largo de sus fronteras y sus mares, habiendo incluso llegado a implantar el dislate y la humillación contra la hoy deshilachada fuerza armada argentina, vía nombramiento de ministra tanto de Defensa como de Seguridad a posteriori, de una cabecilla de la sangrienta organización subversiva Montoneros: la señora Nilda Garré (a) comandante “Teresa” (aresprensa). 

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Actualizado: domingo 13 octubre 2019 18:31
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