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MARCHAS SUBVERSIVAS III

ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el 29 de diciembre de 2019  //  20.00 horas, en Bogotá D.C.

La Tercera oreja

MARCHAS SUBVERSIVAS III 

 

Son variados los criterios para abordar la naturaleza de las marchas que se mantienen en Colombia y que surgieron entre manifestaciones similares del subcontinente. Pero hay una coincidencia que atraviesa lo dispar de los abordajes que se pretenden, cargados de sapiencia impostada, sobre estos fenómenos sociales que no son nuevos pero sí renovados en la forma como se hacen los reclamos. Lo que unifica las consideraciones es aquello de que el sensorium y algunas formas de racionalidad que pegan el deseo de salir a la calle es diverso en el color y la vibración de los marchantes, entre uno y otro país. En efecto, en el caso de Colombia, el detalle atípico pero sin duda parte del estereotipo de lo local es la carga de subversión que por acción u omisión tienen estas expresiones ciudadanas que, todo anuncia, se reiterarán a lo largo del año que se iniciará en pocas horas. Subversión por acción que tuvo relieve en hechos como el de que una parte de las consignas que se esgrimieron de manera generalizada en los cánticos y coros improvisados por los marchantes eran distintivos de los efectuados por la que fue organización armada Farc, durante el proceso de dejación de armas ocurrido en La Habana durante la década que concluye. También lo fue el reclamo de liberación de “presos políticos”, en alusión a terroristas juzgados o capturados por su accionar sedicioso. Este último es un ejercicio retórico reiterado de manera regular por los frentes de superficie del llamado ELN. 

 

También fue argumento subversivo una parte importante de los contenidos de los reclamos oficializados por el llamado Comité de paro nacional. Lo variopinto de lo que fue en principio una mesa que agrupaba a sindicalistas y estudiantes, terminó siendo un atípico collage de expresiones de inconformidad sistémica, como la de los ambientalistas y los grupos de militancia de género. Estos, si tienen motivos reales para la protesta, en realidad forman parte de una fauna que busca y digiere unas aspiraciones que están mucho más allá de lo que se podría lograr en el actual horizonte de eventuales satisfacciones dentro de la democracia que se conoce y el estado de derecho. En esas condiciones estos dirigentes paladines de la protesta permanente son en verdad propagandistas de una suerte de dictadura del reclamo cuyo apetito desborda toda posibilidad de respuesta de la sociedad, el gobierno y el Estado. Así las cosas, el cierre del año anclado en las manifestaciones de inconformidad adquirió un matiz impensado, derivado de lo variopinto ya aludido: el color y la música con la participación de los artistas que se sumaron a la señalada militancia. 

El giro desde lo hirsuto a lo estético fue un hábil golpe de timón, luego de la primera víctima que dejó la violencia callejera en la segunda quincena de noviembre. Era sin duda lo que esperaba una parte de los organizadores en la sombra. El que hubiese alguien caído para profundizar el asedio en pos de doblegar la voluntad de defensa de la institucionalidad. Es el viejo y macabro truco que pretende un deterioro tal de la defensa de la sociedad y del país como para que la ola del caos permita que los “salvadores” agazapados se monten en ella para propiciar el hundimiento que necesitan. Se sabe que los bolcheviques rusos no eran más de 13 mil, pero fueron suficientes como para derrumbar un imperio de millones de habitantes, en medio de la confusión y el miedo. La democracia tiene menos defensas de las que existían en el dominio de los zares por aquel tiempo, porque han sido sus resortes morales y la aspiración implícita del ideal de felicidad al alcance eventual lo que la atraviesa, pero ya no es el tiempo de las promesas. La gente busca realidades como respuesta a sus angustias o a sus justas aspiraciones. Las exige ahora mismo y no en espera de cruzar el pantano de la burocracia y la división de poderes. 

El guiso en que se convirtió la amalgama de circunstancias hacen inviable su dinámica y el mismo conjunto de organizadores que impulsó el paro está quebrado, porque no todos en la agrupación multicolor quieren hacer de tonto útil a los propósitos de los subversivos enquistados -no infiltrados- en el mencionado comité. El mismo que junta a los promotores del paro y de esas marchas que, de manera persistente en la experiencia reciente, bloquearon vías, con intención clara de mortificar, incomodar y coaccionar al resto de la ciudadanía que no quiere participar de sus expresiones. Pero no solo era la intención de la molestia y perturbación a la gente, también se hicieron ensayos de control territorial urbano que en el futuro se combinarían con corte de carreteras y acceso a ciudades, como se pretendió sobre Medellín, en la etapa final reciente de la movilización extendida. Un detalle inquietante: llama la atención que en esta última ciudad no se afectaron los bienes ciudadanos ni el patrimonio cultural durante las manifestaciones, como sí ocurrió en la capital del país. 

Una versión creíble al respecto dice que hubo presencia de civiles armados en los principales puntos de la capital paisa que hubiesen podido ser vandalizados, y hubo aemás un aviso a las cabezas de los manifestantes en el sentido de que estos grupos actuarían sin miramientos contra los vándalos, si se intentaba repetir lo sucedido en Bogotá. Eso de la presencia de grupos de justicia privada y respuesta punitiva inflexible ante los destructores encapuchados, azuzados por el terrorismo, trae el recuerdo de un pasado nefasto que la sociedad colombiana tampoco quiere repetir. Pero que podría reiterarse si la pretensión del terror en el seno del “comité de paro” y en sus círculos concéntricos ratifica sus propósitos en la sombra. Por lo pronto, fuentes bien informadas señalan a la organización sindical Fecode y a su influencia en la central de trabajadores CUT, como frentes de superficie en los que anidarían los focos subversivos más fuertes de la pretensión movilizadora. Allí se proyectaría mantener viva la propuesta estratégica desestabilizadora en el año 2020 que alumbra. Llama la atención que los movilizadores insistan en su bíblico reclamo de más un centenar de puntos. 

En lista de presuntas reivindicaciones impostergables están, por ejemplo, el cambio de la doctrina militar del Estado y, por enésima vez, la disolución del escuadrón antidisturbios de la policía, el mítico ESMAD. Convertido en mito, precisamente, por quienes reclaman por su desaparición. Ocurre que esa subunidad de la policía es la única preparada para enfrentar de manera eficiente y disuasiva las perturbaciones del orden púbico, respondan estas o no a los propósitos del terrorismo. Esto lo exigían desde La Habana los voceros de lo que por entonces era la organización terrorista más fuerte del país cafetero. Reaparece ahora en el listado de los reclamantes de superficie y la razón es demasiado simple como para que pueda pasar inadvertida. Sin ese cuerpo especializado la policía podría ser desbordada y la subversión encubierta en organizaciones reconocidas por la ley pretende que intervengan las fuerzas militares, que no tienen por qué manejar argumentos disuasivos como los que tiene la policía. La subversión quiere víctimas fatales porque eso sirve a sus fines de perversa propaganda y a sus organizaciones alcahuetas en el plano internacional (aresprensa). 

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VÍNCULOS: MARCHAS SUBVERSIVAS II  //  

Actualizado: domingo 29 diciembre 2019 19:20
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