logo_aresprensa_notas
MARCHAS SUBVERSIVAS

ACTUALIDAD  //  DOXA  // Publicado el 18 de octubre de 2019  //  18.15 horas, en Bogotá D.C.

 

MARCHAS SUBVERSIVAS *

 

Nada mejor que un estudiante expresando su inconformidad por lo que considera socialmente deformado, y la corrupcción lo es. Los jóvenes, en proceso de formación o sin ella, deben participar con sus expresiones en la vida pública de sus sociedades, rechazar el cáncer de la corrupción es una manera de plantear que lo que sucede en el mal manejo de la hacienda los toca de manera directa  Esa manera de manosear los recursos públicos y  utilizarlo en expansiones hedonistas, barrocas y -podría decirse- impúdicas, es apenas impresentable para un rector, y el uso indebido golpea a los educando de manera directa. De eso es que se acusa a quien dirigió la Universidad Distrital de la capital colombiana la cual, dicho sea de paso, es parte del patrimonio de la  metrópoli cafetera. Por eso protestaban quienes iniciaron el movimiento.

 

 

Otra cosa es lo que corre por dentro de esas masas que se mueven por las principales vías de las grandes ciudades colombianas y como deriva de la protesta. Porque si lo hecho por quien debe demostrar pulcritud en el manejo de la hacienda del Estado es repudiable, lo es tanto o más lo ocurrido con las movilizaciones estudiantiles en las calles de la principal urbe del país. La abierta intención terrorista de varias acciones que surgieron de las manifestaciones, en la última semana de septiembre y estos tramos transcurridos de octubre, muestran a las claras que las expresiones en las calles van mucho más allá de la elemental y legal intención de protestar. La letra constitucional protege tales manifestaciones, pero no la ilegitimidad con intención criminal o, mejor, asesina, que se hace evidente en lo ocurrido durante la concreción de las recientes convocatorias estudiantiles. El desmadre de lo que fue buena intención se repite sin solución de  continuidad y es hora de reclamar responsabilidades de manera firme.

Una ciudadana adulta mayor atacada y ensangrentada alejándose de uno de los focos de violencia en otro punto de la capital y en cercanías de la Universidad Pedagógica, en paralelo y en el mismo sitio,  con el intento de voltear un bus de transporte público que hasta un instante antes iba cargado de pasajeros, borró de un golpe la intención, si es que la hubo, de realizar una marcha pacífica por parte de los organizadores. El argumento benévolo, en apariencia ingenuo, es el que han sostenido antes y después de los hechos esos voceros, pero las elusiones tienen cada vez menos crédito por parte de la opinión. Eso mostraron las imágenes y los testimonios de quienes parecen orientar las marchas, o al menos así se presentan ante los medios de comunicación. Todo terminó por el momento con las últimas marchas y manifestaciones inmediatas, con los infaltables encapuchados, que es realidad delincuencia subversiva. Una de ellas con el ataque incendiario al edificio del gobierno que tiene la misión de brindar apoyo económico a los aspirantes a la educación superior en el exterior, el Icetex.

La agitación que conmueve a Colombia parece la reedición de otras movilizaciones anteriores, que también conmovieron a la administración de Juan Manuel Santos, en pleno proceso de paz con la ilegal organización armada Farc.  La reiteración de esas formas de movilización permanente y generalizada, suele culminar con violencia erosionante de la credibilidad en los valores de la institucionalidad. Esa que es necesaria para la contención de quienes de manera artera buscan desestabilizar al sistema democrático y la tranquilidad pública de los otros, la mayoría  que vive dentro del marco de la ley y opta por el camino de buscar el realizar sus proyectos de vida mediante el estudio y el trabajo. En la última marcha convocada por los estudiantes para repudiar la corrupción con participación de instituciones oficiales y privadas de formación terciaria, y cuyo motor fue lo ocurrido al respecto en la Universidad Distrital de Bogotá, no hubo demasiadas diferencias con lo acontecido pocos días antes en el norte de la urbe capitalina, en inmediaciones de la Universidad Pedagógica.

En el interior de la señalada casa de altos estudios, precisamente la especializada en formar maestros, estalló un artefacto explosivo en manos de unos estudiantes que la manipulaban en los días de las expresiones callejeras. No puede alegarse inocencia de lo que ocurre con la violencia cuando marchan los universitarios porque esa explosión y sus consecuencias prueba que hay una  relación entre el terrorismo evidente y la presencia de esos jóvenes  en las calles, así como dentro de tales centros educativos. De paso, es precisamente la Pedagógica uno  de los focos principales de tal relación, de manera recurrente. Después de lo referido, los responsables que dan la cara alegan la presunción de estigmatización a esos movimientos de protesta, como si bastasen mayores y mejores pruebas que las sufridas por la civilidad y con el cinismo que caracteriza a quienes victiman cuando en el mismo giro lingüístico se victimizan. Esa es una de las caras de la misma masa de gente que, por la otra, muestra a los encapuchados que ejercen el terror y la intención de disolución, así como la disposición al crimen.   

En la inferencia  debe plantearse entonces que el terrorismo no está infiltrado en las marchas estudiantiles -entre otras- como no lo está en diversos ámbitos sociales y de la administración pública. Sencillamente está enquistado y eso es de antigua  data. Las universidades del estado no son las únicas que tienen al terrorismo bien asentado y lo reproducen porque de esto también hay responsabilidad de los maestros, esos que tienen la misión de formar en la crítica, pero también en el respeto a la diferencia. Esos formadores que deben negarse al pensamiento único y que son los mismos que admira a las dictaduras si tienen cierto sesgo. Hace pocas semanas fuimos testigos de un desfile pacífico de maestros en huelga por la emblemática avenida 15 de la capital cafetera. Acompañaba a los caminantes un automóvil rojo  que en sus altoparlantes  reproducía la famosa “Internacional” de  los marxistas ortodoxos, el que fue himno nacional de la Unión Soviética. Entre los marchantes y entre muchos carteles y pendones, alcanzamos a a ver algunos estandartes con la imagen del icónico “Che” Guevara. No hay esperanzas para la democracia si los niños y jóvenes tienen ese tipo de maestros (aresprensa).

 

EL EDITOR

--------------

* La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia de prensa ARES            

-------------

VÍNCULOSAMAZONIA, TIERRA QUEMADA  //  BREXIT, PARTE DE LA GRAN CRISIS
Actualizado: viernes 18 octubre 2019 19:30
Articulos relacionados: MARCHAS SUBVERSIVAS II MARCHAS CONTRA LA MUERTE
colombia marchas estudiantiles

Visitas acumuladas para esta nota: 1009

¡SÍGANOS Y COMENTE!