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SAN SEBASTIÁN PREMIÓ A BRASIL

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE Y ARTES ESCENICAS  //  Publicado el 29 de septiembre de 2019  //  14.30 horas, en Bogotá D.C. 

 

SAN SEBASTIÁN PREMIÓ A BRASIL

 

La película brasileña “Pacified” se llevó la Concha de Oro del Festival de cine más añejo de España: San Sebastián. Eso ademas de la Concha de Plata al mejor actor, para Bukassa Kabengele. El director de esta obra es Paxton Winters. Hubo algo de inesperado en la decisión, pero en definitiva resulta bueno para América Latina el que una realización de la casa haya sido galardonada en el festival de los vascos. No fue lo único para la gente del sur y el centro de América, porque la guatemalteca “Nuestras madres” se llevó el premio a la cooperación con España. Un consuelo, pero algo es algo. Los españoles salieron bien librados, aunque de manera parcial, porque la película “La Trinchera infinita” se llevó la Concha de plata a la mejor dirección, así como también el curioso “premio feroz” a la mejor película. No la tenían fácil porque competían con nombres de mucho peso que ya habían sido premiados en este año,como el surcoreano Bong Joon-ho, o de estridencia sobrada como Steven Soderbergh. Claro que el filme rodado en una favela y favorecido con el mayor lauro de San Sebastián es brasileña a medias: goza de los mimos del laureado Darren Aronofsky y su director es norteamericano, en tanto que el primer actor es belga, aunque nacionalizado en Brasil.

 

El filme sobre los papeles de Panamá, “The Laundromat”, tuvo  una buena recepción por parte del público pues el trabajo de Steven Soderbergh suele tener fortuna en lo que hace al favoritismo de quienes están en las sillas y ante las pantallas. Lo mismo ocurrió con “The Lighthouse”, que presentó Robert Eggers como su segunda realización después de la exitosa opera prima “La Bruja”. No tuvo igual predicamento la realización del chileno Pablo Larraín “Ema”, la recepción al filme  fue fría según el criterio exigente de los vascos de San Sebastián. En cambio, “Les Miserábles” de Ladj Ly marcó relevancia en las preferencias de los espectadores, al igual que “Parásitos” -ganó en Cannes la reciente Palma de oro- o la del japonés Makoto Shinkai “Weathering with you”. La caída de la afinidad general sobre la película de Larraín puede estar basada en la temática y en la narración escogida para el desarrollo de la trama.

El chileno propuso un filme generacional que divaga sobre  las desorientaciones que se atribuyen a quienes disfrutan de todo tipo de interconectividad y tienen disposición a la llamada ética de la autenticidad que preconizaría: “sé como quieres ser sin que nada del entorno te importe”. Salvo, claro está, la afición por esa música que en otros produce rechazo y alguna preocupación ambientalista o por los alimentos que se consumen y se cuestionan. Otro de este lado del mundo que estuvo presente en San Sebastián fue el guatemalteco Jayro Bustamante, quien llevó a la pantalla del festival una historia menos conocida de la violencia en su país: la persecución de la homosexualidad y las brutales terapias de reconversion a que serían sometidas las víctimas del prejuicio y la represión. En la historia se cuenta la ruptura de una vida familiar y cotidiana a partir de la condena social y oficial.  

Soderbergh aborda el escándalo del bufete panameño Mossack Fonseca, a buena conciencia del morbo que genera en cualquier público el conocer entretelones de la manera  como los poderosos del mundo manejan sus finanzas, sobre todo en las aristas que buscan que lo tortuoso permanezca en la penumbra. El director no lo logra de manera plena, al dejar por fuera el intrincado tejido del escenario burocrático y fiscal, que hacen posible las maniobras evasivas al control social.  Por su lado, la realización del nipón Shinkai recrea parte del libreto estrenado en su trabajo fílmico anterior: “Your name”. Un gran despliegue visual, la fantasía de las historias fantásticas que realizan los orientales, con su barroquismo y el desborde de imaginación con frecuencia exagerados para la visión occidental, pero que siempre ganan una cierta tolerancia de quien está sentado frente a la pantalla.  

Otra de Guatemala fue la que llevó César Díaz, quien cargaba con el reconocimiento de Cannes a la mejor opera prima, por “Nuestras madres”,  que relata la parte más cruda de  la guerra civil en el país centroamericano. Retrotraer la memoria al drama de aquella sociedad siempre será oportuno, porque como en el caso de Colombia donde el tema es recurrente para las artes, mas de 200 mil muertes dicen  de un genocidio en escala, si se compara la cantidad de habitantes guatemaltecos con el número de la población colombiana o la de  Venezuela, donde hoy también los muertos se cuentan por miles. La historia es simple: la búsqueda de desaparecidos -que es parte del drama como muerte en suspenso- y las relaciones interpersonales de que quienes sufren la tragedia constante por su relación con los ausentes sin destino conocido y búsqueda ininterrumpida.   

En la lista del festival también estaba “Parásitos”, esa  crítica al capitalismo y a sus perversiones y deformaciones que impactan el tejido social. La realización del surcoreano Bong Joon-ho repitió de la mejor manera lo hecho en la previa de su trayectoria: “Memories of a murder” y “The Host o mother”, entre otras. Llegó a San Sebastián con la Palma de Oro, ganada en la última edición de Cannes y eso le aseguraba una posición de primera línea para lo que viniese y venga. La película está considerada como una “comedia negra” con relatos que tienen rasgos de la denostada lucha de clases, el ahogo en la puja del día a día para quienes buscan algo parecido a la felicidad en los meandros de la sociedad de masas y de mercado. Todo con dejos de ironía y trazas de comicidad. Es una película que sin dejar de tener una carga de ineludible visión oriental de las cosas, es asimilable en su códigos por cualquier público.  

Los españoles, bien gracias. Llegaron al festival, edición 67, de esa tierra vasca y relativamente propia para España, con títulos como “Mientras dure la guerra”, de Alejandro Amenábar y “La Trinchera infinita”, esta última con realizadores de nombres vascos aunque exóticos para los latinomericanos: Jon Garaño, Aitor Arregui y José Mari Goenaga. La  historia de los tres directores, y también la primera de referencia, vuelven a la lejana guerra civil del país ibérico y a sus secuelas. Ambas con relativa aceptación luego de sus presentaciones abiertas al público. La segunda habla del encierro de tres décadas en Andalucía de un militante republicano, durante el gobierno franquista y resultó ser la mejor librada. El trabajo del reconocido Amenábar trata por su lado de la presencia y vigencia de Miguel de Unamuno en el inicio de la contienda interna que desangró a España entre 1936-1939. Pero se fue con las manos vacías, no obstante el peso específico del director. En cambio, los que se fueron bien compensados fueron los vascos de la “trinchera” (aresprensa).  

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