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TRÁGICA CONFESIÓN

Publicado el 11 de enero de 2017 / 18.50 horas, en Bogotá D.C.

TRÁGICA CONFESIÓN

Presencié un filme ítalo-francés que me dejó cavilando sobre los destinos de nuestro bendito planeta. Se trata de “La confesión (“Le Confessioni”, de 2016), una buena muestra del “cine denuncia”, que señala al poder mundial y omnímodo de los bancos y del sistema financiero.  La trama se desarrolla en un hotel de lujo del báltico teutón: el Grand Hotel Kempinski de Heilingedamm, donde en 2007 hubo en la realidad una polémica sesión del G8. Allí el filme muestra un polémico encuentro de los ministros de la élite internacional para decidir el futuro de la economía mundial. Un secreto entre los protagonistas dice de una decisión que podría tener graves consecuencias para algunos países que están por fuera de la élite.  La convocatoria está encabezada por director del FMI, quien hace de anfitrión, y decide aprovechar la ocasión para celebrar su cumpleaños con una cena, invitando a una cumbre que reúne ministros de Rusia, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Japón e Italia.

Escribe: Santiago NEMIROVSKY

Cabe resaltar que, en dicho encuentro y por decisión del anfitrión francés, se invita además a participar a una exitosa escritora de libros infantiles, un músico que dirige varias ONG y a un monje italiano. Este sacerdote se llama Roberto Salus, caracterizado por el actor Toni Servillo (quien ya ha trabajado con el director de este filme en “Viva la libertad” (2013) y seguramente muchos lo recuerden por su personaje en el largometraje “La grande belleza” (también en 2013). “Dios no juega a los dados”, decía Albert Einstein en polémica con Werner Heisenberg. Pero estos banqueros en “La Confesión”, pareciera que sí lo hacen con los destinos de la gente. Quizá por esto el monje cartujo Salus -que en latín significa también “salvación”- fue invitado de manera secreta a esta reunión del G8, junto con los otros dos extraños al mundo de las finanzas y sin que alguno de los reales interesados de la cita pueda entender la razón de la rara invitación.

El discreto cura y escritor porta una diminuta grabadora con la que registra por afición el canto de las aves y que también tiene registrada una poesía en dialecto napolitano de Ferdinando Russo, que dice: “cuando en el cielo un angelito no hace lo que debe, el Señor lo encierra en una celda oscura”. En una atmósfera de misterio, silencios y secretos el anfitrión, Daniel Roché, celebra su cumpleaños como una suerte de recreo dentro la árida temática central de los personajes que representan a los poderes del mundo. Pero en esa madrugada y después de una larga sesión reservada entre Roché y el monje, a quien el poderoso banquero le pide realizar el sagrado rito de la confesión, aquel aparece muerto. A partir de ese momento, una investigación policiaca pretende encontrar al culpable y todos serán sospechosos, incluso el mismo monje. Este sacerdote, no entrará en pánico y mantendrá la calma propia de una persona de fe, mostrando la paciencia y templanza propias de su voto espiritual.

Eso no obstante el ser puesto bajo la mirilla, ya que es el último que conversó con el difunto. Una vez desatado el conflicto consecuente y con pocos personajes que deberán permanecer, todos bajo el mismo escenario -recurso recurrente en el cine, si pensamos por ejemplo en “12 Hombres en pugna”, de1957- se mostrarán los vínculos sentimentales, además de los intereses económicos y políticos que se desplegarán a raíz de la tragedia ocurrida. El sacerdote bajo sospecha siembra con sus reflexiones la duda en las mentes de los señores feudales de la economía, allí presentes, y desplaza sus certidumbres para descarnar sus ambiciones, errores, debilidades y miserias. El intentar forzarlo a que revele los presuntos secretos que le confió el muerto aparece como un ejercicio inútil, no solo porque el silencio al respecto es parte de su condición de religioso sino porque el uso de sus parábolas y referencias místicas, enredan a sus interpeladores.  

ROBERTO ANDÓ TONI SERVILLO

                                                                                

En medio de la escabrosa situación que se agudiza por las referencias enigmáticas e indirectas que hace el interpelado frente a la pesquisa -las cuales son al tiempo acusaciones tangenciales a la manera como se maneja el mundo- salen a la luz los remordimientos y las dudas de los que también se siente recusados, lo que los hace vacilar sobre las decisiones ya acordadas.  Muy bien dirigida y escrita por Roberto Andó, este logra que el personaje de Tony Servillo -el actor napolitano que protagoniza a Salus en este thriller de corte económico- quede rodeado de muy buenos actores. Entre ellos, el cínico director del Fondo Monetario Internacional, Daniel Roché (Daniel Auteuil), el ministro italiano (Pierfrancesco Favino), el canadiense-québécois (Marie-Josée Croze), el alemán (Richard Sammel), el japonés (Togo Igawa), el ruso (Alekséi Guskov), el estadounidense (John Keogh) y el británico (Andy de la Tour).

Junto con estos aparece la escritora de libros infantiles (Connie Nielsen) y una estrella del rock (Julian Ovenden). En realidad, el único testimonio de la última confesión del despiadado Roché -uno que en nada cree sino en el poder financiero- es aquella que tiene el monje. ¿Cuáles fueron las palabras postreras del financista?, ¿habrá revelado tal vez la trágica e impopular maniobra que se perpetra?; de acá en más se desgranan una serie de encuentros y acontecimientos, en este gran hotel que recuerda aquello de "Youth”, de 2015. En el suspenso quedan involucrados la policía, los ministros y los otros heterogéneos invitados de la reunión.  El libro argumentativo es una verdadera encuesta sobre el poder y sobre la economía hoy en crisis. En el desarrollo también se inscriben figuras desorientadas, incapaces de tomar decisiones y que solo son voceros de una mezquina fuerza que está detrás de ellos, la cual es puesta en discusión por la reciedumbre del guía espiritual.

La obra fílmica tiene una estrecha relación de intertextualidad con “Confess” (“Mi Secreto me condena”, de 1953), realizada por Alfred Hitchcock y perteneciente al género film-noire. En aquella vieja historia otro hombre de fe está bajo sospecha por un asesinato que sólo podría ser aclarado rompiendo el secreto de confesión. Lo diferente en este paralelo a tanta distancia en el tiempo, es que en “La Confesión” el religioso intentará resguardar su secreto pese a que se vida está en peligro. El trabajo de Andó fue presentado en el festival de Karlovy Vary y, además de lo anterior, resuenan en él los ecos de “Todo modo”, de Elio Pietri (1976), aunque el cineasta ha declarado que su película recrea atmósferas propias del cine de Polanski y el ya nombrado Hitchcock.  En su décimo largometraje, Andó no tiene prejuicios para poner bajo crítica el tema de las desigualdades, a partir de la riqueza acumulada por dirigentes y banqueros, al poner en vilo y condena a la parábola de lo hegemónico, con el aporte de una estupenda fotografía de Maurizio Calvesi (aresprensa). 

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