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TRIBULACIONES BRASILEÑAS

ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el 29 de septiembre de 2019  //  12.30 horas, en Bogotá D.C.

 

TRIBULACIONES BRASILEÑAS

 

Mientras las amenazas de choque militar en la frontera colombo venezolana se mantienen o se acentúan de acuerdo con el humor de los polos enfrentados y, al tiempo, grandes sectores locales de los  países en pugna no toman en serio la vehemencia de los discursos de lado y lado, los que mueven las fichas más  allá del espacio local siguen apostando con sus propios intereses en juego. La crisis general regional es tan profunda como lenta en su desarrollo.  Ahora  se  pone en vigencia el Tiar, que no es otra cosa que un pacto de defensa militar regional conjunta aunque el maquillaje de la hora señale otra cosa. Vale en las actuales circunstancias recordar que casi 4 décadas atrás, cuando la  Argentina reclamó su vigencia por la defensa de su soberanía sobre las  islas Malvinas, los Estados Unidos aliados al Reino Unido, negaron cualquier apoyo a dicha asistencia recíproca. Colombia fue uno de los dos desertores abiertos a la colaboración que buscó la Argentina de sus vecinos. En parte por eso, desde el sur del continente, le lanzaron al país cafetero el baldón de “Caín de América”, que aún se mantiene. El Tiar hace ahora que la hipótesis de la salida militar sobre Venezuela vuelva a cobrar vigencia, aunque edulcurada con el máscara de la presión diplomática y económica.

 

 

En tanto, los brasileños miran recelosos hacia su amplio espacio selvático interior y al perímetro inmediato externo. Rechazan desde el Planalto de Brasilia las quejas del mundo por el presunto descuido hacia su selva amenazada, acompañadas  del interés de explotación comercial y por las llamas que de manera masiva han estado consumiendo el bosque en las semanas previas. Todos los que ponen tensiones y temores sobre la mesa parecen tener razón y la pugnacidad de los  jugadores en esas disputas aumentan. Hay factores que se cruzan y son comunes en los escenarios próximos de confrontación, pero también hay distinciones. Una de ellas es el presunto interés de las grandes potencias en las gigantescas selvas sobre las cuales Brasil ejerce soberanía, pero cuya gran mancha verde alcanza a varios de los países con los cuales tiene límites. Uno de ellos es Venezuela, que arrastra cada vez con mayores dificultades sus profundos  conflictos sin solución aparente y los proyecta a todo su entorno zonal, en lo que también parece un plan calculado de desestabilización.  

Pero es este país caribeño hoy enfrentado con Colombia y también con Brasil, el que parece expandir mayores sombras explícitas y en gris. Esto último,  en parte por la centrifugadora que su política interior ejerce sobre su propia población, la cual emigra en masa y por el impacto negativo que esto tiene en toda la región, pero en particular sobre sus fronteras inmediatas, que están precisamente ligadas con Colombia en el Occidente y con Brasil en el sur. El país de habla portuguesa siempre ha tenido aprensiones, que ha hecho evidentes, a la presencia de intereses e incluso fuerzas extracontinentales en las cercanías del espacio amazónico, a plena conciencia de lo que significa su foresta para la humanidad, pues es llamado “el pulmón  del mundo, aunque la administracion Bolsonaro no comparte el calificativo. Ese temor puesto de manifiesto ha tenido expresiones históricas. Una de ellas fue el rechazo vertical al estacionamiento de un avión de la fuerza aérea francesa, en 2003, durante el secuestro en Colombia de quien fue candidata a la presidencia de ese país, Ingrid Betancourt. La fuerza armada brasileña sacó con cajas destempladas a la aeronave y a su tripulación en lo que consideró un exabrupto de Francia cuando hizo aterrizar aquel aparato militar en el aeropuerto de Manaos.

El otro aspecto reciente en el mismo sentido fue la condición que le puso Brasil a Colombia para respaldar los procesos de paz con los grupos subversivos armados: de ninguna manera aceptar la presencia de tropas de fuera de la región. Eso obligó al gobierno de Álvaro Uribe a despejar sus bases de la presencia de elementos uniformados de los Estados Unidos. Tal advertencia nada tenía que ver con la situación interna del país andino sino con lo urticante que significa, en términos históricos para Brasil, la presencia de personal militar extrarregional cerca de sus fronteras y, en especial, del río Amazonas y de la selva tropical. Pero lo mismo ocurre con la eventualidad de  militares de cualquier otro país no sudamericano. Es por eso que para nada es del agrado de Brasil la certeza de que haya militares cubanos y rusos metiendo la nariz en Venezuela y, menos aun, definiendo aspectos de sus políticas internas o internacionales. También es factor de intranquilidad para el Brasil la existencia de una base china en la Patagonia argentina. Esto último fue algo que decidió durante su mandato la controvertida ex presidenta Cristina Fernández, quien se prepararía para asumir la vicepresidencia en Buenos Aires.  

En el inicio de aquella década en que se frustró el rescate de Betancourt, los  brasileños demostraron que eso que ocurría en su frontera norte lo tomaban en serio. Trasladó una división de su ejército * y reforzó a los componentes de las otras fuerzas de manera permanente sobre el río que corta el continente desde la cordillera que comparte con Perú y Ecuador hasta el delta sobre el Atlántico, donde las aguas del gigantesco curso que recoge todos los afluentes de la selva, se introducen mar adentro más de 300 kilómetros. Trasladó esa capacidad estratégica desde  el sur del país, sobre la llamada Cuenca del Plata, para estrenar su nueva hipótesis de conflicto: ahora los peligros para el Brasil no estaban frente a la Argentina sino en los límites con Colombia y Venezuela. ¿Nadie se dio cuenta de algo tan delicado hasta ahora?; extraña situación en espacios que siempre han merecido atención, al tiempo que desdén, por parte de los comprometidos, que comparten intereses sobre el Amazonas, así sea en mínimas partes de su trayecto. ¿Cómo fue posible que Brasilia cambiase  la visión de sus riesgos máximos más que centenarios y de manera diametral?

En el siglo XIX Brasil había confrontado con la Argentina por lo que los primeros llamaron provincia Cisplatina y los argentinos Banda Oriental -una de las riberas del Río de la Plata- y que en definitiva se convirtió hasta hoy en la República Oriental del Uruguay. Después participaron en la ominosa guerra contra el Paraguay, aliados con quienes fueron sus rivales históricos, y devastaron a los guaraníes. Al iniciarse el siglo  XXI, para los brasileños los peligros a su tranquilidad aparecieron, según sus estrategas, sobre el río que  les da identidad, tanto a ellos como a la extensa selva circundante. Ahora  lo que amenaza su centro de  gravedad geopolítico es la convulsión interna colombiana, que no cesa; la industria del narcotráfico en ese país, que tampoco se atenúa, y tanto la inestabilidad interna como las fracturas de la Venezuela bolivariana, tan penetrada como amenazada por fuerzas externas de la región y por fuera del espacio propio. Otro factor que siembra de prevenciones a Brasilia es el peso de los  armados ilegales de todo pelaje que transitan con patente de corso tanto en territorio venezolano como colombiano, entre los que también está la  organización paramilitar libanesa Hezbollah, que responde a la teocracia de Teherán. En la parte norte de Sudamérica nadie parece haberse dado por enterado de esos cambios de la geoestrategia de Brasil, que ya tienen más de dos décadas.

Al tiempo, las amenazas crecen, porque el hecho de que una parte de lo que fueron las Farc parece haberse allanado al juego de la democracia, eso no garantiza que la zona no se siga calentando con quienes no se plegaron al llamado de la democracia, como en efecto ocurre, y eso es intolerable para la dirigencia brasileña,  cualquiera sea el signo ideológico  de la administración que dirija al Planalto. Es política de estado para ellos el ponerse en guardia frente a cualquier amenaza en las áreas circundantes a “su” Amazonia. Eso provocó en enero de este año el que Brasil descartase eventuales acciones de acompañamiento con efectivos regionales a la ayuda humanitaria para la población venezolana. Ocurrió cuando tuvieron la certeza de que los norteamericanos también acompañarían con gran músculo ese esfuerzo. Después los demás también se despegaron de ese plan, que incluía bolsones de posicionamiento en la frontera, con fuerzas que solo responderían si eran atacadas. Ahora, con la vigencia  del Tiar, es mayor la inquietud por la deriva que pueda tomar la situación. El pacto de asistencia regional ahora activado sufrió un severo desprestigio como herramienta para la defensa en América, desde que la Argentina pidió activar la herramienta en el conflicto por las islas Malvinas. Fue en 1982 (aresprensa). 

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Actualizado: domingo 29 septiembre 2019 17:25
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