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VERGONZOSO CANNES

Publicado el 30 de mayo de 2011 / 19.00, hora de Bogotá D.C.

VERGONZOSO CANNES

El cierre de Cannes hace dos domingos, junto con el anuncio de los galardonados con la Palma tuvo efectos con ribetes de escándalo. El festival con mayor prestigio del mundo se doblegó ante el poder industrial de Hollywood y abandonó las armas y pertrechos de su aquilatado prestigio. Imperdonable aunque no haya sido la primera vez, como tampoco fue la primera vez que se produjo una fisura de criterios entre el público, la crítica y el jurado. En todo caso Robert de Niro, el presidente de quienes tuvieron el poder de elegir, digitó a su antojo la distribución de los galardones con una visión personal bien sesgada y el desprecio total por la calidad cinematográfica. También fueron escandalosas las declaraciones fuera de realidad de Lars von Triers, tanto como lo fue su expulsión del Festival. Aun cuando nadie esté de acuerdo con lo que piensa en lo político este laureado director, no es presentable que se lo censure por ello.

Escribe: Maglio GARAY

Una parte del escándalo en la que Robert de Niro tuvo participación determinante fue la elección de Uma Thurman y Jude Law como integrantes del jurado y a despecho de que solo representan al Star System de los Estados Unidos y podían ser fácilmente digitados por el presidente. Esta historia se está repitiendo en Cannes, con jurados de dudoso mérito para esa delicada misión de señalar quiénes son los mejores. Al cuadro de situación no lo hizo cambiar el hecho de que en ese mismo grupo estaban la argentina Martina Gusman (“Carancho”), la escritora noruega Linn Ullmann –hija del cineasta- el director francés Olivier Assayas y otros tres menos conocidos.

Bajo ese marco debe decirse que, sin duda, el señor de Niro cargó los dados en favor de su país de origen. Nadie niega su trayectoria de actor pero este hombre no estaba en condiciones de orientar una selección equilibrada. Su omnipotencia debe ser condenada porque impacta en términos de calidad al festival más importante del mundo.

El premio mayor se lo llevó “El Árbol de la Vida” (Tree of Life), producción dirigida por el norteamericano Terrence Malik, quien ya se había llevado una Palma en 1978 con “Días de Cielo”. Para la cinta ganadora, Malik reunió a un elenco muy del gusto y amistad del presidente del jurado: Brad Pitt y Sean Penn.  A esta situación se agrega el premio dado a la anodina actriz Kirsten Dunst como mejor actriz por la película “Melacholia”, dirigida por Lars von Trier, en un papel que se creó para la española Penélope Cruz, quien en su momento se retiró del proyecto.   

Sobre el final del proceso vergonzoso para un festival de este calibre, que ya comienza a vivir de la nostalgia de otros tiempos mejores,  se ha dicho con insistencia que el premio a mejor actriz le fue arrebatado a la favorita Tilda Swinton, para compensar la bochornosa salida por la puerta de atrás del realizador von Trier.  Todos tienen presente que la salida en falso del conductor de “Melancholia” fue a causa de sus declaraciones filonazis durante el desarrollo del Festival. Esas desafortunadas y torpes palabras de tono político anacrónico y de respaldo con un credo condenado por la historia, así sea la historia escrita por los vencedores, le valieron el ser declarado persona non grata.  

Pero tanto o más escandalosa fue la decisión de expulsarlo que tomaron las directivas del encuentro cinematográfico universal. Nadie puede ser condenado por su pensamiento político en el ámbito de la estética. Eso es ponerse del lado de los censores de todos los tiempos y de quienes ponen lo político por encima de la libertad creativa y de pensamiento. Es tan condenable la posición personal de von Trier como la decisión de expulsarlo del encuentro orbital de cine. Este realizador, resulta necesario ponerlo de relieve, es uno de los grandes maestros del cine de estos tiempos y eso nadie podrá negarlo.

El censurado y expulsado fue el director de “Bailar en la Oscuridad” y “Rompiendo la Ola” (1996), en lista por la Palma de Oro. La primera película ganó la codiciada Palma, en el año 2000,  con la actriz islandesa Björn. Esa es la talla de von Trier.

La película francesa “El Artista” de Michel Hazanavicius era la favorita de la crítica y el público y su presentación que Cannes hizo pensar que se recuperaba un esplendor perdido. Pero el abismo y la fisura que se presentan entre expectativas y preferencias generales, con el sesgo del jurado, se profundizó en el tramo final y el momento definitivo. La producción gala salvó su honor y dejó la protesta en murmullo con el premio al mejor actor que recibió Jean Dujardin.            

Por su lado, “La Piel que Habito” del persistente Pedro Almodóvar recogió dos premios menores. También “El Muchacho en la Bicicleta” de los belgas hermanos Dardenne (Jean-Pierre y Luc) recibió un galardón. Estos dos directores que han encontrado un filón cinematográfico con el tema de la infancia ya habían recibido la Palma en dos ocasiones anteriores (1999 y 2005). Nadie, hasta hoy, ha ganado el máximo galardón en tres oportunidades. Los escándalos sí (aresprensa).  

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