ALEX SAAB, A LA CARTA
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ALEX SAAB, A LA CARTA

La pugna jurídica, en realidad una batalla, se libra en el escaso espacio de las islas de Cabo Verde, frente a la costa atlántica africana. Nada tiene que ver el pequeño estado con el lío, pero le tocó por casualidad una disputa que compromete a latinoamericanos, norteamericanos, europeos y medio orientales. Es decir, lo que allí ocurre en el plano jurídico cruza intereses políticos geopolíticos y económicos, tanto a la vista como oscuros, de una parte importante del mundo. El eje del proceso es una sola persona con una pesada carga. Se trata del colombiano Alex Saab, “agente” del estado venezolano y con nacionalidad de ocasión del país bolivariano. Pesa sobre este ciudadano de ascendencia árabe la mochila de ser señalado como un testaferro del proceso que encabeza Nicolás Maduro. El vínculo se habría iniciado al comenzar la década con la provisión de las famosas cajas “Clap” de racionamiento alimenticio a la hambrienta población de Venezuela. El convicto maneja desde aquel inicio una apretada agenda de negociación económica de Caracas. Pero quizá lo que más les interesa tanto a la justicia como al gobierno de los Estados Unidos es la eventualidad de su presencia y manejo en los nudos y cruces que comprometerían Maduro y a sus aliados con el terrorismo islámico y su extensión al resto de la región. Vale decir, en la construcción de una plataforma para posibles ataques a intereses regionales y territoriales directos de la potencia aún hegemónica.

La misión viajera que cumplía el empresario, por ahora preso en Cabo Verde, tenía que ver en principio con los aportes compensados que los países aliados de Venezuela -aislada de buena parte de Occidente- le prestan en la descomunal emergencia que vive el país sudamericano. Acosada por el nivel de miseria en que vive su población, por el bloqueo a sus finanzas y por los cuestionamientos de ilegalidad de sus medidas -los que se encadenan en degradación permanente y por ahora interminable- la dirigencia encaramada en Miraflores acudió al oscuro personaje oriundo de la Costa Caribe colombiana y con ancestro medioriental. Esto último, entre otros detalles, lo ligan por una de las principales sospechas que pesan sobre él como razón de base para requerir su extradición: la infiltración de Hezbollah en América Latina, vía Venezuela. Todo lo demás que se sumaría a su prontuario de impeachment, es aleatorio para la justicia de los Estados Unidos y para su gobierno

 

El menú en la carta de responsabilidades que se le achaca al empresario caribeño es larga y delicada en contenido y contorno, pero nada comparable con aquello que lo vincularía con la organización terrorista libanesa. Este lado del problema para Saab tiene un alcance elíptico, que es el compromiso eventual del gobierno de Nicolás Maduro, de su entorno y de los mandos de las fuerzas armadas bolivarianas, además de sus milicias, con las pretensiones del terrorismo internacional. Un señalamiento que es de vieja data para el régimen de Caracas en su integridad. Esto está vinculado con la íntima y añeja relación que los bolivarianos tienen con la República Islámica de Irán. De allí a la identificación con la guerrilla libanesa no quedan pasos por transitar. Esto porque son los hombres de Hezbollah quienes suelen cumplir las misiones de riesgo y también las comerciales que Teherán opera alrededor del mundo, también porque son ellos una cobertura para esquivar las penalidades internacionales que lo asedian.

La mediación entre la parte oficial del gobierno chiíta y el frente de servicios militares extralegales y de negocios bajo las mesas que operan los libaneses vinculados con Irán, lo realiza la Guardia Revolucionaria que montó la teocracia a poco de encaramarse en el poder en 1979. Una fuerza de élite paralela a las oficiales. Esto último y no las milicias, es lo que se se acepta en el mundo como defensa legítima para un estado nación, como lo sigue siendo Irán no obstante lo atípico de su gobierno religioso y conservador. La operatividad de estos brazos armados y mercantiles en la sombra son amplios y América Latina ha estado presente en este escenario. Hace poco tiempo en la Triple Frontera que comparten Argentina, Brasil y Paraguay se desarticuló una red de lavado de dinero que la inteligenia rioplatense, junto con los Estados Unidos, tenían bajo la mirada por ser subalterna de los intereses de Hezbollah. Se afirma que desde allí salieron los recursos que financiaron los ataques a la embajada de Israel y a la Amia en Buenos Aires.

También existen huellas de la intervención de esta organización islámica en Colombia, entre otras de histórica recordación, para hacer posible las operaciones de lavado de dinero y flujo de medios de pago que originó la presencia de Odebrecht y la escandalosa corrupción en ese país derivada de la multinacional brasileña. En el seno del grupo íntimo que rodea a Nicolás Maduro se ha planteado que el ahora preso Alex Saab es muy cercano al funcionario que, con el colombiano comparten ancestro medioriental: Tareck El Aissami. Este jerarca venezolano es otra de las claves que para los norteamericanos tiene la caja de pandora que permitiría poner sobre la mesa la dimensión de la fuerza del terrorismo islámico en el subcontinente. El Aissami tiene su cabeza a precio por parte del gobierno norteamericano y ha ocupado carteras de gobierno sensibles y estratégicas para los intereses bolivarianos. Esa llave hipotética entre ambos hombres es fundamental para la justicia y el gobierno, tanto de los Estados Unidos como de Colombia.

Esto último porque parte del tramado de vínculos que tuvo hasta ahora Alex Saab tiene también compromisos en el país cafetero, vecino de la república bolivariana y en tensión fronteriza y de visión tanto ideológica como geopolítica. Al menos una  docena de nombres de colombianos, entre conocidos y de referencia menor, están en un lista que tanto los servicios de inteligencia como las autoridades judiciales y administrativas que los siguen desde hace tiempo. Es eso lo interesa en la lista de vínculos con el empresario hoy detenido en Cabo Verde y en trámite de extradición a los Estados Unidos. Algunos de esos nombres serían de reconocidos dirigentes de la izquierda criolla, pero no serían los únicos. También habría personajes del stablishment con nexos comerciales no del todo claros con quien ha ido declarado por el régimen caraqueño como representante bolivariano. Saab tiene firma o  propiedad plena en un tramado de empresas y sellos que tocan diferentes países del mundo, desde México y Estados Unidos, a Hong Kong, Turquía y Emiratos Árabes, sin excluir Colombia. Debe recordarse que una buena parte del  negro lavado de Odebrecht se hizo a través de entidades chinas, con asiento en Hong Kong (aresprensa).             

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