BOGOTÁ: EL TEATRO MUNDIAL, AQUÍ OTRA VEZ
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PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE Y ARTES ESCÉNICAS  //  Publicado el 13 de abril de 2022  //  21.00 horas, en Bogotá D.C.

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Dos dramas pusieron entre paréntesis la continuidad normal del Festival Iberoamericano de Teatro que se celebra en Bogotá cada bienio, ya a punto de concluir, y es un pasaporte de presentación de la realidad cultural en la capital de Colombia y del mismo país. Uno de esos dramas fue la pandemia, la otra estuvo motivada en los conflictos internos de la organización de este encuentro internacional lleno de prestigio aquilatado y querido por la sociedad colombiana. Por ello no era posible admitir  los  exabruptos de algunos de los organizadores que sucedieron a la iniciadora de la saga, Fanny Mickey, en un proceso gris y escandaloso que pareciera haber quedado atrás. El primero fue imprevisible, el segundo consecuencia de la “minoría de  edad” -en el sentido kantiano de la expresión- de  quienes dirigieron la estructura administrativa y económica del  encuentro hasta no hace mucho tiempo. Es posible que todo haya quedado solucionado, tal vez de manera parcial, pero lo cierto es que esta nueva edición abierta se realiza de manera plena aun cuando las secuelas de la pandemia, el otro drama, no han concluido. Ahora, el Festival Iberoamericano de Teatro avanza en esa recuperación, que es señal de buena salud. La suficiente como para seguir adelante y eso es lo que muestra en su despliegue de 17 días, que finalizará dos jornadas después de cruzar la primera quincena del mes, el domingo que viene.

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La programación que se ha ofrecido este año tiene, como ocurre en cada edición, varias sorpresas que han sido el picante de la secuencia de presentaciones, y las que no solo han sido en las tablas sino también en la calle y en otros escenarios que se dispusieron para hacer lo que es propio del arte en cuerpo presente. La fiesta se inició el primero de abril y su avance ha permitido apreciar una paleta de programación que incluyó a representaciones de obras de distintas partes del mundo, incluso del Medio Oriente, al  tiempo que una fuerte representación local. En esa puesta en escena de los dueños de casa y en las primeras jornadas, se presentó durante tres días la obra del catalán Albert Tolá “El Palmeral”, representada  por Jorge Hugo Marín, de la compañía La Maldita vanidad. Ese grupo fue uno entre 30 de colombianos que complementaron en primera línea creativa y de relieve el esfuerzo de organizadores, artistas y público, quienes de nuevo cumplen el ritual de la normalización. Algo tan ansiado como esperado y que ahora ya se muestra de manera masiva  sin los temores vigentes hasta  hace poco tiempo.

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Otras importantes representaciones del teatro del patio fueron, en lista muy reducida que no pretende ser excluyente, fue la del legendario director y realizador Jorge Alí Triana, con su obra también reconocida “El Coronel no tiene quien le escriba”, de Gabriel Gabriel Márquez, en adaptación teatral. El Colegio del cuerpo de Cartagena llegó con “Dos volcanes y un laberinto”. Un homenaje a la creación de Álvaro Mutis, también en adaptación desde la literatura al teatro y además vinculada con el Nobel colombiano vía la figura histórica de Simón Bolívar y las obras de ambos sobre el prócer: el cuento de Mutis “El Último rostro” y su derivación en libro, “El General en su laberinto”. Una asociación literaria entre quienes fueron amigos, que ha derivado en esta expresión teatral en el Iberoamericano de Bogotá. Una de las dosis picantes fue la propuesta de Marcela Mar y Luisa Hoyos, “La Más fuerte”, bajo dirección de Victoria Hernández, con la participación del chef Pedro Fernández. Se trata de una obra del sueco August Strindberg en adaptación hipersensorial, en la que convergen lo teatral y  la cocina con sabor colombiano.

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Entre los que llegaron del exterior estuvo la israelí Jasmin Vardimon, la coreógrafa que representó  al Reino Unido con su versión de “Pinocho”, un viejo conocido en diferentes versiones cuyo origen está en Italia y sido parte de las historias infantiles con interés para todo público. Una representación que une la danza con el llamado “teatro físico”, que utiliza  el cuerpo y la gestualidad como lenguaje y propuesta de comprensión argumental. El hilo del trabajo siguió la trama original de Carlo Collodi sobre aquel muñeco de madera que aspira a ser un niño más, como todos los pequeños. Desde el Líbano llegó “Geología de una fábula”, de la mano de Aurelien Zouki y Éric Deniaud y a la cabeza del grupo Collectif Kahraba. El trabajo y relato en escena articuló los orígenes de la fábula, más allá de la Grecia de Esopo, los que se hunden en las tradiciones de Persia e incluso India. El trabajo sobre arcilla le dio figura y complemento a las historias que se contaron sobre el escenario del Teatro Libre, en el centro de la capital andina. Estas fueron dos de las seis obras foráneas que llegaron al Iberoameriano de Bogotá.

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No fueron tantas, pero sí suficientes como para dar una largada esperada en el enganche con la  realidad de un festival reconstruido en lo administrativo, y de una sociedad que se rearticula después del paso de la ola pandémica que aún da golpes en el mundo. La Argentina fue uno de los  países del patio que sacó la cara por la región. Desde allá llegó “Encuentros breves con hombres repulsivos”, una propuesta de T4 Producciones, bajo la dirección de Daniel Veronese, quien recoge la obra de David Foster Wallace sobre uno de sus libros emblemáticos: “La Broma infinita”. En la escena, dos actores (Francisco Reyes y Marcelo Alonso) interpretan unos encuentros diferenciados en secuencia que ahondan en la condición masculina frente a la mujer en lo que hace al amor, el desamor y el sexo. Son conversaciones sobre las relaciones contemporáneas y sus miserias, desencuentros y callejones sin salida. Es una de las piezas que se mantiene hasta un día antes del cierre del festival, en la sala del teatro Arlequín. Entre lo que trajeron los de afuera también hubo creaciones de Bélgica, Estados Unidos y España.

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Desde Bélgica llegó otra expresión de teatro físico: “Ja, ja, ja”, de la compañía Okidok. Está conformada por Xavier Bouvier y Benoit Devos, un par de acróbatas que además del saltimbanqui, también hacen gala de un histrionismo que se intercala con secuencias de sobriedad teatral en las que la hilaridad se confunde con lo serio y algo de dramatismo. La clásica sala del Astorplaza de Chapinero fue el sitio de presentaciones que también llegará hasta el cercano 16 de abril, la víspera del cierre. España llegó con una historia contada en danza, a cargo de Chevi Murday y su grupo. La obra se llama “El Perdón” y se presentará entre el 15 y el día del cierre (17 de abril) en la sala de Colsubsidio. La narrativa recoge la tragedia biográfica de la colombiana Juana Acosta, basada en la muerte de su padre y la resiliencia posterior. Estados Unidos vino con una presentación de marionetas y sombras chinas, que también alcanza el cierre con sus presentaciones en el teatro Cafam, en dos jornadas. “The Song of north” combina las sombras chinas y el giro de 258 muñequitos sobre una saga fantástica de la vieja Persia (aresprensa).

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