CIRUGÍA LETAL SOBRE LA "SEGUNDA MARQUETALIA"
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ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el 31 de diciembre de 2021  //  09.00 horas, en Bogotá D.C

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En el año que termina se supo de la neutralización de tres de los principales cabecillas de la banda terrorista Farc, derivada de las Farc, que se autoidentifica como «Segunda Marquetalia» *. Los tres caídos en combate fueron los alias «Jesús Santrich» (mediados de mayo), «Romaña» y «El Paisa» (inicios de diciembre). Los hechos diferenciados en el tiempo, salvo en los dos últimos casos, crearon todo tipo de especulaciones sobre los protagonistas del asalto armado, así como las características espectaculares que se supone tuvieron las emboscadas. Eso además de los móviles y los preparativos tras la escena de la acción. En estas se demostró un alto grado de precisión operativa y, sin duda, un proceso de inteligencia previo que, en evidencia, aseguró todas la variables a la mano para que el mortal proceso no tuviese fallas, como en efecto ocurrió para asegurar el objetivo trazado. Los facciosos muertos se movían con gran libertad en el límíte de la frontera desde la reorganización del grupo ilegal armado, en varios espacios del indomable borde compartido por dos paìses que mantienen una sorda pero no por ello menos violenta guerra híbrida.

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Un enfrentamiento largo en el que se mezclan todos los ingredientes imaginables de este tipo de confrontación, que incluye zancadillas aleves, traiciones de ida y vuelta, altos recursos para operaciones non sanctas, declaraciones flamígeras y más mentiras que en las tradicionales guerras, para negar responsabilidad en hechos y consecuencias. En la misma línea, las últimas declaraciones de Nicolás Maduro en el cierre del año generaron aun más especulaciones por lo sugestivo del contenido, en referencia indirecta con estos hechos. Dijo que el nuevo año sería el de la anulación de los grupos armados ilegales de la frontera, lo cual al parecer ya se inició. Lo dijo sin dejar de declarar que Colombia es un «estado fallido», una afirmaciòn que bien podría ser reflejo de la situación propia. La muerte de los tres ilegales colombianos habría sido resultado de una coincidencia táctica, una suerte de acuerdo no intencionado de cúpulas de poder que produjo lo sucedido en la turbulenta línea que separa en lo jurídico a ambos territorios y en los espacios cercanos, sobre los que ninguno de los dos estados parece ejercer soberanía plena.

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No resultó sorpresa esto del distanciamiento y deserción perpetrado por los tres «marquetalios» abatidos contra el proceso de reinserción al que ellos se allanaron a posteriori de la firma de los acuerdos de desarme entre el gobierno de Juan Manuel Santos -en nombre del Estado colombiano- y la dirección de las antiguas Farc. Eso ocurrió luego de que estas resignaran su propósito de seguir adelante con su accionar contra la sociedad colombiana, sostenido durante medio siglo largo. El narcotráfico ya había cooptado en los armados subversivos toda pretensión de distopía ideológica y no había retorno al respecto. Lo ocurrido ahora plantea conjeturas que pretenden ser hipótesis y que surgen de ese marco provisorio ante las imprecisiones de las versiones y el hermetismo respecto de los autores concretos de lo que ha sido una cirugía extrema, letal, imprevista y que deja desarbolada al menos por ahora a la organización al margen de toda ley, salvo en lo que hace a la ilegitimidad en la que se mueve el estamento de control relativo que se ejerce desde Caracas.

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Primera conjetura. Fue una acción de los grupos opuestos dentro de la misma corriente delictiva armada, a cuyo frente opera alias Gentil Duarte. Es la versión más corriente y referida, la más manida, al tiempo que la menos creíble sobre la autoría de las tres muertes en el mismo año. No obstante lo curtidos en la lucha y las innumerables refriegas que tuvieron a lo largo de su vida subversiva los protagonistas caídos y sus enemigos de la misma orilla, lo cierto es que el nivel de capacidad militar demostrado por la ofensiva puntual plantea serias dudas en el sentido de que lo ejecutado hayan sido operaciones activadas, así nomás, desde la ilegalidad unos subversivos narcotraficantes enfrentados por intereses propios de la industria ilegal, que fluye en ese límite internacional. Caracas hizo mutis por el foro sobre la gravedad de lo ocurrido en su frontera occidental, la más caliente pero no la única de alta temperatura para los intereses de Venezuela. No lo hizo hasta estas últimas horas y eso entonces hace de a versión en boga la menos creíble pero la más necesaria para despistar sobre el trasfondo real de los hechos trágicos.

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Segunda conjetura. Fue una incursión de grupos de élite de las fuerzas armadas colombianas, pero con apoyo inexplicable aunque posible de sectores uniformados venezolanos disconformes con el régimen, quizá por no poder participar de los réditos de los turbios negocios que tanto el gobierno caraqueño como la cúpula uniformada de ese país sostienen en beneficio propio. Esa es al menos parte de la versión oficial que surgió de las esferas cercanas al poder en Bogotá, las que tuvieron amplia difusión de un sector de la prensa. Tuvo una resonancia parcial porque también la especie genera demasiadas dudas, al menos en algunos de los segmentos explicativos de lo ocurrido en esas jornadas violentas del borde fronterizo. Nadie ha podido hasta hoy explicar el silencio de Caracas sobre la presencia de hombres de las fuerzas colombianas ejecutando acciones militares en terriorio ajeno. ¿Es que se ha olvidado la furia de Hugo Chávez y de Rafael Correa cuando en el 2008 tanto la fuerza aérea de Colombia como sus tropas especiales bombardearon y operaron sobre territorio ecuatoriano, destruyendo el campamento de Raúl Reyes y poniendo fuera de combate al jefe terrorista?

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Tercera conjetura. Tan insondable como las anteriores, pero más. Resulta claro que hubo uniformados venezolanos en los operativos. Fuentes oficiosas confiables indican que no participaron de manera directa en el fulminante enfrentamiento pero sí aportaron datos de inteligencia y dispusieron en forma discreta de la «zona territorial liberada» para que operasen los comandos que pusieron término a las correrías de los jefes subversivos. Entonces, los mandos venezolanos sí sabían de lo que iba a ocurrir y también lo sabían en Miraflores. Esa sería una razón del mutismo en el entorno de Maduro y en la vocería de las fuerzas armadas bolivarianas, a casi un mes de los últimos acontecimientos. Ocurre que estas Farc ya no son las Farc de antaño, ni están en condiciones de aportar en términos de balance militar, masa crítica y política para los intereses geopolíticos de quienes siguen las directivas de La Habana y de Caracas. No solo eso, son además un grupo que trae más problemas que soluciones posibles en la asimetria de confrontación, que no solo es bélica sino también de imagen y capacidad de disuación o debiliamiento de la voluntad de lucha de los enemigos del régimen venezolano.

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Cuarta conjetura. Los operadores ofensivos que dieron caza a los jefes subversivos y narcotraficantes fueron cuadros de alto perfil entrenados dentro de las fuerzas armadas colombianas, pero en retiro. Serían soldados de fortuna, caza recompensas o contratados, si se tiene en cuenta que el premio por las cabezas de los buscados es de varios millones de dólares, a pagar por las haciendas de Estados Unidos y de Colombia. Todo dentro del conocimiento pleno y el acuerdo de espaldas y tácito tanto de Caracas como de Bogotá. Bien se sabe que la capacidad para el combate de los colombianos es reconocida en el mundo, no son buenos sino muy buenos en estos menesteres del uso de la fuerza y las armas . Entre 7 y 8 mil hombres que formaron parte de las instituciones castrenses del país cafetero tienen contratos de actividad o apoyo militar y asesoría en diversas partes del mundo. Lo ocurrido en Haití a mitad del año es prueba de ello aunque, en este caso, al resultar muerto el presidente del país caribeño los colombianos parecen haber sido en realidad el chivo expiatorio de otros conspiradores que aún estarían en la sombra.

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Después de las legislativas pasadas en Venezuela, Maduro consideraría que su permanencia al frente de Miraflores está asegurada y es hora de componer una mesa regional revuelta, además de estar asomándose una tendencia que podría resultar favorable para los bolivarianos, luego de lo sucedido en Honduras y Chile. Añadido a lo anterior debe considerarse lo que se anticipa para Brasil en el año que llega y en las expectativas que hay sobre el movimiento de la brújula para las inminentes elecciones colombianas. En ese panorama tan vigente como anticipatorio, es probable que la inteligentsia del régimen de Caracas, al igual que los cubanos que son poderdantes ideológicos e históricos de la dictadura venezolana, podrian querer comenzar a poner orden para jugar mejores cartas. Esas que puedan aliviar condiciones económicas necesarias y de reconocimiento internacional, dejando de lado al menos de manera parcial esa «primera línea» armada de fuerzas ilegales que anida en la frontera, para saltar de vez en cuando los ríos y pasos limítrofes, como elemento de hostigamiento constante al enemigo de Bogotá (aresprensa).

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* En la épica montada por las Farc, la «Repùblica de Marquetalia» fue el alejado territorio del departamento del Tolima donde se fundaron y asentaron las primeras fuerzas de ese grupo armado ilegal, a pricipios de los años 60 del siglo pasado.

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VÍNCULO : DOS MONSTRUOS DE LA PAMPA
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