DAVOS 2022, LOS DRAMAS AVISAN
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ACTUALIDAD  //  DOXA *//  Publicado el 28 de mayo de 2022  //  21.30 horas, en Bogotá D.C.

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Se cerró hace dos días largos (el 26 de mayo) y con gran expectativa previa, el llamado Foro Económico Mundial en su sede de Davos. El encuentro volvió con todos sus fueros, entre los que la presencialidad postergada fue fundamental y porque estuvo entre paréntesis en 2021, pues por fechas pudo evitar el primer golpe en el inicio de los dos años de pandemia. En esta ocasión, la reunión presencial reimpuesta pasó a ser uno de sus ejes. Es normal que asistan a la cita los jefes de Estado de los principales países y de otros, con menos presencia quizá para la foto final, pero con igual importancia por sus recursos naturales o por su posición geopolítica, entre otros aspectos que resultan básicos para lo que se trata por tradiciòn en este Foro de Davos, como es mejor conocido. Alguna vez estuvo en la villa helvética tanto Xi Jinping como también Vladimir Putin. Aquellos fueron otros tiempos, ahora es momento de pospandemia y de una Ucrania para nada distante de estos debates. Si se permitiese la ironía, los tiempos prepandemia fueron tiempos más felices, aunque aún la humanidad no tenía clara conciencia de ello, por marginar en lo inmediato el imponderable que  trae el futuro y cuando las previsiones parecen de poca importancia. En Davos la propuesta permanente ha sido la de tratar de anticiparse a un devenir complejo, tanto como para prevenir y poner en común a la  humanidad sobre lo que ya está y lo que viene. La agenda de la convergencia prevista para esta edición, cerrada hace unas horas fue: la pandemia mundial aún presente aunque en retroceso evidente, la confrontación en el oriente de Europa y la preocupación cada vez más aguda sobre el cambio climático que ya atravesó el umbral de tranquilidad mínima para la humanidad. El lema del cartel de entrada fue “La Historia en un punto de inflexión: políticas gubernamentales y estrategias empresariales”. Una de las conclusiones sombrías de la convergencia apunta  a una eventual recesión universal, de consecuencias nefastas.

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Eso está entre lass amenazas que se ciernen: limitaciones y posibilidades de recursos que quedan para aprovechar, atraso, horizontes de soluciones y búsqueda de decisiones políticas a veces distantes de las acciones colectivas de las distintas sociedades, las mismas que claman por mejores determinaciones de sus dirigentes. Fueron apenas 5 días de conferencias, encuentros de reflexión así como de pasillos y agasajos, en los que se dan cita empresarios, organizaciones civiles y empresariales, así como expertos para abordar y disertar sobre los temas de agenda ya señalados. A esos agitados debates asisten unas 2.500 personas, en un escenario alpino en plena primavera. Allí no se toman decisiones pero al menos se pretende saber en qué está el análisis de frontera sobre los problemas, que no son pocos y que, por el contrario, son cada vez mayores y con claras condiciones de riesgo. La posibilidad de extensión de la guerra es apenas una de las situaciones límite, el deterioro ambiental es otra y, para completar, las señales de nuevos brotes pandémicos desconocidos, en algunos casos y de viejas plagas en otros.

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Todo lo anterior sin que pueda determinarse hasta qué punto están preparadas la ciencia y la humanidad en general, para hacerles frente. El hecho de mantenerse el Foro en vigencia durante el último medio siglo, señala que las reflexiones sobre  los temas que se tratan en Davos impactan de diferentes maneras en los señalados niveles de decisión política mundial. El calendario puntual de lo que se trató en la localidad suiza no perdió el horizonte amplio de interés de los organizadores: impulsar la cooperación global y regional, asegurar la recuperación económica y una nueva posibilidad de crecimiento, afirmar sociedades sanas y equitativas, salvaguardar el clima, (también la alimentación y la naturaleza), impulsar la transformación de la industria y aprovechar el poder de la Cuarta revolución industrial. Propuestas muy amplias y de profunda trama, con alcance planetario. Poco para un giro impactante en lo inmediato, pero se sabe que hay coyunturas que requieren de acciones de largo plazo para desmadejarlas, si existiesen propósitos comunes en tal sentido. Algo que no es claro por el momento en algunas de las variables e índicadores  señalados.

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Vale señalar que el Foro es organizado por la Wef (World economic forum), una organización civil con sede en la comuna de Coligny, a orillas del lago Léman también en Suiza. Está presidida en la actualidad por el noruego conservador Børge Brende, quien fue ministro de Relaciones exteriores de su país. Brenda encabeza la entidad desde hace 5 años. Dos de los objetivos afinados para los intercambios que se propusieron en el año que corre, fueron: acelerar el progreso y establecer una plataforma para la interconexión. El primero y principal lleva como complemento las condiciones del Foro para abordar los desafíos globales. El segundo pretende fomentar la generación de nuevas ideas e innovaciones. Toda la trama incluye a los medios de comunicación y a los líderes y entidades juveniles que expresan interés por estos temas de frontera simbólica y de sugerencias operativas. Expertos han expresado que esta versión del Foro se realizó en un momento clave de la geopolítica mundial, que arrastra efectos delicados en el plano humanitario, de energía y de seguridad. Esto sin dejar de lado lo que es de largo plazo.

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Eso del horizonte más distante no es otra cosa que las transformaciones en lo tecnológico y de uso energético, así como “la alimentación de la población más desfavorecida y la  descarbonización del planeta”.  En 2020, cuando el golpe pandémico ya se sentía fuerte en el umbral del mundo y, en especial en Europa, las conclusiones de Davos en el último encuentro presencial antes de la pausa incontrolable fueron amargas. La ex canciller alemana Angela Merkel dijo sobre el escenario de Davos, en una de sus últimas grandes apariciones públicas,  que “el calentamiento global es cuestión de superviviencia”, en un cruce con el ex presidente Donald Trump, quien ante la crisis evidente al respecto se había despachado contra “los profetas de la fatalidad”, como era y es su particular estilo y punto de vista ante estos traumas evidentes. En aquella ocasión la sensación que surgió en la suma de conclusiones fue pesimista. Tanto, que el secretario general de la ONU António Guterres expresó en la síntesis: “en mi opinión son dos palabras las que definen el estado del mundo actualmente, incertidumbre e inestabilidad”. Nada menos.  

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Aquel fue el momento del medio siglo para el encuentro mundial en Davos, casi como una señal metafísica, si eso resultase amable en quienes creen en las dimensiones por fuera de las coordenadas cartesianas. Después llegó la pausa que impuso la peste y ahora el panorama que presentan las conclusiones sigue siendo inquietante. David Beasley, la cabeza del Programa mundial de alimentos que respalda las Naciones Unidas, manifestó a modo de pregunta “si es posible imaginar” lo que puede suceder cuando está en guerra uno de los principales proveedores de pan del mundo, capaz de alimentar a 400 millones de personas. Es obvio que el funcionario internacional hacía referencia a Ucrania y su guerra de defensa frente a Rusia, como conflicto que amenaza con convertirse en una suerte de “guerra prolongada” e incluso extenderse de manera abierta al menos al resto de Europa. Pero es que además de estos graves hechos en curso y sus riesgos sobre el resto del planeta, también sigue tocando la puerta la hambruna potencial que se cierne, por ejemplo, hacia el África y el Medio Oriente. Eso y las otras sombras que crecen, entre ellas la de una recesión quizá inevitable. En palabras simples: la incertidumbre es mayor dos años después (aresprensa).  

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EL EDITOR

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* Mayo de 2022. La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia de prensa ARES

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