DOS MONSTRUOS DE LA PAMPA
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ACTUALIDAD  //  LA 3ra. OREJA  //  Publicado el 10 de diciembre de 2021  //  19.45 horas, en Bogotá D.C.

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«Madre hay una sola», señala un aforismo popular extendido y que por ello todo el mundo acepta en reacción mecánica. A partir de esa presunción surge una mitología que, como todo mito, no deja de ser una creencia que se toma como cierta e incluso puede parecer irrefutable. Un hecho monstruoso rompe el blindaje del mito y lo disuelve aunque sus restos permanezcan en el chip colectivo. Dos mujeres, una la madre y la otra su pareja asesinaron a golpes a un niño de 5 años, hijo de una de ellas. Un ser humano inocente que apenas comenzaba a asomarse a la vida y cuya corta existencia había sido una sucesión de hechos de espanto y tortura. El asesinato ocurrió el viernes 26 de noviembre y el dolor continúa como si el acto de sevicia criminal hubiese sucedido hoy. La víctima fue Lucio Dupuy quien fue asesinado por quienes la justicia determinó contra toda evidencia en contrario desde antes de los hechos, que debían cuidarlo, acompañarlo a crecer y amarlo. Lo que menos hicieron las asesinas fue lo último. El infanticidio ocurrió en la provincia de La Pampa, en el centro sur del país argentino.

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Las madres criminales están capturadas en espera de lo que determine la burocracia judicial pero nada le devolverá la vida al pequeño, ni tendrá oportunidad ya de encontrar un hogar donde se le brinde lo que se le negó hasta la muerte anunciada. Es cierto que en la Argentina o en cualquier parte no es este el primer crimen de un niño en tiempos recientes, no lo es para condena constante de cierta condición humana, y no será el último. Pero este al igual que otros asesinatos similares pasa a ser emblemático y genera de manera amplia el mismo sentimiento de repudio y reclamo de justicia ejemplar, aun cuando nada podrá compensar la pérdida irreparable. En la necropsia del pequeño cuerpo quedaron en evidencia las cicatrices de mucho tiempo de tortura, que incluyó quemaduras en la piel de cigarrillos, fracturas de larga data y por si esto fuese poco, violación. El mensaje es claro: en efecto madre hay una sola, y así como puede ser un ángel también puede ser un monstruo.

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Las autoridades de protección de la infancia habían desoído los reclamos de los abuelos paternos, las del padre y de los tíos. Ellos habían denunciado que las cosas, al decidirse que Lucio quedase en custodia de la madre, «iban a terminar mal». En otras palabras, quienes desde el Estado debían prestar la máxima atención a las condiciones de entorno en que quedaba el inocente hicieron caso omiso de los llamados de atención. Se hizo así por el señalado mecanismo mental colectivo que pulsiona el mito tradicional sobre las madres: nadie mejor que ellas para atender a su hijo con la necesaria ternura, la que no se puede negar a un niño. Apareció entonces el cisne negro, la circunstancia que niega la regla o, mejor, la expresión de la ceguera que produce el mito cultural. En el entorno disfuncional en que vivían la progenitora y su conviviente no era posible un crecimiento favorable para el pequeño. Así lo demostró su brutal asesinato a manos de quien actuó a contrapelo del criterio cultural generalizado, Magdalena Espósito, y de su amante, Abigail Páez.

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¿Es necesario alejarse del mito?, no lo es; pero sí es necesario aguzar los mecanismos de la racionalidad administrativa y la eficacia de los funcionarios de la justicia para poner en situación y sobre la mesa todos los elementos que corresponden al adecuado cuidado de la infancia y de quienes componen ese rango de edad, como futuros ciudadanos que ya son sujetos privilegiados del derecho, mientras sean menores de edad. El desquicio general de la sociedad argentina luego de tres décadas de pésimos gobiernos democráticos, que incluyen la degradación del dispositivo de su justicia, abre tantos huecos como los que se necesitan para que ocurran tragedias como esta. No son malos ni el mito aludido ni la democracia, lo son quienes tienen la responsabilidad de dar transparencia a ambos paradigmas propios de la Modernidad. Los principales responsables de lo ocurrido con esta criatura en la Argentina, además de las asesinas directas, son quienes interviinieron para que Lucio saliera de la custodia de tíos y abuelos paternos.

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Ellos son, en su orden: la abogada de la madre, Alejandra Inés Rodríguez, quien propició en la justicia el trámite para que el niño quedase con condena a muerte bajo custodia de la progenitoria y de su compañera afectiva. Siguen en la lista la jueza Ana Clara Pérez Ballester, que decidió el destino definitivo de la custodia y también la asesora de Menores del gobierno provincial, Elisa Alejandra Catán, quien dio el visto bueno para la decisión judicial. Todas ellas firmaron la sentencia mortal contra el inocente. No hubo revista alguna del entorno al que iba el niño y no hubo auxilio alguno en el momento del atroz castigo definitivo, que no había sido el primero, ni hubo en su agonía cooperación luego del llamado de los vecinos a la policía al advertir la golpiza. Tampoco cuando fue llevado en brazos a la posta policial cercana a su casa -que nunca fue un hogar- porque los uniformados se negaron a prestar la primera atención de urgencia. Estos efectivos también son responsables de la trágica cadena, pero así como los anteriores mencionados no son los únicos.

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Los esfuerzos de algún vecino, que pretendió darle al niño respiración boca y boca así como estímulo cardíaco, fueron vanos. El infante, luego de convulsionar, llegó inerte al hospital Evita, de Santa Rosa la capital provincial. Tenía las huellas de anteriores fracturas en los miembros, propios de castigos previos, y una hemorragia interna que fue la que produjo el desenlace fatal. Así lo determinó el informe del forense. Las responsables principales en un principio negaron autoría alguna en lo ocurrido, pero las evidencias revelaron de inmediato la falacia de los esguinces retóricos y quedaron detenidas. Las protestas callejeras en las horas posteriores inmediatas a la muerte de la víctima llegó al extremo de intentar asaltar la comisaría donde las mujeres monstruo estaban detenidas, para proceder al linchamiento. La turba alcanzó a incendiar a algunos móviles policiales. Eso llevó a las autoridades a trasladar a las victimarias a una provincia vecina: San Luis. El escándalo alcanzó reflejo y ribetes internacionales, del cual esta Agencia participa en memoria del niño asesinado.

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Desde el retorno a la democracia es el peronismo la bandería política que ha gobernado a la provincia de La Pampa salvo en un periodo, y así van las cosas. El desbarajuste institucional impregna al estado nacional y eso como plaga se extiende a esta jusrisdicción provincial al igual que al resto del país. Eso está a la vista de todo el mundo y la crisis generalizada del modelo democrático se expresa de manera descarnada en esta zona de la periferia mundial. La Argentina es uno de los modelos representativos de ese estigma que es la ausencia de justicia y el desprecio de la demoracia, detrás de Venezula, Nicaragua y, de otro emblema histórico: Cuba. En todos ellos la democracia y con ella la justicia, han desaparecido o agonizan. La Argentina va acelerada pendiente por ese camino. El destino del malogrado Lucio y la carencia de protección a lo largo de su corta y traumática existencia dejan en claro que él se fue del mundo sin saber que fue víctima no solo de sus asesinas sino además de un sistema enfermizo y degradado. El mismo que pareciera no pretender regenerarse sino todo lo contrario bajo el oscuro control de los Fernández, Cristina y Alberto, así como de sus secuaces (aresprensa).

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VÍNCULO : IDIOTARIO DE ALBERTO FERNÁNDEZ II

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