EL VIRUS AÚN EMBISTE
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ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el 09 de febrero de 2022  //  19.00 horas, en Bogotá D.C.

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Es probable que por un tiempo más se mantengan las decisiones de los estados para que no haya cierres ni restricciones totales, o casi, como las que hubo durante  los primeros golpes de la pandemia hace dos años largos. Las hay aún parciales y las habrá, aunque sea como amenaza en potencia, larvada, y en el continuo llamado de prevención, no se sabe por cuánto tiempo. La nueva variante viral, llamada Ómicron, apareció desde África poco antes de finalizar el año pasado, más expansiva pero menos letal. Ayuda en esto último la vacunación generalizada aunque todavía incompleta en varios espacios del planeta, sobre todo y también en África. Ha jugado en contra la insistencia de quienes no aceptan vacunarse para su propia protección y la del entorno. Factores a veces religiosos y también culturales e incluso jurídicos son el arma de los remisos. El caso reciente del tenista Novak Djokovic es un gran botón de muestra, pero no es el único, apenas el más famoso por el momento. La señal positiva en el panorama es la del pronóstico aún nebuloso de que el impacto de Ómicron sería un estertor del virus en su recta final para convertirse en una enfermedad como cualquier otra afección del sistema respiratorio. Las mismas que conviven con la humanidad desde tiempos inmemoriales. Pero todavía no está todo dicho con certeza suficiente como para salir a la calle confiados a plenitud y para cumplir con las labores de siempre, las que se interrumpieron de manera abrupta en el primer trimestre de 2020. El golpe de lo ocurrido afectó todos los órdenes de la vida y los que más se resaltaron fueron los de la pérdida de vidas y el valle tan perdido como oscuro de lo económico. Pero hubo un segmento del cual no hubo tantos comentarios y en el que también se muestran consecuencias catastróficas: la educación. Son demasiados los menores que no retornarán a las escuelas que se reabren y eso los condena a la pobreza estructural. Más de la que ya existe en la zona iberoamericana.

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Por ahora lo cierto es que las unidades de cuidados intensivos siguen ocupadas en proporciones que podrían preocupar, pero en datos a los que la población les presta cada vez menos atención, en una percepción laxa de los riesgos que permanecen. Cunde la despreocupación, observable en la asistencia  masiva a estadios y puntos de concentración social, como son los centros comerciales, entre otras manifestaciones evidentes. Las decisiones de entidades privadas y públicas parecieran avalar la creencia de que todo ha pasado y que lo que fue pandemia sería hoy apenas una endemia en progreso. Lo cierto es que todavía no se sabe con certeza científica la evolución de una tragedia que aún no quedó atrás y que, por tanto, la confianza evidente podría todavía ser apresurada y más que imprudente, quizá temeraria. En otro orden, debe recordarse que todas la vacunas han sido un esfuerzo científico de resultados inéditos. Nunca se había visto un desarrollo científico de este tipo que haya dado en el centro con tanta velocidad en los resultados que se han visto. En menos de un año países e industrias pusieron a disposición de todos una segura herramienta de prevención y resguardo de la vida.

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Debe hacerse la salvedad de que todas son vacunas experimentales y que aún se desconocen posibles consecuencias de largo plazo. Es por todo ello que la prudencia en la prevención inmediata y la alerta de largo plazo deben mantenerse, aunque ahora sean multitudes las que crecen y se despreocupan por la presencia de la peste. En varios países de la región está asegurada la segunda dosis de aplicación del biológico defensivo y avanza la tercera de refuerzo, mientras asoma una eventual cuarta dosis para asegurar la protección. El bienio largo de persistencia de la pandemia hace que todas las medidas sean necesarias y se mantengan frontales, incluso contra el hastío de las víctimas potenciales. No hay dudas al respecto, así como tampoco hay dudas de que todos esos recursos de prevención y salvación son buenos. Sean vacunas producidas en Occidente o en países como China o Rusia, las ofertas han demostrado producir los efectos que se buscan, esto es salvar vidas. Las  luchas que se han presentado en el campo de batalla de la aceptación de los biológicos que se producen en estos dos países son solo parte de una confrontación comercial y geopolítica.

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Puja que se agudiza con lo que sucede por estos días en Europa oriental. Nada tiene que ver el auxiliar a los seres humanos por el hecho de  serlo, con las disputas hegemónicas, que incluyen lo económico, pero así ha sido tal como también ha ocurrido en otros momentos de la historia. La vacuna Sputnik V de Rusia es buena según los informes nacionales de salud de esta parte de América, pero aún no recibe aprobación en muchos países occidentales y en el propio organismo mundial sobre el tema se mantiene en suspenso la aprobación correspondiente. Además de Venezuela, Cuba y la Argentina, entre otros estados de la región, se aplicaron las dosis rusas pero los ciudadanos beneficiados quedaron impedidos de viajar a varios países de Europa o a los Estados Unidos porque la vacuna sigue sin ser reconocida. Estas personas también son víctimas indirectas de la pandemia. En síntesis, cuando para estas fechas el impacto del virus está por superar los seis millones de víctimas fatales, no son los deudos ni los viajeros los únicos que tienen lamentos por las consecuencias. También los niños y jóvenes en pleno proceso formativo han sufrido los efectos de la enfermedad en expansión en los peores momentos del ciclo, por el cierre de escuelas.

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No solo fueron las escuelas, también las universidades. Estas últimas han comenzado a recuperar normalidad por estos días, pero lo ocurrido en daños de formación sobre los niveles primarios y secundarios deben considerarse irreparables. Los cierres totales de los establecimientos educativos fueron una respuesta automática e inevitable entre febrero y marzo del 2020, cuando apareció la lluvia negra de infectados, en tiempos en los que no había vacunas y estas eran apenas una promesa distante.  Después, las medidas draconianas de los gobiernos se prolongaron en el tiempo más allá de lo aconsejable  y así se disolvieron por ausencia casi dos ciclos lectivos anuales. En tales circunstancias los porcentajes de quienes no regresaron a las aulas se incrementaron a niveles geométricos, afectando en especial a los sectores más vulnerables de la población quienes son los que más necesitarán de la formación para la lucha futura y asimétrica por la vida. Si los niños y jóvenes de estos segmentos sociales son los que más dificultades tienen para articular sus proyectos vitales en el devenir, debe estimarse como grave en lo social el impacto futuro que tendrá el incremento de ciudadanos marginales y con oportunidades bloqueadas por la falta de educación básica.

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Las cifras al respecto son pavorosas. La baja en los índices de escolaridad regionales no se veían desde hace 40 años, en plena crisis económica continental y cuando se salía de los gobiernos militares que se habían impuesto mediante golpes de estado en varios de estos países. En vísperas de la pandemia la escolarización se había recuperado de manera aceptable y para ciertos estudios había alcanzado topes históricos. Ello no obstante que hacia 2018 y de acuerdo con la Unesco, aún había en Iberoamérica unos 12 millones de niños y jóvenes por fuera de la escolaridad, parcial o completa. Aunque las señaladas son cifras relevantes se estimaba que un 95 por ciento de esa franja etárea asistía a las escuelas. En tanto que la educación secundaria en los últimos cursos estaba por encima del 60 por ciento y era superior al promedio mundial. Los estudiantes afectados por los cierres de los establecimientos educativos alcanzaron en pandemia la cifra de más de 630 millones, en tanto que casi 370 millones fueron privados de la comida diaria que el Estado subsidia en las escuelas rurales y urbanas deprimidas. Se calcula dentro de las mismas cifras que en Brasil un 10 por ciento de niños y preadolescentes no desertarán de manera permanente y algo similar ocurrirá en la Argentina (aresprensa).  

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