IDIOTARIO DE ALBERTO FERNÁNDEZ
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30 sep 2020

IDIOTARIO DE ALBERTO FERNÁNDEZ

ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  // Publicado el 30 de septiembre de 2020  //  18.30 horas, en Bogotá D.C.

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Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja 

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme.

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Todo el mundo hasta los 30 años cree ser inmortal

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A medida que evoluciona -¿o involuciona?- la parábola política y administrativa del binomio Fernández-Fernández como cabezas del gobierno argentino, la  situación del país y de la administración se muestra más caótica y sin señales de redención. Esto quizá por la admonición certera de Borges en algún momento de sus agudas reflexiones sobre un fenómeno político local como lo fue el peronismo de su tiempo: “...son incorregibles...”. En efecto, eso es lo que muestran no solo el señalado dueto sino buena parte del  equipo que los acompaña en diferentes áreas. Parecen sonámbulos caminando por elección delirante al precipicio que ellos mismos cavan. Son una versión sin reatos de lo que bien podría llamarse el “neogorilismo”. Vale decir, muestran las mismas señales de barbarie que ellos o sus predecesores les asignaron a quienes en algún tiempo pretérito los reprimieron y encabezaron las famosas “dictaduras” de los años 50, hasta los 80 del siglo pasado. Parte de esas manifestaciones de barbarie incorregible son las estupideces que hacen y las idioteces que dicen, en apenas 9 meses largos de gobierno. Las de Cristina Fernández son bien conocidas y esta Agencia las reseñó en su tiempo, aunque fueron y son tantas que cualquier lista es y será parcial. Pero esa es otra historia. Ahora nos abocamos a las que de manera intermitente dice, y repite, sin inmutarse como si fuese un escolta abanderado del sonambulismo, el actual presidente argentino Alberto Fernández. La enumeración está también recortada porque son tantas que ni el Chavo con su astucia corta hubiese podido tener ese acumulado en tan poco tiempo.

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“...Tenemos dominado al virus...”. Lo dijo en entrevista con el cantante puertorriqueño Residente, al cerrarse el mes de marzo pasado. Lo hizo con la sobradez que suelen mostrar los  argentinos cuando hablan sin fundamentos serios. Eran tiempos del inicio de la pandemia. Ahora la Argentina es uno de los 5 países sudamericanos con mayor índice de contagios y de muertes, en un marco de chambonerías e ires y venires de un gobierno que no da pie con bola en este y en otro cúmulo de problemas sin salida que afronta el país. ¿Qué clase de magia tercermundista creyó tener a mano don Alberto Fernández para lograr lo que estadistas de países más prudentes y avanzados del mundo sabían ya por entonces que era difícil de alcanzar?, esto es: el control de la peste universal. Pero al dislate le falta una parte. El presidente argentino agregó a la tontería anterior en la misma conversación que “...es mejor dominar al virus a que el virus lo domine a uno...”, una perogrullada muy parecida a la que alguna vez lanzó el malogrado campeón colombiano de boxeo, “Kid” Pambelé: “...es mejor ser rico que pobre...”. La diferencia entre uno y otro es que Pambelé era casi analfabeto y jamás aspiró a ser presidente de su país.  

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“...somos un gobierno de científicos...”. Eso dijo el presidente argentino ante el Congreso de su país al iniciarse marzo, y antes del golpe pandémico, para diferenciarse de la administración de Mauricio Macri, quien buscaba  gerentes de grandes empresas como colaboradores. Para el pasado inmediato el presidente Alberto Fernández tiene un espejo retrovisor del tamaño de una pantalla panorámica de los años 60. Macri se lo merece, pero, ¿un gobierno de científicos?; veamos: su ministro de Salud, Ginés González, ha resultado ser un hábil mercader en sentido literal y, como vendedor de humo, ha sido uno  de los responsables de los bolazos fernandianos, al inducir al presidente a comparar a la  Argentina con otros países, en lo que hace al manejo de la pandemia. Más allá de su condición de médico el ministro ha resultado un buen mentiroso en ese plano. Por su lado, su ministra de seguridad, Sabina Frederic asegura que la toma ilegal de tierras por parte gente humilde, pero también por mafiosos y subversivos, “no es un problema de seguridad”. Ese es parte del equipo de científicos que acompaña al sonámbulo Alberto Fernández en la cadena  de disparates.

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“...Chile tiene una letalidad del 31.24 por 100 mil habitantes...”, debido al covid. Lo dijo orondo el 23 de mayo, ante un gráfico estadístico quizá elaborado por los “científicos” que conforman su gobierno. El embajador chileno en Buenos Aires lo desmintió de inmediato para informarle al errático mandatario rioplatense que Chile por entonces tenía una rata de fallecidos que era apenas de 3.5 por cada 100 mil enfermos, una de  las más bajas en Sudamérica y que, además, era el país con mayor número de testeados en la región. Esto último como insumo básico para trazar las políticas sanitarias frente a la emergencia. Pero las cosas no terminaron ahí, por exabruptos parecidos en la desmesura de declaraciones públicas del jefe de Estado, que pretendían poner a su país y gestión por encima de los otros en el desarrollo de la emergencia mundial, fue impugnado por España, Finlandia, Noruega, Brasil, Suecia y Uruguay, en seguidilla.   

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Mentir no es bueno en política...”. Lo dijo en público a fines de agosto. Pero mentir en Fernández, Alberto, es una obsesión compulsiva, casi patológica. Ha tenido una vida política ligada con la mentira, lo hizo antes de manera serial y lo sigue haciendo. No se inmuta cuando le sacan de manera constante y renovada la serie de videos y declaraciones históricas sobre las acusaciones que hizo en larga relación sobre la megacorrupción que orquestó contra los ciudadanos argentinos la hoy vicepresidenta del país, Cristina Fernández, continuando con la saga que al respecto articuló su cónyuge y también ex presidente, Néstor Kirchner. La socia de ocasión para llegar a la presidencia y el mismo actual mandatario argentino están de nuevo allí, con cara de piedra, no obstante la pirámide de mentiras que construyeron tanto el mandatario supuesto como la “arquitecta egipcia” que lo acompaña en su gestión. De no haber sido así, por esa coyunda de complicidades, don Alberto hubiese seguido en cuarentena, sacando a pasear a su perro, Dylan, por las calles de Buenos Aires, si le hubiese sido permitido en pandemia.

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“...me hicieron la carta astral...”, ¡...atención...!, lo dijo también al finalizar agosto para afirmar de inmediato que el designio le señalaba que estaba “...predestinado a construir desde las cenizas..”. Lo afirmó así el presidente de un país que alguna vez fue de los primeros en construir aviones de combate a reacción y hoy maneja el ciclo completo de los procesos nucleares. ¿Acudirá Alberto Fernández a los astros o a la santería cubana si se presentase un accidente en alguna de las centrales nucleares argentinas?; ¿le preguntará al general chino que ordena en la base militar de ese país en Neuquén -si además de militar fuese astrólogo- para que le arregle el problema de la pandemia disparada?; los dirigentes del Tercer Reich tenían un verdadero ministerio de saberes ancestrales y de esoterismo neopagano (la Ahnenerbe), y así les fue: en el curso de la guerra, Alemania quedó en cenizas (aresprensa). 

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