MARCHAS SUBVERSIVAS IV

MARCHAS SUBVERSIVAS IV


Se sabía desde hace mucho, pero por esos caprichos de la percepción -así lo imaginaba Descartes- se convirtió en noticia: el vandalismo y la intención de desestabilización institucional de las marchas recientes, las que se tomaron las calles, estaban subordinadas a la subversión armada. Así lo señaló la alcaldesa de Bogotá, en estreno aún del cargo, y en plan de afirmarse como autoridad de la capital del país en uso de ajustados, elegantes y varoniles pantalones. Entonces, eran marchas alentadas y enervadas por la subversión tal como se viene señalando desde la primera de estas columnas, hace más de dos meses. Es bueno saber que no estábamos errados y quien lo dice es una dirigente política insospechable, hasta hoy, de posiciones de derecha. Aunque es viable suponer que a la mandataria local aún le falte un nombre a denunciar como sospechoso de subversión y fogonero del vandalismo. Eso además del remanente de  las  Farc en armas y del llamado Eln, que son artífices directos de la conspiración vandálica. El último grupo nombrado como la montonera ilegítima que más daño produce en la actualidad y está siempre en contra de la normal convivencia de los colombianos.

Lo cierto ahora, cuando las cosas están con mayor claridad y cuando se puede percibir de mejor manera el blanco y negro de lo que pretenden los promotores directos de paros y marchas, es que el núcleo principal del mismo se ha fracturado, al parecer de manera irreversible. La masa variopinta que alentó sobre la mesa las movilizaciones que terminaron en violencia entre fines del año pasado e inicios  de  este 2020, se dividió en al menos dos grandes corrientes: la de las centrales de  trabajadores, el sector racional de Fecode y el grupo más consolidado de los estudiantes. El resto, o la “grupería”, como llaman los más serios de esa mesa a los promotores o alcahuetees del terrorismo y la subversión, quedaron por ahora aislados y en aparente retirada, al quedar al descubierto en sus protervas intenciones. Las mismas que imaginaban podría continuar con la cobertura de sindicatos y otras entidades organizadas y de superficie que marchan a cara descubierta, porque nada tienen que esconder más allá de sus reclamos, por lo general en justicia y dentro del sentido común.

Las nuevas fechas de paro general y movilizaciones están previstas para antes de finalizar febrero. Se programa que incluya a la producción e incluso quizá, el transporte.  Pero las centrales de trabajadores y los sindicatos adheridos, más allá de sus diferencias ideológicas entre ellas y naturales en toda democracia, entendieron de manera suficiente que esa alianza no virtuosa con la “grupería”, atravesada por la intención terrorista, poco beneficio le traían a sus legítimas intenciones que representan a gruesos sectores de la sociedad. Ya se sabe de manera oficial que todas células operativas, desenmascaradas por la inteligencia del Estado, muestran diferentes facetas y coincidencias que están atravesadas por el interés de desestabilización. Queda claro por otro lado y debe ratificarse, que no existe tal infiltración entre los marchantes, en especial en el segmento estudiantil, sino que son parte de ellas, porque los dirigentes de tales marchas los permiten, aunque eludan de la boca para afuera tan grave responsabilidad.   

Eso significa que no están infiltrados -palabra elusiva en sí misma- sino enquistados, tal como ya se señaló en una columna anterior. Los grandes nichos subversivos están para este caso dentro de las casas de estudios superiores. Entre ellas, la Universidad Nacional, la Pedagógica, la Distrital, solo en la capital del país. En otras urbes es posible mencionar a la Pedagógica y Tecnológica de Tunja, la del Valle en Cali o el Tecnológico Metropolitano, de Medellín, también por citar solo algunos casos emblemáticos que para nada son nuevos. Pero además debe decirse que la propia policía del país ha sido señalada de efectuar infiltraciones que habrían tenido como propósito aumentar la antipatía que despierta el vandalismo entre los ciudadanos que cumplen sus obligaciones con la sociedad. Una acusación no desvirtuada de manera vertical por las autoridades, lo cual también siega la credibilidad escasa que tiene la población hacia las instituciones, sometidas de forma permanente al escarnio de la corrupción, entre otros estigmas no menos graves. También están evidentes en ese cuadro, que revela caos generalizado, temas como el asesinato constante de líderes sociales.

No solo de ellos, también de desmovilizados de movimientos armados ilegales que dejaron sus armas y aquellos inocentes  que en las calles de ciudades y zonas rurales son asesinados por  acción de  delincuentes de toda laya que se enseñorean en lo que pareciera ausencia extendida de autoridad y justicia. Pero nada de eso justifica el intento subversivo que degrada la legítima protesta y que tiene para colmo el apoyo político de superficie, entre ellos el de uno de los máximos dirigentes de la izquierda, con renovadas aspiraciones presidenciales. Es para nada casual que el martes xx de febrero se hayan producido desde algunos de los centros universitarios antes  mencionados otras tomas violentas de calles y espacios públicos con renovados intentos de vandalismo: era uno de los aniversarios de la montonera autodenominada Eln (ejército de liberación nacional), nada más emblemático ni distintivo de las relaciones entre subversión y movilizaciones callejeras. En esta semana que se inicia ya está programada la tanda de paros iniciales del año. Inician el calendario los trabajadores de la justicia.

Es esa una de las ramas del poder pública que navega en las turbias aguas de la sin salida. Entre las perversiones que afloran de altas cortes carcomidas por la corrupción y la politiquería, goza del triste privilegio de ser una de las más desprestigiadas del país que le paga sus salarios. Es además una de las de mayor descrédito en la región apenas por encima de la deteriorada justicia argentina, esta última con el estigma de estar corroída por la politización militante. Los servidores administrativos de este poder antes el de mayor crédito para los ciudadanos están acosados no solo por lo disminuido de sus salarios, sino además por lo atosigante de una tarea desbordada, como lo está el mismo delito generalizado y la sensación de impunidad que emana y que hace que los ciudadanos tiendan a hacer justicia por mano propia. Después están enlistados los otros, los del fracturado comité nacional del paro y lo que viene, porque ahí cerca asoman los reclamos de los transportistas de diversos ordenes y los de los agricultores, que permanecen por ahora en sospechoso silencio (aresprensa).