RAMIRO OSORIO MÚLTIPLE
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PATRIMONIOS CULTURALES  //  LETRAS  //  Publicado el 31 de mayo de 2022  //  23.00 horas, en Bogotá D.C.

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Fue uno de los grandes protagonistas del hacer cultural en las últimas décadas. Fue el primer ministro del área, luego de una carrera brillante en la apuesta de impulsar eso que se llama cultura y que en su caso tuvo uno de sus puntos  principales en las artes escénicas. Pero en la gran cantidad de géneros y de enfoques que tiene el vocablo cultura, en tránsito por las definiciones de expertos y en la consideración de las políticas que apuntan a su promoción, puede decirse  que la cultura ocupa muchos escenarios y es de difícil clasificación. Entre otras cosas también podría -y debe decirse- que todo lo que  transforma el hombre en su  entorno es cultura. Hace unos treinta años Jesús Martin-Barbero señaló en  una de sus obras que había dos grandes segmentos sociales que en su hacer podrían precisar esa palabra difícil: la cultura popular y la cultura de élites. Señaló además que la conjunción en Modernidad  de ambas es lo que se considera cultura de masas. Las industrias  culturales operan en ese amplio espectro que va desde el libro al teatro y al cine, por citar tan solo tres ámbitos de producción y construcción de valor cultural. Si se mira desde esta última perspectiva la labor inicial de Ramiro Osorio debió ser múltiple, su función así lo exigió y aun más si se tiene en cuenta que fue una labor inaugural, que tampoco era desconocida para él pues fue titular de la disuelta Colcultura, que desapareció al crearse el ministerio. En el desarrollo de la reciente Feria del Libro Bogotá, ARES dialogó con quien ahora orienta a la cabeza del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

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Entrevista: Martha Liliana ROMERO

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El común de los colombianos reconoce en Osorio a un hombre del teatro, de la gestión y la logística teatral, si así se pudiese decir. En un ambiente masivo como el de la Feria del Libro de Bogotá, ¿Qué sensación le produce esta relación multitudinaria con el libro?

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Me parece que es conmovedor -enfatiza el gestor cultural- muy importante por muchos aspectos pero con uno que es clave: el gran impulso a la cadena de valor que se crea alrededor del libro. La Feria no solo impulsa la lectura, también genera nuevos lectores. Ver esta presencia masiva después de la abstención que impuso la pandemia brinda ilusión y esperanza.

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La charla con Ramiro Osorio va en cadencia desde la literatura a las artes escénicas pero suele ser difícil separar el hacer literario de las artes escénicas. ¿Cuáles son las relaciones entre la actuación y el libro?

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La relación es absoluta -señala el orientador- porque el teatro se basa en las obras escritas, ya sea de manera puntual para el teatro o de la literatura en general. Las obras ya elaboradas son representadas en tablas por los actores.

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Pero ocurre que, no obstante ese vínculo robusto entre la literatura y las otras artes, en particular las escénicas, se tropieza con el obstáculo también robusto del nada fácil acceso a la lectura, ya sea por razones individuales o del contexto. El vigente y el de arrastre. ¿Cómo salir de ese cuello de botella, que no es nuevo?

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Se debe comenzar desde la niñez y no solo en la familia sino, además, por parte de quienes toman las decisiones que transforman lo social -precisa Osorio- en esto último la escuela es fundamental pero no solo esta como base educativa, también por el resto de la institucionalidad y por entorno inmediato. Yo lo hice con mis hijos y pretendo que ellos lo hagan con sus  hijos.

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Aunque lo expuesto sea una verdad que ratifican los hechos, ¿cuál es el método para que esto se afirme como una matriz cultural arraigada?

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Para que la lectura se convierta en un hábito natural se debe empezar desde la primera infancia -plantea con vehemencia quien fue el primer ministro de Cultura que tuvo el país- y en forma de estímulo que arranque en simultáneo desde la trama familiar y el colegio. Se debe motivar acompañando al pequeño a leer poesía, cuentos y otros textos que son propios de la edad.

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¿Cuál fue su experiencia personal al respecto?

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Tuve profesores maravillosos en esto y son ellos los que pueden hacer grata la inmersión en la literatura -rememora Osorio- así llegué a William Faulkner con “El Ruido y la furia”. Luego, tuve en la universidad el privilegio de tener la guía del profesor Manuel Briceño Jáuregui, con quien me introduje en los clásicos grecolatinos. Amo tanto al mundo griego como al latino. Ese fue un camino para llegar a los lenguajes del teatro. A partir de esa base se llega a lo fundamental requerido por la escena: participación, convivencia, trabajo colectivo, construcción entre todos.

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En ese panorama personal, ¿cuál fue el libro que marcó su vida?

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No fue uno, fueron muchos -aclara el entrevistado- pero debo apuntar a “Cien años de soledad” y, como siempre me  interesó el mundo de los clásicos, entonces debo señalar a “La Iliada” y “La Odisea”. También hay una obra de teatro de Eurípides que me fascina “Ifigenia de Áulide”. Luego, no quiero pasar por alto “El Viaje en paracaídas” de Vicente Huidobro, ese gran poeta chileno sobre cuya obra alguna vez realicé un espectáculo. Otro es “El Sueño de las escalinatas” de Jorge Zalamea y, entre los contemporáneos, está “El Olvido que seremos” de Abad Faciolince.

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Esa relación a lo largo de la vida es la evidencia de la señalada relación entre literatura y teatro. La gestión cultural y lo burocrático, que es administrar los patrimonios tanto tangibles como intangibles apareció en el camino después. El paso por Colcultura como director fue lo previo a la conducción de un ente  superior como el ministerio del alto gobierno, en el que fue nombrado como ministro inaugural de la  cartera, durante el paso de Ernesto Samper por la presidencia del país. Pero lo emblemático en este  ámbito fue su papel en el armado del Festival Iberoamericano de Teatro, como mano derecha de quien fue la artífice de esa convergencia mundial en Bogotá, doña Fanny Mikey. ¿Cómo valora en perspectiva esa experiencia?

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Pasó a ser uno de los festivales más importante del mundo en lo teatral. Lo creamos en 1988 con Fanny -recuerda el protagonista cultural- y desde el principio estuvo abierto a la posibilidad de privilegio de poder ser un escenario amplio para conocer el desarrollo de las artes escénicas en lo universal. Creo también que es un Festival fundamental para el desarrollo del teatro colombiano, pues el diálogo y el intercambio de experiencias y escuelas construye vasos comunicantes entre los creadores.

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En una trayectoria tan larga no es desacertado volver al punto de partida, ¿cuál fue su primera participación en una obra?

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Tenía 8 años cuando ocurrió el hecho. Formaba parte del grupo de teatro de mi colegio, el San Bartolomé de la Merced -trae al presente el director- y participaba de una obra en la que debía caracterizar a un viejito. Por alguna razón terminamos actuando en el Teatro Colón y en ese momento decidí que mi vida se quedase en esto.

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Desde aquel punto algo distante en el tiempo no resulta descabellado, si se quiere, hacer otro salto a la actualidad vigente, ¿cómo va ahora su vida de director del Teatro Mayor?

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Una institución como el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo es un modelo para el desarrollo de las artes -señala Osorio- entiendo que se ha logrado construir un ejemplo de corresponsabilidad en la que convergen diversos intereses: los ciudadanos, el Estado y las empresas. Pretendemos que esté allí presente la sociedad civil en su conjunto (aresprensa).

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VÍNCULOS : VARGAS LLOSA EN LA FILBA  //  FILBO PLENA

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